Nos situamos en los años noventa postsoviéticos. La desintegración de las instituciones dejaba un vacío que premiaba la audacia y la cercanía al poder. Hombres con poco más que una lista de antecedentes penales, cierto instinto comercial y una red de conexiones estratégicas acabarían convirtiéndose en figuras clave dentro de la política rusa. 

Yevgueni Viktorovich Prigozhin, quien más tarde sería conocido como el “chef de Putin” y director de la empresa militar privada Wagner, fue uno de ellos. Pero, ¿cómo un simple ladrón expresidiario acabó convirtiéndose en el líder de las operaciones híbridas del Kremlin? 

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