Las elecciones británicas nos han dejado un vencedor claro; el partido Laborista de Keir Starmer. El laborismo consigue una abultada mayoría de más de 400 diputados que entierra el ciclo político iniciado en 2015 con dos referéndums; el de la independencia de Escocia y el del Brexit. Los dos principales actores en ambas consultas, el partido Conservador y el Partido Independentista Escocés, asumen las mayores derrotas de su historia en una noche que cambia el rumbo político de Reino Unido.

Keir Starmer, líder del Partido Laborista, habla en la Conferencia Anual de Mujeres en la Conferencia del Partido Laborista en Liverpool. Fecha de la fotografía: sábado 7 de octubre de 2023. Fuente: Keir Starmer
Keir Starmer, líder del Partido Laborista, habla en la Conferencia Anual de Mujeres del Partido Laborista. Fuente: Keir Starmer

Los vencedores

Keir Starmer será el nuevo Primer Ministro británico. Los laboristas han conseguido acabar con 14 años de gobierno conservador con una victoria abrumadora. La mayoría en el Parlamento Británico se sitúa en los 326 diputados, los laboristas han conseguido 412. El partido logró plantear la campaña con acierto, sabiendo leer a un público británico cansado de las estridencias de líderes como Johnson y los grandes debates nacionales como el Brexit. 

En su lugar, plantearon una campaña “aburrida” centrada en cuestiones cotidianas como la subida del coste de la vida, el estado del sistema nacional de salud o el aumento del precio de la vivienda. En definitiva, lo que el partido Laborista pretendía abordar durante esta campaña era el deterioro de las condiciones de vida de los británicos. No ha sido una campaña especialmente ideológica, ni con grandes ideas ni proyectos de país, sino que se ha articulado entorno a una premisa clara: las cosas han ido a peor con los Tories y es el momento del cambio.

Esta idea está personificada en su líder, Keir Starmer. Un líder que no es ni especialmente carismático ni especialmente popular, pero que ha sabido leer a su electorado para proyectar la calma, seriedad y estabilidad que ansiaba el país. Los laboristas afrontaban esta campaña con las encuestas dándoles una ventaja de aproximadamente 20 puntos, ventaja que se ha mantenido estable durante los dos últimos años, y que ha sido gestionada habilmente por el partido Laboralista.

Sin embargo, a pesar de su abultada victoria, conviene que los laboristas no se duerman en los laureles. Con respecto a las últimas elecciones de 2019 – cuyo resultado se consideró muy malo- sólo han ganado un punto y, de hecho, han perdido unos 600.000 votos. Por otro lado, la participación ha caído siete puntos con respecto a 2019 para colocarse en torno al 60%. Estos datos nos muestran que la victoria de Starmer no ha sido tan arrolladora como parece y que su causa principal es el colapso del conservadurismo británico, más allá de los aciertos propios de los laboristas.

Resultados de las elecciones generales
Resultados de las elecciones generales en Reino Unido

El otro gran vencedor de la noche es Nigel Farage, su partido Reform UK consigue entrar en el parlamento con 4 escaños superando los 4 millones de votos. Farage, que a pesar de su retirada de la primera línea política siguió siendo un personaje mediático, prueba que todavía existe una bolsa significativa de votantes que considera que el Brexit está siendo un fracaso porque ha sido demasiado blando y todavía Reino Unido sigue vinculado a la UE. El eje central de su discurso, la inmigración, ha encontrado eco en un electorado que ha visto como la llegada de inmigrantes ha aumentado en los últimos años a pesar de las promesas de los conservadores por reducirla. 

Sin embargo, si comparamos estos resultados con los obtenidos por el UKIP en 2015, apenas los mejora en un punto y unos 300.000 votos. Los partidarios del discurso de Farage siguen siendo una parte significativa del electorado británico, pero que apenas ha crecido en la última década. Que Nigel no haya conseguido un mejor resultado, teniendo en cuenta el contexto de colapso de los Tories y siendo su única alternativa a la derecha indica que, al menos por el momento, ha tocado techo.

Los vencidos

El resultado de los Tories es desastroso. El partido pierde 20 puntos, la mitad de sus votantes y 250 diputados, incluyendo algunos relevantes como Liz Truss o Jacob Rees-Mogg, que ni siquiera revalidarán su escaño. A pesar de todo esto, en una muestra de la terrible situación del partido, el resultado es mejor de lo esperado. Algunas encuestas les colocaban por debajo de los 100 diputados y los peores pronósticos hablaban de que ni siquiera serían tercera fuerza. 

El partido conservador tomó la decisión estratégica de convertirse en el partido del Brexit y el fracaso de la salida de la Unión Europea junto con su incapacidad para resolver los retos sociales del país han acabado provocando su caída. Sin embargo, el motivo fundamental del declive tory no es ni el brexit ni el deterioro de las condiciones de vida en Reino Unido, son los errores propios. 

Liz Truss. Fuente: https://flickr.com/photos/192333790@N05/52101024249/
Liz Truss se ha quedado sin escaño a pesar de que hasta hace poco era la Primera Ministra de Reino Unido. Fuente: UK Goverment

El escándalo de las fiestas navideñas de Boris Johnson junto con las mentiras posteriores generaron una pérdida de apoyo considerable que solo vino a acrecentarse con el desastroso mandato de Liz Truss. La llegaba de Sunak consiguió estabilizar la situación y poner fin a los conflictos internos, por ello, quizás la historia sea benévola con Sunak, pero estos esfuerzos de última hora no han sido suficientes para recuperar el electorado perdido durante años. 

Por su parte, el otro gran perdedor de estas elecciones es el SNP. Los independentistas escoceses pierden 38 escaños y medio millón de votos. De hecho, ni siquiera fueron primera fuerza en Escocia, donde se impuso el laborismo. El fracaso del SNP, como el de los tories, llevaba tiempo anunciándose. El partido supo reponerse del fracaso del referéndum de independencia gracias al Brexit, apoyándose en que Escocia había votado mayoritariamente por seguir perteneciendo a la Unión Europea. 

Esto les permitió mantener su buena posición, pero según avanzaba el tiempo, su falta de ideas más allá de la independencia y, al igual que los Tories, su incapacidad para responder a las demandas de la ciudadanía como la crisis de vivienda, la falta de oportunidades o la crisis de drogas que vive Escocia lastraron su posición. A esto deben unirse los casos de corrupción, las divisiones internas y la crisis de liderazgo tras la retirada de Sturgeon. Un partido laborista fuerte ha sido el último ingrediente necesario para consagrar la caída del independentismo escocés.

Nicolas Sturgeon. Fuente: First Minister of Scotland
Desde la caida de Nicola Sturgeon el independentismo escocés se ha derrumbado. Fuente: First Minister of Scotland

Conclusión

Comienza ahora un nuevo ciclo político en Reino Unido. No será fácil interpretar el papel de Starmer, teniendo que conjugar la complicada situación económica del país con las inversiones que necesita en vivienda, servicios públicos o infraestructuras. En términos internacionales, lo esperable es una profundización en la política iniciada por Sunak de mejora de las relaciones con la UE; se abrirán nuevas vías de cooperación que darán lugar a nuevos acuerdos, seguramente en materia de inmigración o cuestiones prácticas con respecto a Irlanda del Norte. 

Pero eso sí, la relación tendrá unos limites muy claros, los laboristas no quieren entrar en la unión aduanera, tampoco en el mercado único, ni volver a la libertad de movimiento. Ahora tendrán cinco años para reconducir el ritmo de un país que lleva más tiempo del deseable a la deriva, veremos si lo consiguen. 

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