El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha hecho saltar por los aires la ya frágil arquitectura de seguridad en el Cuerno de África. Lejos de ser un gesto diplomático rutinario es, sin duda, un movimiento cuidadosamente calculado. 

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla durante una videollamada con el presidente de Somalilandia, mientras firma una declaración en la que reconoce a Somalilandia como Estado. Fuente: X
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla durante una videollamada con el presidente de Somalilandia, mientras firma una declaración en la que reconoce a Somalilandia como Estado. Fuente: X

Reacciones

La reacción internacional fue rápida y mayoritariamente crítica. El gobierno de Somalia calificó el reconocimiento de “agresión ilegal”, mientras que Egipto, Turquía y Yibuti iniciaron consultas diplomáticas coordinadas para advertir de los riesgos de desestabilización regional. 

Por su parte, la Unión Africana mostró su rechazo, subrayando que la decisión amenazaba la estabilidad del continente y sentaba un precedente peligroso, que para muchos analistas supone “abrir la caja de Pandora”. La Unión Europea también se alineó con este enfoque, reafirmando los principios de unidad e integridad territorial. 

¿Qué gana Israel?

Desde la perspectiva israelí, la lógica estratégica detrás de esta postura es evidente. Somalilandia se sitúa frente a Yemen, domina el golfo de Adén y se encuentra próxima al estrecho de Bab el-Mandeb, por donde transita una parte significativa del comercio global y del tráfico marítimo vinculado a Israel. 

En este contexto, Somalilandia adquiere un claro valor operativo: su territorio permitiría desplegar capacidades de inteligencia orientadas al seguimiento de la actividad hutí, así como mejorar la detección de rutas de suministro de armamento y, en caso necesario, servir como punto de apoyo para operaciones quirúrgicas en la región. Por lo tanto, el reconocimiento funciona como un facilitador político, permitiendo avanzar hacia una mayor implicación en materia de seguridad. 

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Un elemento clave en este escenario es el papel de Emiratos Árabes Unidos. Mucho antes del reconocimiento israelí, Abu Dabi había reforzado de forma sostenida su presencia en el Cuerno de África, integrándose en su arquitectura de seguridad y logística mediante puertos, bases e inversiones estratégicas. Somalilandia ha sido uno de los casos más visibles de esta política. 

En Berbera, Emiratos mantiene una base militar con puerto y pista aérea capaces de apoyar aeronaves de transporte y combate, infraestructuras que numerosos analistas consideran esenciales para sus operaciones en Yemen, en particular para su respaldo al Consejo de Transición del Sur. Berbera se ha convertido así en la punta de lanza de la política emiratí de proyección de poder más allá de la península arábiga.

No obstante, la reacción de Abu Dabi ha sido pragmática. Emiratos evitó expresar su apoyo público al reconocimiento, máxime cuando una amplia coalición de Estados lo condenó en el marco de la Organización de Cooperación Islámica. Y es que los emiratíes rara vez buscan protagonismo cuando los hechos ya juegan a su favor. 

Respaldar abiertamente a Israel habría supuesto convertir en asunto político una red que funciona mejor en la discreción. Mantener el silencio permite a Abu Dabi sostener el principio de la negación plausible y seguir operando por debajo del umbral de la confrontación abierta, manteniendo siempre un cierto margen de maniobra diplomática. 

Los residentes ondean banderas de Somalilandia mientras se reúnen para celebrar el reconocimiento de Israel en el centro de Hargeisa. Créditos: AFP
Los residentes ondean banderas de Somalilandia mientras se reúnen para celebrar el reconocimiento de Israel en el centro de Hargeisa. Créditos: AFP

Impacto regional

El impacto del reconocimiento va más allá del eje Israel-Somalilandia-Emiratos. Para numerosos Estados africanos, especialmente aquellos que enfrentan tensiones secesionistas internas, la decisión supone un cuestionamiento directo de la norma poscolonial de fronteras inalterables. Es por ello que muchos ya etiquetan la decisión como una “caja de Pandora”. 

En la mitología griega, la caja de Pandora entraña una advertencia temprana sobre la naturaleza de las decisiones irreversibles. Al abrir la tapa, Pandora desata una sucesión de consecuencias imposibles de contener. El gesto, pequeño en apariencia, altera para siempre el equilibrio. Lo que estaba sellado deja de estarlo y ningún acto posterior puede restaurar el orden original. 

Aunque no hace falta retrotraernos a la mitología griega para explicar el movimiento israelí, el símil es útil para visualizar los posibles efectos en cadena que puede desatar. Israel parte de un planteamiento político que estima que los beneficios operativos del reconocimiento de Somalilandia superarán cualquier coste diplomático. Por su parte, para Hargeisa es una victoria que pone fin a más de tres décadas de aislamiento. 

En la capital de Somalilandia, las calles se llenan de gritos, banderas y sonrisas. Pero fuera de ese espacio, la atmosfera es otra: consultas urgentes recorren los despachos de Mogadiscio, Addis Abeba y Ankara. En el caso de Washington, la cautela impera. Este año, un informe del New York Times confirmaba que funcionarios de Somalilandia habían buscado el respaldo de la administración Trump, proponiendo arrendar un puerto en el Golfo de Adén y una pista aérea a cambio de reconocimiento internacional.

No sabemos si la propuesta sigue estando encima de la mesa, pero no parece por el momento que la administración Trump vaya a tomar una decisión precipitada al respecto. El propio Trump en una entrevista con el New York Post afirmaba que debía estudiar el caso, pero que no seguiría a Israel en el reconocimiento de Somalilandia por el momento. 

Washington sigue equilibrando su relación con Somalia, un aliado clave en la región, especialmente en operaciones contraterroristas contra Al-Shabaab. Es por ello consciente de que cualquier giro brusco podría alterar todo el equilibrio regional. Quizá por eso, al ser preguntado por la decisión israelí, Trump respondió con una pregunta: ¿Alguien sabe realmente qué es Somalilandia?

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