El estancamiento del apoyo occidental a Ucrania
Desde que Rusia invadió Ucrania, Occidente se volcó con Kiev. Y es que, tanto Washington como Bruselas fueron conscientes de que Zelenski dependía del apoyo occidental para hacer frente a la maquinaria de guerra rusa.
La realidad les dio la razón. Ucrania resistió mejor de lo esperado, logrando no sólo repeler a las fuerzas rusas de las inmediaciones de Kiev, sino también recuperando, con el tiempo, buena parte del territorio previamente ocupado.

Todo esto no hubiera sido posible sin el apoyo europeo y estadounidense. Al respecto, ambos se dividieron las tareas, EEUU asumiría el mayor peso de la ayuda militar a Kiev, mientras que la UE se encargaría de sostener financieramente al estado ucraniano.
Sin embargo, al acercarnos al segundo aniversario del conflicto, cada vez es más difícil para ambos mantener su apoyo a Ucrania, lo que podría tener consecuencias significativas para Kiev y el devenir de la guerra.
Problemas en Europa…
En Europa los desafíos respecto a Ucrania vienen por dos frentes. El primero está en Alemania, concretamente en Karlsruhe, ciudad donde tiene su sede el Tribunal Constitucional alemán. En este sentido, el mismo ha declarado inconstitucional la reasignación de 60.000 millones de euros de fondos no utilizados para la pandemia hacia la financiación de la transición ecológica.
El problema es que el gobierno alemán ya contaba con estos fondos y ahora se encuentra con un agujero fiscal de 60.000 millones que obligará a recortar algunas partidas si se quieren cuadrar las cuentas.
¿Qué tiene que ver esto con Ucrania? Al reducirse el margen fiscal alemán, desde Berlín serán más reticentes a la hora de enviar dinero a Bruselas justo en el momento en el que desde la Comisión se está pidiendo un esfuerzo adicional a los Estados miembro para apoyar a Ucrania.
En concreto, Ursula von der Leyen pretende reunir unos 50.000 millones de euros para satisfacer las necesidades financieras inmediatas del estado ucraniano. Estos 50.000 millones en ayuda financiera a Kiev van incluidos en un paquete conjunto que comprende otros 50.000 millones para gastos comunes, la respuesta europea a la IRA estadounidense o inmigración.
Desde Alemania han propuesto separar el paquete y financiar sólo los 50.000 millones de euros destinados a Ucrania dejando aparcados los otros gastos, pero la mayoría de capitales europeas se oponen. Al fin y al cabo, hacer eso dejaría sin financiación medidas que son vitales para la competitividad europea o la seguridad en las fronteras.
Además, hay que tener en cuenta que en junio se celebran elecciones europeas y desde muchos partidos consideran que renunciar a medidas clave para Europa en favor de Ucrania podría dar alas, justo antes de los comicios, a los partidos euroescépticos que cuestionan el apoyo a Kiev, un escenario que quieren evitar.
El segundo desafío para Ucrania está en Hungría. Orbán se opone al envío de esos 50.000 millones y, además, también está poniendo obstáculos al otro pilar de las relaciones entre Kiev y Bruselas, el proceso de adhesión. La Comisión recomendó en noviembre iniciar negociaciones de adhesión con Ucrania bajo ciertas condiciones y estaba previsto que estas se iniciaran formalmente en diciembre.
El inicio de las negociaciones no implica que Ucrania esté cerca de entrar en la Unión Europea o que siquiera vaya a hacerlo, pero es un gesto político de gran importancia. Sin embargo, en este momento, todo apunta a que no se producirá en la fecha prevista.
Para aprobar el inicio de negociaciones es necesaria la unanimidad y Orbán está bloqueando el proceso. Para dar su foto favorable a Kiev exige que se cumplan una serie de condiciones:
· Que la UE libere los fondos que tiene congelados a Hungría (37.000 millones).
· Un debate estratégico sobre la posición europea respecto a Ucrania.
· Un cargo importante para un Comisario húngaro en la próxima Comisión.
· Abrir negociaciones de adhesión con Bosnia y acelerar el proceso en los Balcanes.
· Que Von der Leyen no repita como presidenta de la Comisión.
No es nada nuevo que Orbán vete o amenace con vetar medidas europeas, el problema normalmente se soluciona con dinero. La relación entre Hungría y la UE hace tiempo que se basa en el chantaje y la actitud de Orbán no sorprende a nadie. Sin embargo, esta vez sus exigencias no tienen que ver sólo con la financiación, por lo que problema es más dificil de resolver.
En primer lugar, incluso si la UE quisiera desembolsar el dinero, no podría. De los 37.000 millones que pide Orbán, la Comisión sólo podría enviar de manera realista unos 13.000, ya que sino se encontraría con la oposición firme del Parlamento Europeo, que rechaza tajantemente que las vulneraciones del estado de derecho y la corrupción de Orbán queden impunes.
Asimismo, Von der Leyen necesita la aprobación del Parlamento para ser reelegida como presidenta de la Comisión, por lo que no parece probable que busque un choque directo con la cámara por contentar a Orbán. Además, sus exigencias políticas son simplemente inaceptables y la UE no se moverá de ahí, por lo que la situación parece encallada a no ser que una de las dos partes ceda significativamente.
Al mismo tiempo, bastantes estados miembros se están escondiendo tras Orbán, manteniendo posturas cercanas al presidente húngaro respecto al proceso de adhesión ucraniano. Consideran que se está yendo demasiado rápido con un país que no cumple los requisitos para seguir avanzando y que la UE tiene que afrontar una serie de reformas internas, que están lejos de producirse, para admitir nuevos miembros, por lo que hay que ralentizar el proceso.
Por último, el calendario complica aún más el asunto, si no se inician negociaciones en diciembre podrían iniciarse en marzo, cuando la Comisión emite un nuevo informe sobre la adhesión. El problema es que ya estarían demasiado próximas las elecciones europeas (se celebrarán en junio) y algunos partidos perciben que puede ser un momento complicado para reforzar el apoyo a Kiev, especialmente tras los resultados de las elecciones holandesas.
Sin embargo, lo peor estaría por llegar, ya que durante los últimos seis meses de 2024 Hungría tendrá la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, por lo que la negociación se aparcaría hasta 2025.
Para finalizar, la UE también está teniendo problemas para cumplir sus promesas a Kiev. Bruselas prometió enviar un millón de rondas de munición a Ucrania para marzo de 2024 de las que, de momento, ha enviado 300.000. Desde Bruselas ya se asume que no se llegará al objetivo.
…y también en Washington
Al otro lado del charco también se está empantanando el apoyo a Ucrania. El presidente Biden quiere apoyar un nuevo paquete de ayuda militar para Ucrania, Israel y Taiwán por valor de 106.000 millones de dólares durante las próximas semanas, pero los Republicanos se están oponiendo. Concretamente, se oponen a la parte relativa a Ucrania.
De hecho, desde el GOP han tratado de separar el paquete y aprobar la ayuda a Israel por separado, de la que sí están a favor, pero los Demócratas se oponen y han conseguido mantener el paquete unido.
Los Republicanos son escépticos con respecto a Ucrania y quieren sacar algo a cambio de enviar más ayuda a Kiev. Un posible acuerdo es que los Demócratas asuman algunas demandas republicanas relativas a inmigración para garantizar el apoyo al nuevo paquete de ayudas. Los Demócratas se mostraron contrarios al principio pero recientemente se han declarado estar dispuestos a considerarlo.
En Estados Unidos el clivaje político respecto a Ucrania está claro con unos Demócratas favorables a Kiev y una buena parte de los Republicanos escépticos en cuanto al papel de EEUU en el conflicto. Pero esta división no es sólo política, sino también social. El 45% de los estadounidenses considera que su gobierno está gastando demasiado en Ucrania.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, las posiciones políticas al respecto se reforzarán y será más dificil encontrar el acuerdo bipartidista necesario para mantener el apoyo a Kiev. Por supuesto, las consecuencias de una victoria republicana en las próximas elecciones serían desastrosas para Ucrania.
¿Significa esto que Occidente va a dejar de apoyar a Ucrania? No necesariamente. De hecho es posible que las situaciones a ambos lados del Atlántico se resuelvan llegando a acuerdos. No es la primera vez que el gobierno alemán tiene que sortear una decisión explosiva de su Tribunal Constitucional, no es la primera vez que Orbán utiliza su poder de veto en busca de beneficio personal y tampoco es la primera vez que los Republicanos mantienen una posición de bloqueo.
En otras ocasiones estos obstáculos se han acabado resolviendo y es bien posible que esto vuelva ocurrir. Sin embargo, es una muestra de que el apoyo a Kiev es más costoso a medida que se alarga la guerra. Decisiones que antes eran rápidas ahora se toman tras meses de deliberaciones y sobre lo que antes estaba claro ahora parece sobrevolar la sombra de la duda.

Es por esto por lo que el ministro de exteriores lituano afirmaba que Kiev podría verse obligado a tener que negociar la paz por las dudas en Occidente respecto a su apoyo. Sólo el tiempo dirá si sus palabras son una exageración fruto de la desesperación por los procesos de toma de decisiones europeos o serán proféticas.