Es, sin lugar a dudas, el conflicto más antiguo existente en el orbe entero, pues se inicia con bastante antelación a la propia era cristiana y, con etapas más o menos largas de aparente calma, vuelve una y otra vez a la primera página de la actualidad, como sucede en estos días, lo que hace necesario darle un repaso para poder seguir la información del día a día con una cierta solvencia y evitar caer en la manipulación interesada de unos y de otros. 

El presidente del Estado Mayor Conjunto, general Joseph Dunford, se reúne con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en su oficina en Jerusalén, y luego recorre el Museo del Holocausto.
El presidente del Estado Mayor Conjunto, general Joseph Dunford, se reúne con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en su oficina en Jerusalén, y luego recorre el Museo del Holocausto.

LA HISTORIA CLÁSICA

La fuente más habitual para seguir las vicisitudes del pueblo “elegido de Dios” es el Antiguo Testamento, y allí nos cuentan que allá por el siglo XII adC el Moisés que interpretaran Charlton Heston y Christian Bale en el cine logró volver a la Tierra prometida llevándose consigo a sus paisanos a través de las playas del Mar Rojo, aprovechando unas tremendas mareas bajas de las cuales cabe deducir, por lo escrito, que el Faraón, Ramsés II, el de la batalla de Kadesh, no tenía noticia, y que siglos después siguen dando más de un susto a los incautos, incluyendo en la lista al propio Napoleón Bonaparte[i]. 

Allí, en la Tierra prometida, se asentaron las tribus de Israel, donde se encontraron con unos molestos vecinos, los filisteos, es decir, al-filistín en árabe, que es cómo se denomina a los palestinos, y desde el primer día, al parecer, empezaron los problemas, entre los que se inscribe la tremenda historia de Sansón y sus cabellos. 

Un recorrido vital que acaba en la ciudad de Filistea, hoy desaparecida, pero que le dio para derribar las puertas de la ciudad de Gaza, curiosamente, o, según el texto bíblico, para matar 1000 palestinos en la ciudad de Askalón, hoy en Israel. Y es que la tierra de los filisteos coincidía y superaba a la actual franja de Gaza. 

Al final parece que los judíos prevalecieron, al menos hasta el siglo VI adC, cuando los babilonios de Nabucodonosor, el de la ópera, se los llevó deportados a Babilonia, donde comenzaron a desarrollar las técnicas de resiliencia que los han hecho llegar hasta hoy firmes en sus creencias. Todo termino cuando el profeta Daniel logró la autorización para volver a la tierra de Canaán, donde seguían impertérritos los deudos de los filisteos. 

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Mapa de los reinos de Israel y Judá y estados adyacentes. Fuente: Richardprins

Para el siguiente revolcón, y quizás el más duradero, tenemos que esperar a la conquista romana, que se produjo en varias oleadas y nos dejó dos momentos clave: la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo, a cargo nominalmente del emperador Vespasiano, aunque fue su hijo Tito, el constructor del Coliseo en Roma, quien dirigió las operaciones en las que también se produjo el asedio de la fortaleza de Masada, lugar de culto aún hoy para el ejército israelí. 

Finalmente llegaría la conocida como segunda guerra judeo-romana, del siglo II d.C, en tiempos del emperador Adriano, que provocaría la expulsión de Judea del pueblo judío y dejaría, una vez más, a los filisteos en su tierra.

LA ERA CRISTIANA

Lo de la ocupación romana nos lo cuenta Flavio Josefo, un historiador de origen judío que cambió de chaqueta, oportunamente, con ocasión del asedio de Masada. Desde entonces es el Nuevo Testamento la fuente más directa, y también la propia historia de Occidente, puesto que, desde que San Pablo le diera el empujón multinacional a lo que antes sólo era una secta más de las que históricamente han poblado el entorno judío, el cristianismo ha sido el motor de la evolución de la parte más pujante de la humanidad. 

Son casi dos milenios en los que hemos visto a los judíos adaptarse a las circunstancias de los pueblos en los que se han asentado, con enormes tragedias jalonando ese recorrido, como la matanza de Jaibar, en el 629 d.C. Un oasis habitado por judíos a cien kilómetros de Medina que, tras seis días de asedio, se rindieron a las tropas de Mahoma, quien ordenó el degollamiento de los varones y la venta como esclavos de mujeres y niños. Jaibar, un nombre que cantan actualmente las masas islámicas cuando se produce un ataque importante contra Israel. 

Seguirían años de persecución en la mayoría de países conocidos, como la expulsión llevada a cabo por los Reyes Católicos en España o los pogromos[ii] sufridos en casi todas las naciones europeas. Un periodo en el que los judíos, desde su condición de ser el pueblo que había dado muerte al Hijo de Dios, fue capaz de desarrollar grandes personalidades en el mundo de las artes, las ciencias y la filosofía, con una infinidad de nombres que no es necesario relacionar aquí, pero que, todos y cada uno de ellos, servirían para que en 1896 Theodor Herzl publicase “Der Juden Staat”, el Estado judío, que tendría una gran repercusión y llevaría, un año después, al primer Congreso sionista de Basilea, donde se aprobaría la Declaración Balfour por la que los británicos se comprometían a crear un hogar para los judíos en Palestina.

El Sionismo impulsaría la compra de tierras y el asentamiento de colonos en la antigua Tierra prometida, de forma continuada y sistemática, y con el inconsciente apoyo de los países europeos donde eran perseguidos o acosados; aunque serían las dos guerras mundiales, en las que los jóvenes judíos y el propio movimiento apoyaron con rotundidad a los aliados, lo que daría un gran impulso a la propuesta, algo que el Holocausto acabaría por hacer imparable.

Aún con todo lo anterior la situación política posterior a la Segunda Guerra Mundial era lo suficientemente volátil y complicada como para que las promesas, tantas veces repetidas, no tuviesen fácil resolución, lo que llevaría a que algunas organizaciones israelíes, como el Irgun, se decidiesen por la vía terrorista, de la que el atentado del hotel rey David de Jerusalén, en julio de 1946, con 91 muertos, sería el más notorio. 

LA INDEPENDENCIA

Para 1947, impulsado especialmente por los británicos, interesados en salir cuanto antes y dejar un nuevo avispero tras ellos, ya existe un Plan de partición en Naciones Unidas[iii] en el que aparece el territorio dividido entre las dos comunidades. Un plan que es rechazado por los palestinos, que ya llevaban años con la mosca tras la oreja, tanto que el Gran mufti de Jerusalén, algo así como el arzobispo musulmán, se había arrimado a los nazis en la esperanza de desembarazarse de los hijos de Israel; un plan que es rechazado por todas las naciones musulmanas sin excepción.

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David Ben-Gurion pronunciando públicamente la Declaración del Estado de Israel, 14 de mayo de 1948 , Tel Aviv , Israel, debajo de un gran retrato de Theodor Herzl , fundador del sionismo político moderno. Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel 

Un año después, en mayo de 1948, las Naciones Unidas aprueban la creación del estado de Israel; los británicos se retiran y las naciones árabes vecinas atacan al nuevo estado, al que la mayoría de naciones dan por fenecido prematuramente, pero, para sorpresa de todos, y con alguna oportuna ayuda, los judíos consiguen rechazar los ataques y, además, se apoderan de algún terreno adicional.

Para los judíos es la Guerra de independencia y para los palestinos será la Nakba, el gran desastre. Y para Dominique Lapierre y Harry Collins la oportunidad para lograr un primer éxito mundial, al que seguirán otros, con su “Oh, Jerusalén”, en el que consiguen dar una imagen épica a estos momentos iniciales del estado judío; aunque apenas hay sitio para acercarnos a la visión palestina, que sufre un brutal desplazamiento de más de 700.000 personas hacia los países vecinos y que dará lugar al nacimiento de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para la población palestina en Oriente Medio, que aún hoy en día sigue funcionando a pleno rendimiento y con graves acusaciones de parte del gobierno israelí. 

También, y conviene no olvidarlo, da lugar a la creación de Al Fatah por Yasser Arafat, Abu Jihad y Abu Iyad, con la intención de combatir a Israel mediante el terrorismo y que, para 1959, se incluiría como fundador de la OLP, la Organización para la Liberación de Palestina, una organización más política y que hoy sustenta la Autoridad Nacional Palestina, la ANP. 

Son los años en que figuras judías como Golda Meier se hacen familiares para Occidente, si bien el egipcio Gamal Abdel Nasser, con su panarabismo, también se esfuerza por lograr el favor de las masas árabes y prepara un ataque conjunto. 

Gamal Abdel Nasser dando un discurso en la inauguración del canal de Suez, 1955. Autor: Zdravko Pečar
Gamal Abdel Nasser dando un discurso en la inauguración del canal de Suez, 1955. Autor: Zdravko Pečar

Hasta que el 5 de junio de 1967 Israel lanza un fulminante ataque que acaba con la aviación de los países árabes en los aeropuertos y a continuación arrolla, bajo el mando conjunto de Isaac Rabin y de las fuerzas terrestres del mítico Moshe Dayán, a todos los ejércitos enemigos, apoderándose de la península del Sinaí, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán, y obligando a la OLP a refugiarse en la vecina Jordania. 

Vendrán años de frenética actividad terrorista y crecimiento de la OLP que, para 1970, intenta apoderarse del poder en Jordania, lo que llevará a una fulminante respuesta del rey Hussein con más de 3000 muertos palestinos y diez veces más heridos, además de la expulsión de la organización hacia el Líbano y, posteriormente, a un claro aumento de las acciones terroristas por todo el mundo, como la toma de rehenes israelíes en la olimpiada de Munich en 1972 o el avión de Air France secuestrado en el aeropuerto de Entebbe, Uganda, en 1976, cuya exitosa operación de rescate fue liderada por el teniente coronel Jonatham Netanyahu, hermano del actual mandatario israelí y única baja en el equipo rescatador. 

En el 73 será la Guerra del Yon Kippur, esta vez con la iniciativa árabe, que logra dar un inicial y sorpresivo golpe a los ejércitos israelíes gracias a los misiles tierra-aire soviéticos, que consiguen anular inicialmente a la aviación judía y que, aún bajo el mando de Dayán, ve la emergencia de un dinámico Ariel Sharon al mando de las formaciones acorazadas. 

Seguirá un aumento de las acciones desde el Líbano que presagian operaciones de respuesta y que, para 1982, darán lugar a la invasión de este país, ya con Sharon al mando de todas las fuerzas, y con el recuerdo trágico de la matanza, consentida por Israel, en Sabra y Chatila, ejecutada por las milicias cristianas.

Tanques israelíes cruzando el Canal de Suez. Fuente: IDF Spokesperson's Unit
Tanques israelíes cruzando el Canal de Suez. Fuente: IDF Spokesperson's Unit

Viene después un periodo de aparente control israelí que será roto por una nueva forma de enfrentamiento, la Intifada, que nace, la primera, en 1987, y que, con una duración de varios años de levantamiento popular con una constante cuenta de muertos civiles a manos de las fuerzas israelíes, supone un enorme desgaste de la imagen de Israel, aunque en el caso palestino su imagen sufrirá un grave deterioro con su apoyo a Sadam Hussein durante la Primera guerra del Golfo. Para el año 2000 una nueva Intifada intentará de nuevo recuperar esa imagen, aunque no logrará el éxito de la primera. 

ACUERDOS Y RESOLUCIÓNES

En la evolución de conflicto palestino ha habido distintos intentos de lograr cambiar la ecuación de violencia que se mantiene desde la creación del estado judío. Algunos de esos intentos han logrado resultados duraderos como fueron los Acuerdos de Camp David, firmados en septiembre de 1978 en la base militar norteamericana que lleva su nombre, entre el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el israelí Menájen Beguin, que dieron como resultado la retirada israelí de la península del Sinaí y el reconocimiento del estado de Israel por parte egipcia. 

Acuerdo que ha sido mantenido y respetado en el tiempo si bien al precio del asesinato del presidente egipcio a manos de Jalid Istambuli, miembro de la Yihad Islámica[iv], en octubre de 1978. 

Para 1993 se alcanzan en Oslo, Noruega, donde llevaban dos años negociándose en secreto, los Acuerdos de Oslo, firmados por Arafat y Rabin, que sería asesinado dos años después por un fanático judío, y por los cuales, en una primera fase, se instalaría un gobierno palestino en Gaza y parte de la Ribera occidental, Cisjordania; para en una segunda fase entregar distintas áreas de Cisjordania en las que, en unos casos, Israel mantendría la seguridad y en otros sería la ANP. 

Los acuerdos avanzaron hasta el año 2000, cuando, con Ehud Barak al frente del gobierno de Tel Aviv, Yasser Arafat, ya muy presionado por las acciones de Hamás[v] y la Yihad islámica, bloqueó la cumbre de Camp David y llamó a la segunda Intifada.

En septiembre de 2020 se firman en Washington los Acuerdos de Abraham, con el auspicio del presidente Trump, que suponen el reconocimiento de Israel por parte de tres estados árabes: Emiratos, Sudan y Bahréin. 

Aun siendo pocos, abren un camino por el que seguidamente entrará el reino de Marruecos, que a su vez esperaban que siguiera también Arabia Saudí en un plazo prudencial, lo que abriría un mundo de posibilidades en relación con la estabilidad de Oriente próximo, aunque en él prácticamente no se tenían en cuenta los intereses del pueblo palestino. Unos acuerdos que, con el asalto terrorista de Hamás el pasado 7 de octubre de 2023, han saltado por los aires. 

Por el camino, la comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas, ha intentado resolver el conflicto y para ello se han apoyado en una serie de Resoluciones; la primera de ellas la 181, ya citada, daba cuenta de la Partición; en noviembre del 67 la 242 exigía a Israel la retirada de los territorios ocupados durante la guerra, la normalización de las relaciones con los vecinos y el reconocimiento de derechos del pueblo palestino, unas exigencias que, tras una guerra victoriosa contra sus agresores, eran difícil de aceptar; también la 2253 de julio del 67, que condena a Israel por el cambio de estatuto de la ciudad de Jerusalén; la 338, tras el Yon Kippur, donde la ONU vuelve a exigir lo mismo a Israel y la 425, de marzo del 78, por la que se ordena a Israel la retirada de sus fuerzas tras la guerra del Líbano.

En el ínterin nos encontramos con un gran número de resoluciones, muchas de las cuales, la mayoría, van en relación con la asistencia a los refugiados palestinos, siendo la primera de ellas, en un temprano noviembre de 1948, la 212. A la que seguirán muchas más, casi con carácter periódico, incluyendo las relativas a la UNRWA, United Nations Relief and Works Agency for Palestine, creada en noviembre del 49 y aún hoy en plena actividad. 

LA POLÍTICA EN LA TIERRA PROMETIDA

La Tierra prometida ha sido a lo largo de la historia una zona bastante atormentada puesto que, al encontrarse en medio del conocido como Creciente Fértil, el área donde nacieron las antiguas civilizaciones, implicó que siempre estuviera en el camino de todos los conquistadores de la antigüedad. Hasta Bonaparte pasó por Gaza y Jaffa en su camino hacia las murallas de San Juan de Acre. 

En la época contemporánea cabe apuntar que el territorio es gobernado por el estado de Israel, la única democracia representativa que en la zona responde completamente a las exigencias que el concepto supone y que tiene como contrapartida a la Autoridad Nacional Palestina en lo que concierne a los territorios palestinos de Cisjordania.

En el caso israelí hemos visto gobiernos laboristas durante bastantes años, proclives a alcanzar un status quo de convivencia con los palestinos, algo que comprobamos con Rabin y su posterior asesinato; también con Barak y el rechazo de los acuerdos de un Arafat ya muy presionado por Hamás.

Posteriormente han sido los gobiernos ultraconservadores, casi siempre liderados por Netanyahu, con la participación de pequeños partidos ultra-religiosos, los que han conducido el destino de Israel, con una constante política de ocupación y creación de nuevos Kibutz en territorios supuestamente palestinos, lo que ha llevado a una exacerbación de las tensiones y la construcción del ignominioso Muro en Cisjordania.

Israel tiene un problema grave de futuro[vi], con una población ultra-religiosa, haredin, con enormes tasas de natalidad y barones dedicados al estudio de la Torá, sin formación práctica y exentos del servicio militar, que desequilibran el aporte de la población laica, muy preparada, pero con crecimiento casi nulo y que, ante la situación, empieza a emigrar a otros países. 

Es un cuadro tenebroso que, si tenemos en cuenta la altísima natalidad de la población palestina, conducirá en un plazo previsible a su desaparición no sin antes pasar por periodos de conflicto armado como el actual.

Por su parte, los palestinos, que generan una presión constante a los estados árabes, que en el fondo no están interesados en la resolución del conflicto, nos encontramos con una franja de Gaza dominada desde el 2007, tras unas elecciones, por un grupo terrorista, Hamás, que, desde su filiación doctrinal con los Hermanos musulmanes, domina ferozmente la vida de los dos millones de habitantes, a los que tiene sometidos a un férreo control y a los que no duda en utilizar como escudos humanos ante los ataques israelíes[vii] en la certeza de que su ideología yihadista así lo justifica. 

Adoración de Yasin y Rantisi en un evento de campaña electoral de Hamas en Ramallah. Autor: Hoheit
Adoración de Yasin y Rantisi en un evento de campaña electoral de Hamas en Ramallah. Autor: Hoheit 

En Cisjordania, donde “gobierna” la ANP de Mamud Abbas, con la etiqueta de ser uno de los gobiernos más corruptos[viii] del mundo, nos encontramos con la aplicación interesada de los gobiernos israelíes en relación con las tres zonas definidas en el Acuerdo de Oslo, que mantienen en estado de pobreza y acoso a los casi cinco millones de habitantes de la Ribera Occidental, convirtiéndola en un polvorín donde las masas de jóvenes desarrollan una radicalización que se encauza en las diversas ideologías islámicas, en algunos casos con deriva hacia el “martirio”, única o lógica solución ante la falta de expectativas vitales.

EL CONFLICTO ACTUAL

Israel se retiró unilateralmente de Gaza en el verano de 2005, durante el gobierno de Ariel Sharon, para contemplar como en 2006 Hamás ganaba las elecciones y prácticamente expulsaba a Fatah de la zona. Desde entonces hemos asistido a un proceso de ataques/provocaciones por parte de Hamás y la Yihad islámica, fundamentalmente con cohetes de factura iraní que son interceptados por el sistema anti-misiles Iron Dome; unos ataques que son respondidos por operaciones del ejército de Israel: Operación Plomo fundido en el 2008; Operación Margen protector en el 2012; y la Operación Guardián de las murallas en el 2021. 

Todo parecía indicar que unos y otros se habían acostumbrado a este proceso de provocación y respuesta, hasta que el Acuerdo Abraham vino a desequilibrar la situación política de Oriente medio, con enorme riesgo para el Irán de los ayatolás chiitas, que corría el riesgo de perder la partida con el reino de Arabia Saudí, ahora dirigido por el sinuoso príncipe heredero Mohamed Bin Salman, conocido como MBS. 

Hamás, de filiación sunita pero con el soporte militar iraní, se ha prestado a llevar a cabo un envite mayor con el ataque terrorista del 7 de octubre, sabiendo que, sin duda alguna, Israel respondería con toda su fuerza y que serían los civiles palestinos de Gaza, una vez más, los que recibirían el golpe más duro, aportando unas imágenes de destrucción y muerte de civiles inocentes que obligarían a los países árabes a dejar los Acuerdos de Abraham en el refrigerador durante un tiempo que, en estos momentos, se hace muy difícil de aventurar.

El resultado de la invasión de Gaza por parte israelí tiene difícil salida. Su ocupación permanente por los militares judíos se antoja poco menos que imposible de mantener en el tiempo. Los rehenes tomados por Hamás tampoco es probable que sean recuperados con vida y, al mismo tiempo, tampoco se puede pensar en otro tipo de reacción más allá de la militar. En lo político, la vida de Benjamín Netanyahu no parece valer mucho en estos momentos, aunque su resiliencia contrastada hace que todo sea posible. 

En definitiva, Palestina es una tierra que históricamente siempre ha estado inmersa en conflictos y en la que no parece haber camino para la paz, al menos duradera.


[i] https://www.vistaalmar.es/ciencia-tecnologia/historia/4422-como-pudo-moises-separar-las-aguas-del-mar-rojo.html

[ii] Palabra de origen ruso que describe la violencia organizada, o espontanea, contra grupos de población judía. 

[iii] https://www.britannica.com/topic/United-Nations-Resolution-181

[iv] Yihad islámica es un grupo terrorista nacido en Egipto en 1970, de filiación salafista yihadista radical, bebe de las fuentes de los Hermanos musulmanes y su libro fetiche es the absent obligation escrito por Muhamad Abdud Salam Faraj que sería ejecutado junto con Istambuly en 1982, tras el asesinato de Sadat. 

[v] Hamas nace en 1987 con el patrocinio del ejército israelí para socavar la influencia de la OLP en la Franja de Gaza. Sus fundamentos político-religiosos son los de los Hermanos musulmanes de Hassan al Banna, es decir, yihadismo radical islámico, con clara tendencia al takfirismo. 

[vi] https://aspeniaonline.it/israel-a-demographic-ticking-bomb-in-todays-one-state-reality/

[vii] https://stratcomcoe.org/cuploads/pfiles/hamas_human_shields.pdf

[viii] https://themedialine.org/top-stories/ngo-report-exposes-corruption-within-president-abbas-inner-circle-prompting-pa-backlash/

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