Estados Unidos ya no es un aliado. No solo eso, sino que es un poder abiertamente hostil a la Unión Europea. Los estados europeos, que se construyeron después de la Segunda Guerra Mundial con la alianza transatlántica como uno de sus pilares, deben hacer frente a esta nueva realidad. No existen muchos precedentes de una potencia global que, de manera voluntaria, decida apartarse y renunciar a su papel hegemónico, socavando activamente su propia credibilidad y reputación internacional.

Las razones que subyacen a las acciones estadounidenses serán objeto de debate en el futuro próximo y es posible que nunca lleguemos a obtener una visión completa del autoboicot estadounidense. En cualquier caso, comprender estos motivos no es la tarea principal de la Unión Europea. Estados Unidos, para bien o para mal, es rehén de sus propias decisiones, y la UE debería actuar con la misma autonomía.

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