
Quien procesa, manda: la batalla por los minerales críticos
¿Cómo se mide el poder? Alguien podría responder que mediante alianzas militares o conquistas de territorio. Hoy, esa lógica resulta incompleta. Piensa en algo cotidiano: un coche eléctrico, un parque eólico, un satélite, un centro de datos. Todos comparten algo. Minerales extraídos, procesados y transportados a través de largas cadenas de suministro. Cadenas complejas y extremadamente vulnerables. Cuando fallan, las consecuencias no se limitan a los mercados: afectan a la seguridad nacional de países enteros.

La tortuga y la liebre; China y Occidente
Litio, tierras raras, cobalto, grafito, galio, germanio. Durante años, estos elementos aparecían únicamente en informes técnicos y círculos especializados. Hoy han salido de ese ámbito para instalarse en el centro del debate estratégico. No porque sean escasos en sí mismos, sino porque su acceso proporciona ventajas estratégicas. Sin ellos no hay transición energética, ni superioridad tecnológica, ni disuasión militar. Los minerales críticos han dejado de ser simples materias primas.
La globalización parecía un éxito indiscutible: producir donde era más barato, externalizar lo incómodo, optimizar costes. El resultado fue la eficiencia. Pero toda eficiencia tiene un precio; en este caso, la pérdida progresiva de capacidad estratégica. Las economías avanzadas fueron vaciando poco a poco su propia base industrial en minería, procesamiento y refinado.

China, mientras tanto, tomó otro camino. No improvisó, sino que pensó a largo plazo. Para Pekín, los minerales no eran el final de la cadena, sino el principio: la base sobre la que construir poder tecnológico. Aunque su capacidad de extracción en algunas materias primas clave es relativamente modesta —alrededor del 10% del litio, el cobalto o el cobre mundiales—, China entendió dónde estaba el verdadero cuello de botella. No en extraer, sino en procesar. Es ahí donde invirtió y consolidó su posición. Hoy controla entre el 40% y el 90% de la capacidad global de procesamiento de minerales críticos. Esto fue posible gracias a décadas de financiación estatal concentrada, regulación medioambiental flexible —especialmente en las fases tempranas— y a las fusiones entre empresas —respaldadas por el Estado— para crear grandes conglomerados. El procesamiento se convirtió en proyección de poder.

Mientras tanto, Occidente miraba hacia otro lado. Se asumió que los mercados seguirían abiertos, que las cadenas de suministro se adaptarían solas. Esa ilusión se rompió cuando China decidió demostrar que los cuellos de botella existen, y que estaban bajo su control. Las restricciones a la exportación de tierras raras, especialmente en el contexto de las disputas con Japón, fueron el primer aviso. Luego llegaron el galio, el germanio y el grafito. Todas ellas eran señales claras, recordatorios de vulnerabilidad.
En Estados Unidos, la toma de conciencia fue gradual pero profunda. Un informe del Congreso en 2019 dejaba al descubierto la magnitud del problema: dependencia total de importaciones en 12 minerales críticos y mayoritaria en casi otros 30. Además, para empeorar la situación, el propio documento reconocía que la extracción nacional, aún incrementándose, no resolvía el problema por sí solo.
Sin capacidad de procesamiento, el material debe salir del país, refinarse —en China— y volver a entrar. Una dependencia circular que atraviesa toda la economía: infraestructuras, redes eléctricas, industria avanzada, sistemas de defensa, etc. Todo ello a merced de decisiones ajenas. Era inevitable que la política de minerales dejara de ser una cuestión técnica para convertirse en una prioridad estratégica.

EE.UU. y el cambio: ¿es demasiado tarde?
Las decisiones recientes en Washington formalizan ese cambio. La seguridad ya no se define solo por la extracción. Importa, y mucho, lo que ocurre después. El 15 de enero, el presidente Trump firmó la primera orden ejecutiva sobre minerales críticos del año, titulada “Ajuste de las importaciones de minerales críticos procesados y sus productos derivados en Estados Unidos”. La orden pone de relieve la importancia de la cooperación internacional para reforzar la seguridad estadounidense en materia de minerales.
La idea es elevar la importancia de los minerales críticos al mismo nivel que los semiconductores o la energía. Para Daniel Gil, analista experto en asuntos europeos, el llamado friend-sharing ya no es una consigna, sino que es una exigencia. Washington sabe que, si quiere reducir el control de Pekín sobre la cadena de suministro de minerales críticos y tierras raras, no puede hacerlo solo. Para ello, está realizando iniciativas como la Pax Silica, destinada a tejer una red de suministro aliada que pueda soportar las presiones chinas.
En este contexto, la Cumbre Ministerial de Minerales Críticos, celebrada el 4 de febrero de 2026 en Estados Unidos, marcó un punto de inflexión en la geopolítica global de la transición energética. Con el objetivo de contrarrestar el dominio de China, más de 50 naciones aliadas acordaron la creación de un bloque comercial preferencial, el establecimiento de precios mínimos coordinados y el lanzamiento de la alianza FORGE. Estas medidas buscan blindar el suministro de materias primas esenciales, acelerando alianzas bilaterales estratégicas con socios en América del Norte, la Unión Europea y el Cono Sur, al tiempo que plantean nuevos desafíos sobre los costos de mercado y el impacto socioambiental en los países extractores.

La Unión Europea, como potencia reguladora, ha intentado limitar dependencias excesivas y movilizar capital hacia proyectos estratégicos. Para Daniel, Bruselas también está tratando de jugar un mayor rol con la Ley de Materias Primas Críticas como núcleo de su estrategia y potenciando acuerdos sobre minerales críticos con terceros países bajo la iniciativa Global Gateway. Pero el equilibrio es frágil. La gobernanza de los minerales se ha convertido, para Europa, en una prueba de coherencia estratégica.
Todo esto explica por qué los minerales críticos han dejado de ser un asunto técnico para ocupar el centro del tablero geopolítico. La carrera entre Estados Unidos y China no se trata solo de asegurar el suministro, sino de definir las reglas del juego. Quién controla los cuellos de botella. Quién define el futuro de la industria avanzada. Mientras Estados Unidos persista en una estrategia que combine la fragmentación del bloque transatlántico con prácticas de presión y coerción hacia sus aliados europeos, como la cuestión que nos ocupa con Groenlandia, se abrirá un espacio que China explotará estratégicamente.
Pekín puede intensificar sus esfuerzos para presentarse como un socio alternativo y, dado que el procesamiento y refinado de minerales críticos constituye el verdadero núcleo de poder en estas cadenas de valor, la erosión de la relación entre Washington y la Unión Europea refuerza indirectamente la capacidad china para conservar su ventaja estructural. El primero en dar el paso ha sido Canadá, que ha inaugurado una “nueva asociación estratégica” con Pekín, según el primer ministro Mark Carney. Veremos qué camino toma Bruselas.
Fuentes
- US Seeks Allied Support to Reduce Reliance on Chinese Critical Minerals - Bloomberg
- New Executive Order Ties U.S. Critical Minerals Security to Global Partnerships
- US law makers introduce bill to create $2.5 billion critical-minerals stock pile | Reuters
- If Trump wants 2026 to be a year of critical minerals collaboration, he must stop imperialist rhetoric on Greenland | Chatham House – International Affairs Think Tank
- Trump sets 180-day deadline to counter China’s control of critical minerals | South China Morning Post China’s Multilayered Approachto Rare Earths Under US-Led Decoupling –The Diplomat
- AustraliaIs Betting on a New ‘Strategic Reserve’ to Loosen China’s Grip on Critical Minerals – The Diplomat
- US, EU to further intensify critical mineral investments as China tigh tens hold |S&P Global
- G7,otherallies discuss ways to reduce dependence on Chinese rare earths | Reuters
- Securing America’s Critical Minerals Supply | Carnegie Endowment for International Peace
- Canada, China cut tariffs and announce new partnership as Trump brings old foes together