Crisis en Ecuador: Cuando el narco puede con el Estado
Que ha ocurrido
La gran escalada de violencia que ha sufrido el pueblo ecuatoriano y que comenzó tras la fuga de Fito el pasado domingo siete de enero supone un punto de inflexión en la deriva política, civil y militar del país.
José Adolfo Macías Villamar, alias Fito, líder del grupo criminal “Los Choneros” se escapaba tras trece años encarcelado. Los Choneros surgieron en los 80 en Manabí, en la costa ecuatoriana, y se les considera el brazo operativo del cártel mexicano de Sinaloa. Se sabe que Fito comandaba todas sus operaciones desde la cárcel.

En un comunicado de la SNAI (Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y a Adolescentes Infractores) se alertó de la fuga, habiéndose producido la misma tras una operación policial en busca de armas dentro del complejo penitenciario de Guayaquil.
Fito llevaba 12 años en prisión y no era su primera huida. También escapó de la Roca, cárcel de máxima seguridad dentro del mismo complejo, que comprende cinco cárceles con más de 12.000 presidiarios.
Su fuga desencadenó el caos en la sociedad ecuatoriana la mañana del lunes ocho de enero con disturbios que fueron en escalada a lo largo del país. Surgieron motines en seis cárceles, se secuestraron policías en Quito y Machala y se produjeron ataques con explosivos y quema de vehículos en Esmeraldas.
El mimo lunes el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, decreta el estado de excepción por sesenta días, que autoriza la movilización total del Ejército y el uso de armas letales. Es el primero desde que inició su mandato el 23 de noviembre y decimos el primero porque Ecuador ha tenido 42 estados de excepción de distintos niveles desde 2019. Sin embargo, esto no amedrentó a los criminales ya que el martes día 9 asaltaron en directo el plato de TC Televisión en Guayaquil.
El caos continuo crece con el oportunismo de la delincuencia común. Noboa reconoce un conflicto interno en el país y despliega al ejército. Se da luz verde al Decreto 111, donde 22 organizaciones criminales pasan a ser terroristas. Esta situación ha truncado la cotidianidad en el país, con comercios cerrados y teniendo que recurrir a la educación online por el cierre de escuelas.
A parte del ya mencionado, hay otros tres grandes grupos criminales que se disputan el terreno y las provincias con mejor acceso a los puertos oceánicos de Ecuador. Los Lobos, los Tiguerones (responsables del ataque a la televisión) y Los Lagartos. Los Lobos son de mayor entidad y ligaos al Cártel Jalisco Nueva Generación, su líder, Fabricio Colón Pico, también se ha fugado tras el estado de excepción.
Este universo criminal se reproduce en un par de decenas de organizaciones de menor entidad, por eso el Decreto 111 enumera una lista de 22 grupos como objetivos militares. Durante el gobierno de Guillermo Lasso, en el que se le declaró la guerra al narco, a partir de mayo de 2021 se produjo una atomización de los grupos criminales que nos llevan a la diversidad actual.
Desde entonces, la tasa de homicidios pasó de 14,02 a 26,99 por cada 100.00 habitantes. Recordemos que el mismo resultado se produjo en México cuando Felipe Calderón declaró la guerra al narco cortando la cabeza de la serpiente, lo que llevó con los años a una multiplicación de las cabezas de la hidra aumentando considerablemente la violencia en el país.

Por otra parte, la arena internacional no está exenta de responsabilidad en los recientes atentados de estos días, se ha detectado armamento peruano en manos de los criminales ecuatorianos. Algo que hace más de un año se destapó con el escándalo de los Guacamaya Leaks, donde se exponían las rutas de contrabando y relaciones de corrupción entre los miembros de las fuerzas armadas peruanas y las mafias ecuatorianas.
La inteligencia ecuatoriana identificó armas, munición convencional, de largo alcance, granadas y explosivos en este tipo de contrabando. Las fronteras son un coladero y no es ningún secreto. A este respecto, Perú ha declarado la emergencia en su frontera norte del país, para estudiar el envío de sus Fuerzas Armadas junto a la policía para impedir una posible infiltración de las bandas huyendo de Ecuador.
Antecedentes: factores endógenos y exógenos
Aunque este nivel de violencia es sorprendente, no lo es tanto si se ha seguido la crisis de violencia que vive Ecuador, donde se perdió el control de las cáceles a partir de 2005, donde la corrupción gubernamental toleraba ciertas acciones dentro de los centro penitenciarios siempre que no se dieran amotinamientos y reinara la “paz”, donde la alteración de esta zona gris que supone la corrupción estatal en Ecuador quiebra el statu quo y hace de las penitenciarías unas universidades del delito en manos de los líderes de los grupos criminales.
La crisis carcelaria, donde el recinto penitenciario es no en pocos casos la fortaleza del líder del cártel, no puede dejar de recordarnos la estela de las grandes fugas del Chapo en México o de Pablo Escobar de la Catedral en Colombia.
Tal vez podríamos detectar el inicio de un periodo de violenta normalidad al final del mandato de Rafael Correa, que por cierto ha pedido unidad nacional en estos momentos de pesadilla que afronta el país, pero sin afrontar que esta situación es fruto de la destrucción del estado de derecho estos últimos siete años a causa del odio acumulado.
En 2017 tenemos una fecha importante a la hora de poner un marco a la violencia, que sería el dictado de la justicia de prisión contra el vicepresidente de Ecuador, Jorge Glass, por asociación ilícita y corrupción. Un 2017 que coincide con el estancamiento económico del país, que fue agravado por la pandemia.
Luis Córdoba-Alarcón, coordinador del programa de investigación, Orden, Conflicto y Violencia de la Universidad Central de Ecuador, ve en tres factores los catalizadores de la crisis que vivimos estos días.
1. Un incremento en la militarización de la Seguridad Pública que puede tener el efecto de escalada de violencia de los grupos criminales. Esto se puede observar en la provincia de Esmeraldas, militarizada desde hace más de un año y medio. Los enfrentamientos con la policía y los militares han aumentando mucho en esta provincia y en zonas costeras próximas.
2. Se ha incrementado mucho el lavado de dinero en Ecuador, lo que actúa como reclamo para el crimen organizado. El blanqueo de capitales es una industria que persigue de manera incesante no solo la diversificación sino la innovación. La descoordinación e improvisación entre el gobierno de Noboa y Guillermo Lasso facilitó los vacíos de poder que favorecieron la actividad criminal.
3. El desarrollo de estos grupos criminales y el rol de Ecuador desplazando a Colombia en el envío de cocaína. En este sentido, se han encontrado laboratorios de coca en la frontera con Colombia.
Dentro de los factores externos, sin duda, el entorno cocalero de los países vecinos mantiene cercano el tráfico de drogas en unas fronteras incontrolables caracterizadas por su porosidad. Los países limítrofes no solo por la geografía, sino por la tradición cocalera y de cárteles, tanto en Colombia como en Perú con Sendero Luminoso, donde el narcotráfico siempre ha sido fuente de la financiación del terrorismo, suman factores de riesgo.
Por último, el desarrollo de las políticas exteriores de los cárteles mexicanos tiene un grandísimo peso, hace que Ecuador sea un actor importante dentro de las nuevas rutas del narcotráfico. Esto provoca que los cárteles no sean los únicos actores externos, ya que la mafia albanesa también tiene bases en el país para sus operaciones en Europa.
Posibles escenarios futuros
Las maras en centro américa o las bandas en Ecuador aún no cuentan con el nivel de los cárteles mexicanos, pero el desarrollo, los extremos de violencia y la casualidad de los eventos apuntan a una sofisticación aún lejos de la barbarie que se vive en algunos lugares de México.
Recordemos que la parasitación que los cárteles llevan a cabo hace que parte del país no sea accesible al gobierno y este no pueda desarrollar la función para la que se concibe. Los laboratorios de coca encontrados ya establecen que no solo es un país de tránsito o subcontrata, sino también de transformación.
La posible salida que plantea esta crisis de violencia bien podría pasar por una vuelta a esa normalidad violenta de los años previos en Ecuador si Noboa reconduce la situación aplicando la misma receta clásica de sus predecesores, complicado de discernir. Pero si aplicara cierta innovación política, social y militar tal vez podría controlar la violencia, llevando al país a una etapa más estable.
Sin duda, estas medidas que apuestan por reformas educativas y/o sociales demuestran que necesitan lustros y décadas para ver frutos generacionales y por ese motivo tiene tanto tirón la opción del bukelismo.
España siguiendo la corriente de las medidas más vistosas de punición a los mareros del Salvador que ha aplicado Nayib Bukele ve erróneamente en el castigo la clave de este modelo, pero dentro de este fervor por el método Bukele es el geógrafo Jose Ignacio Montero Vieira quien enfatiza que la clave del modelo bukelista no reside en aplicar la mano dura, sino en conseguir los apoyos de poder para tener una mayoría donde las medidas a aprobar no pudieran ser rebatidas.
El “modelo Bukele” ha reducido mucho los niveles de violencia, pero debemos señalar que estos eran estratosféricos en el Salvador. Conseguir este control de los poderes es muy difícil, lo hemos podido ver en el caso cercano de Xiomara Castro, que no ha conseguido implantar el modelo en Honduras.
Es complicado que Ecuador pudiera seguir la senda del Salvador, pero la crisis actual sí podría favorecer una posible aceleración para poner de acuerdo a todos los poderes del Estado en la misma dirección. Noboa aunaba muchas esperanzas por su perfil joven que, aunque tiene pretensiones de cambio, ha tomado medidas similares a sus antecesores.