El zumbido tenue de un dron sobrevuela el horizonte de Rafah. El primer centro de distribución asegurado por Estados Unidos se inaugura en una ciudad asolada por el polvo y el hambre. Al otro lado del perímetro de la malla metálica, miles de palestinos se agolpan aferrados a sus tarjetas de racionamiento. Más allá de las vallas, observando tras los lentes de sus gafas balísticas, están los contratistas privados estadounidenses encargados de “asegurar el lugar”. No llevan uniforme, pero su porte es inequívocamente militar; ex agentes de la CIA que ahora trabajan para empresas poco conocidas, pero vinculadas a los centros de poder de la política exterior estadounidense. 

En el centro de esta operación se encuentra Safe Reach Solutions (SRS), contratista privado estadounidense de bajo perfil fundado y dirigido por Philip Reilly, ex jefe de estación de la CIA. SRS, presentado como proveedor logístico y de seguridad, se ha convertido en el guardián de facto del nuevo y controvertido sistema de ayuda en Gaza. 

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