Operación Sindoor: Cuando India hizo lo que se debe hacer
Por Yago Rodríguez
El 7 de mayo de 2025, India dejó de esperar. La cuarta potencia mundial había tolerado durante demasiado tiempo los santuarios yihadistas de Pakistán, así que, para meter en cintura al país vecino, Nueva Deli optó por un ataque limitado que hiciera las veces de mensaje a Pakistán.
La respuesta era quirúrgica y atacaba directamente al terrorismo acunado en Islamabad. En total hubo nueve objetivos —campos de entrenamiento, centros de adoctrinamiento y sedes logísticas de grupos como Jaish-e-Mohammed (JeM), Lashkar-e-Taiba (LeT) y Hizbul Mujahideen (HM)— que fueron alcanzados. Aprovechamos para adjuntar aquí la lista de objetivos indios durante toda la guerra.

En un principio, ni una sola instalación militar paquistaní fue asaltada, hasta que Islamabad reaccionó derribando varios cazas indios y Nueva Deli tuvo que lanzar un mensaje más firme golpeando las instalaciones militares paquistaníes, y en especial, la estratégica base aérea de Bholari.
Los santuarios del terror: ayer en Francia, hoy en Pakistán
Durante años, los sucesivos gobiernos indios han presentado varias quejas a Islamabad, evidenciado la presencia de campamentos e instalaciones utilizadas por los grupos terroristas yihadistas mediante fotografías, coordenadas, grabaciones, etc. Pero como Francia durante “los años de plomo” de ETA, Pakistán ha negado, minimizado y protegido al terror.
¿Cuál es la diferencia entre un santuario en Perpignan o en Muzaffarabad? Solo el sujeto de semejante cinismo estatal. Tras el 11-S hubo un acuerdo tácito en todo el mundo, los Estados no volverían a usar el terrorismo para hacer política exterior, la excepción a esta regla ha sido Pakistán.
Según la inteligencia india, los asesinos del atentado en Pahalgam, que mataron a 25 ciudadanos indios y a un nepalí el pasado 22 de abril, fueron formados en las instalaciones de Muridke y Shawai Nalla Camp. En este sentido, la India ya no está dispuesta a consentir más invasiones como la del Kargil en 1999, ni más atentados como los de Bombay en 2008, ni nuevas masacres religiosas como la ocurrida en Pahalgam este 2025.

Vecinos con aspiraciones imperiales
La historia de Pakistán con India recuerda demasiado a la de Marruecos con España. Ambos Estados nacieron con una obsesión revisionista: uno con Cachemira, el otro con Ceuta y Melilla. Ambos explotan minorías para erosionar la soberanía del otro: Marruecos se esfuerza por liderar la comunidad islámica de las ciudades autónomas; Pakistán invoca el islamismo radical en Jammu y Cachemira. Y ambos operan desde un doble discurso: colaboran en foros internacionales donde acogen, financian o miran hacia otro lado ante las redes que promueven el caos en casa ajena, si bien en el caso marroquí se trata de una versión muy ligera de lo que hace Pakistán. La diferencia es que Marruecos sí hace un esfuerzo real y loable por combatir el terrorismo yihadista.
Hasta ahora, cuando el terrorismo golpeaba, India se limitaba a poner la otra mejilla, imponer sanciones económicas o protestar en foros internacionales. Nunca más. Ahora Nueva Deli responsabiliza directamente al Estado pakistaní y le exige un cambio de actitud. Ahí es donde entra la Operación Sindoor, que lejos de ser una venganza, fue un ejercicio medido de higiene estratégica para forzar a su pasivo vecino a finalizar la era del apoyo y la connivencia con el terrorismo, a aceptar el acuerdo tácito forjado tras el 11-S.
Las Cachemiras olvidadas de Europa: Del 11-M al 26/11
España no necesita mirar al Himalaya para encontrar paralelismos. Ceuta y Melilla son las Cachemiras españolas: enclaves con presencia militar, minorías hindúes, judías y cristianas tensionadas, hostigamiento diplomático permanente y agresiones híbridas en forma de inmigración masiva instrumentalizada.
Mientras India combate con drones, inteligencia militar y misiles aire-tierra, España responde con fotos de la bandera bocabajo o cartas escritas en un deficiente francés. ¿Qué pasaría si un ataque terrorista orquestado desde Tánger matara a 25 turistas españoles en Melilla como le sucedió a India en Pahalgam?

Los atentados del 11-M en Madrid y del 26/11 en Bombay comparten más de lo que parece. Ambos se ejecutaron con meticulosidad. Ambos dejaron más de 170 muertos. Y en ambos casos, las investigaciones condujeron a redes transnacionales del islamismo radical. En el atentado de Bombay, los comandos llegaron por mar desde Pakistán, en el caso español se trataba de terroristas nacidos en Marruecos.
No es menor que la masacre en Pahalgam afectara también a miembros de la minoría cristiana en India, pues al igual que los hindúes ceutíes, viven en un equilibrio precario, atrapados entre la convivencia, el acoso identitario y el fenómeno del yihadismo.
El fundamentalismo islamista que asfixia Cachemira es primo hermano del wahabismo que promueve la islamización radical en el norte de África. El islamismo político, sea vía ulemas wahabíes o predicadores financiados desde el Ministerio de Asuntos Religiosos, apunta a lo mismo: minar la lealtad nacional en nombre de una identidad religiosa transfronteriza.

Operación Sindoor
La operación representó el ideal al que debe aspirar todo Estado democrático en la guerra contra el terror. Precisión: una treintena de blancos en nueve localidades, todos identificados como centros de adoctrinamiento o entrenamiento y todos atacados con armas de precisión, como las bombas guiadas planeadoras Hammer o los misiles crucero SCALP-EG. Moderación: ningún objetivo militar paquistaní fue atacado al principio, aunque sí como segunda respuesta tras el derribo de varios cazas. Legalidad: acción basada en el derecho a la legítima defensa tras múltiples agresiones desde un mismo ecosistema terrorista. Claridad estratégica: enviar un mensaje disuasorio sin cruzar la línea de una guerra abierta, a la vez que Nueva Deli demuestra su voluntad de sostener un pulso bélico si fuera necesario.
Entre los objetivos destruidos están Markaz Subhan Allah (JeM), Markaz Taiba en Muridke (LeT), Markaz Abbas en Kotli (JeM), y los campos de Muzaffarabad, todos puntos neurálgicos del aparato terrorista. Muchos de estos centros habían sido identificados por India en informes difundidos a la prensa internacional. La respuesta de Pakistán fue siempre la negación y la exigencia de pruebas más concretas, al parecer la masacre de Pahalgam y el origen pakistaní del grupo terrorista que la efectuó no constituyen prueba suficiente para Islamabad.
Sindoor es, por tanto, la respuesta inteligente ante la inacción reiterada de Pakistán frente a los terroristas, que no solo habitan su territorio, sino que aparecen en funerales junto a las autoridades militares, como sucedió con el líder de Lashkar e Toiba, Abdul Rauf.

Occidente aplaude operaciones de represalia quirúrgica cuando son lanzadas desde Londres, París o Washington contra el Dáesh, Boko Haram o JNIM. Pero cuando es una democracia como India el discurso cambia. Se habla de “tensión regional”, de “nacionalismo hindú” y de “riesgo de escalada”, cuando lo que hizo India fue poner en práctica el principio de la defensa legítima mediante una represalia controlada y mesurada.
La acción no fue un acto de agresión, sino de defensa ante un vecino acostumbrado a usar el terrorismo como herramienta de política exterior. Al igual que España sufrió a ETA con la complicidad indirecta de Francia, India sufre el yihadismo con la tolerancia, cuando no el apoyo, de Islamabad.
No hay simetría moral entre quien mata y quien protege. India no ha invadido Pakistán, no ha bombardeado ciudades, no ha declarado la guerra. Solo ha hecho lo que todo Estado tiene la obligación de hacer: proteger a sus ciudadanos, que encarnan el máximo interés nacional que existe: la vida de los individuos que hacen la nación.
India ha hablado, y esta vez sus misiles han lanzado una advertencia más clara que mil comunicados diplomáticos, anticipando de paso que el tiempo de la pasividad pakistaní ante el terrorismo debe concluir, o la siguiente crisis bélica podría tener consecuencias de mayor calado.