España ante la amenaza de la peste porcina africana
La crisis del COVID-19 golpeó con fuerza a la economía española, que tardó años en recuperarse y aún arrastra algunas de sus secuelas. Menos de un lustro después, España vuelve a enfrentarse a un virus con capacidad para arruinar uno de sus sectores económicos más importantes; esta vez, sin embargo, no afecta a los seres humanos, sino a los cerdos y jabalíes.
La crisis porcina
Tras décadas sin rastro de la enfermedad, el pasado 28 de noviembre España notificó su primer brote de peste porcina africana desde 1994, después de analizar los cadáveres de dos jabalíes hallados en el Parque Natural de Collserola, una extensa zona montañosa y boscosa situada entre Barcelona, Sant Cugat del Vallès y Cerdanyola del Vallès.
Como ya se ha mencionado, aunque la enfermedad no supone ningún riesgo para el ser humano, ni siquiera por contacto o consumo, la tasa de mortalidad en los animales (cerdos y jabalíes) se sitúa cerca del 100%. Desgraciadamente, tampoco existe vacuna ni cura para el virus.
Hasta ahora, el nuevo brote no se ha expandido a cerdos de granja y se reduce a 13 jabalíes ubicados en la Collserola. Consecuentemente, se ha limitado el acceso a la zona mediante el establecimiento de un perímetro de contención de unos 20 kilómetros. A pesar de que la enfermedad es inofensiva para el ser humano, las personas pueden contribuir a expandir el virus. Por ello, se han suspendido las actividades y eventos en la totalidad del Parque.
Las incursiones de jabalíes desorientados desde Collserola hacia municipios como Cerdanyola del Vallès o incluso zonas del norte de Barcelona no son inusuales. En un entorno tan densamente poblado, y teniendo en cuenta que la industria porcina genera alrededor de 9.000 millones de euros anuales, una eventual expansión del virus podría resultar devastadora tanto para Cataluña como para el conjunto de España.

Ante el potencial impacto económico, la Generalitat ha declarado la emergencia para contener la expansión del virus y ha pedido ayuda a expertos de Bruselas para esclarecer los orígenes del brote y evitar que la situación se descontrole.
Un poco de historia
La peste porcina africana llegó a Europa en la década de los años 50 en avión: los primeros cerdos se contagiaron tras consumir deshechos de comida contaminada provenientes de vuelos del continente africano. Los primeros contagios en suelo español tuvieron lugar en 1965, limitando la expansión del sector durante las tres décadas siguientes. La erradicación de la peste en 1995 permitió por fin despegar a la industria porcina, y España se convirtió en el país con más cerdos de la Unión Europea en 2015.
A día de hoy, España sigue siendo el mayor productor de carne de cerdo de toda la Unión Europea y el cuarto país con más cerdos a nivel mundial, con cinco millones de toneladas solo en 2024. Cataluña representa el 40% de la producción española, con 1,9 millones de toneladas anuales.
La industria porcina española representa alrededor del 9,5% del PIB industrial y constituye el 2,2% de las exportaciones totales. Asimismo, genera más de 155.000 empleos directos. Hasta el descubrimiento del nuevo brote en noviembre, el sector se encontraba en pleno auge y la competición dentro de la UE era muy limitada. No obstante, dependiendo de cómo evolucione la crisis esto podría cambiar en un futuro no muy lejano.
Reacciones y consecuencias
Ante la amenaza de un nuevo brote, y pese a que por ahora está limitado a una pequeña área controlada y solo ha afectado a jabalíes —aunque podría llegar a los cerdos en el futuro—, varios países han optado por cortar las importaciones de cerdo español como medida preventiva. China, Vietnam, México, Japón y Filipinas, entre otros grandes consumidores de carne y socios clave de España en la industria porcina, ya han impuesto restricciones a la entrada de productos porcinos procedentes del país ibérico.

La clave del problema reside en si los países que importan cerdo español deciden tratar el brote de peste porcina como un caso “regional” o como un problema de alcance nacional. Si lo consideran un brote regional, seguirán aceptando productos porcinos procedentes de las zonas no afectadas. En cambio, si lo interpretan como un problema a escala estatal, suspenderán la totalidad de las importaciones de cerdo español hasta nuevo aviso.
Tanto China como Corea del Sur han aceptado la “regionalización” del brote y han limitado el bloqueo de las importaciones a la zona afectada (en el caso de China, a toda la provincia de Barcelona). Precisamente el mercado chino es crucial para España, ya que el 20% de las exportaciones de cerdo español (unos 1.200 millones de euros) van a parar al gigante asiático.
No obstante, Japón, México y Filipinas han aplicado un bloqueo total a las importaciones de cerdo español. Según ha informado el Gobierno, España está negociando bilateralmente con estos Estados para intentar levantar las restricciones o, al menos, lograr la “regionalización” del brote y así preservar parte de las exportaciones. En estos momentos, aproximadamente un 33% de los certificados para exportar carne de cerdo están suspendidos.
El Mundo señala que la peste porcina ya está generando un sobrecoste estimado de 30 euros por animal producido para los ganaderos. Mientras no se esclarezca el origen del brote ni existan garantías sólidas de que se trata de un caso aislado, las exportaciones hacia varios de los principales mercados españoles seguirán congeladas, afectando a un 2,3% de la población cuya actividad laboral depende directamente de la industria porcina.

El futuro de la industria
El impacto de esta crisis será especialmente grave en Cataluña, ya que los países que opten por “regionalizar” las importaciones priorizarán la carne procedente de otras comunidades autónomas. Esto reducirá la competitividad catalana frente al resto del país y generará un desequilibrio que el Gobierno tendrá que gestionar con rapidez y eficacia.
Los próximos días serán decisivos para reducir el impacto del brote de peste porcina africana en España. Por un lado, los especialistas en la enfermedad deberán trabajar bajo presión para determinar la gravedad del brote y establecer cómo contenerlo. Por otro, los diplomáticos españoles tendrán que negociar a contrarreloj con las autoridades de distintos países para intentar aliviar los bloqueos a los productos porcinos españoles.
La comunidad internacional exige precisión, transparencia y garantías de seguridad para reabrir sus mercados a la carne de cerdo procedente de España. Cuanto más se demore la confirmación del origen del brote, su alcance real y las medidas de control necesarias, mayor será el perjuicio para la economía española.
En paralelo, Junts, PPC, Vox y la CUP han anunciado que exigirán “responsabilidades” si se confirma la hipótesis de que el brote de peste porcina africana se originó en el laboratorio del IRTA-CReSA. Así lo han expresado este miércoles durante la comparecencia en el Parlament del conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, y de la consellera de Interior, Núria Parlon, convocada para explicar la gestión de la crisis sanitaria. Los cuatro grupos criticaron que Ordeig apuntara inicialmente a que el origen del brote podía estar en el embutido de un bocadillo y reclamaron “transparencia” total en la auditoría de bioseguridad que está en marcha, cuyos resultados se conocerán la semana que viene.