Nexperia y el nuevo orden del chip: Europa entre EE.UU. y China
Las notificaciones no paraban de llegar. En la pantalla, los titulares se sucedían: el gobierno neerlandés anunciaba la intervención sobre Nexperia, la filial china de semiconductores. Esa mañana, mientras en La Haya los ministros hablaban sobre seguridad nacional y autonomía estratégica, algo estaba cambiando en el equilibrio que había sostenido la arquitectura industrial europea.
Durante años, Europa se había vuelto conformista. Su red industrial dependía en exceso de componentes críticos ensamblados al otro lado del mundo. Nexperia, con sus fábricas en Nijmegen y su accionariado en Shenzhen, era uno de esos nodos estratégicos que mantenían en movimiento la maquinaria europea: los coches alemanes, los sensores de los Países Bajos, las líneas de producción francesas…
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