El Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Mercosur, el mayor pacto comercial jamás negociado por ambos bloques, pone fin a un proceso que durante mucho tiempo pareció interminable. Tras 25 años de negociaciones, el acuerdo se aprueba finalmente en un contexto estratégico muy distinto al de su gestación: su importancia ha aumentado de forma inversamente proporcional a los retrasos, a medida que el entorno internacional se volvía más fragmentado, competitivo y crecientemente hostil a los intereses europeos.

Respecto a la magnitud del tratado, las cifras hablan por sí solas. La UE es el segundo socio comercial de los países del Mercosur y representa el 16,8% de su comercio total. Por su parte, Mercosur es el décimo socio comercial de la UE. Ambos bloques tienen una relación bastante complementaria: las exportaciones de la UE a Mercosur superan los 53.000 millones de euros y se concentran en bienes de alto valor añadido como maquinaria, equipos de transporte y productos químicos o farmacéuticos. 

Por otro lado, las exportaciones de Mercosur a la UE suponen unos 57.000 millones de euros anuales y se concentran en torno a las materias primas, especialmente productos agrícolas y minerales.

La historia interminable

Las más de dos décadas de negociaciones concluyen ahora, pero no es la primera vez que lo hacen. En 2019 ya se alcanzó un principio de acuerdo. Sin embargo, el texto original quedó estancado debido a una confluencia de factores políticos y regulatorios. 

Mauricio Macri y líderes de la Unión Europea durante el anuncio del acuerdo Mercosur-UE en la cumbre del G20 en Osaka.
Mauricio Macri y líderes de la Unión Europea durante el anuncio del acuerdo Mercosur-UE en la cumbre del G20 en Osaka, 29 de junio de 2019. Fuente: Casa Rosada (Presidencia)

El aumento de las tasas de deforestación en la Amazonía brasileña durante la presidencia de Jair Bolsonaro generó una fuerte oposición en Europa, mientras que la introducción de nueva legislación europea, especialmente en materia medioambiental, fue percibida por el Mercosur como una barrera. 

Todos estos obstáculos obligaban a renegociar el pacto y añadir nuevos anexos al texto. Así, el acuerdo de 2019 acabó muriendo y de ese fracaso nacieron las negociaciones que ahora han desembocado en la firma definitiva.

Este convenio tiene, por tanto, el acuerdo de 2019 como base. De hecho, el texto de 2024 mantiene los mismos cimientos que el de 2019, incorporando enmiendas y anexos adicionales destinados a responder a las preocupaciones de ambas partes surgidas a lo largo de los años.

¿Qué gano yo?

Para la UE, el acuerdo tiene beneficios claros. En primer lugar, desbloquea el acceso a un mercado de más de 260 millones de consumidores, lo que supone un impulso significativo en un contexto de estancamiento económico en el continente. La eliminación de aranceles para bienes industriales como maquinaria o vehículos —los bienes que más exporta la UE— supondrá un ahorro anual de hasta los 4.500 millones de euros según la Comisión Europea. 

Mapa TPR 90 Acuerdos comerciales de la Unión Europea (30 de junio de 2025) (1).avif

En lo relativo a la agricultura, uno de los puntos que ha generado mayor polémica, el acuerdo mejora el acceso de los productos europeos mediante la protección de más de 350 denominaciones de origen de la Unión Europea. Además, las empresas europeas obtendrán acceso a las licitaciones públicas de los países del Mercosur en condiciones de igualdad con las empresas locales.

Sin embargo, el aspecto más importante y el verdadero motor del acuerdo es el acceso a materias primas críticas. Brasil posee aproximadamente el 20% de las reservas mundiales de grafito, níquel, manganeso y tierras raras, además del 94% del niobio mundial. Argentina es el tercer productor mundial de litio. Otros países, como Bolivia, también disponen de recursos minerales de interés de los que la Unión Europea carece.

En virtud del acuerdo, se eliminarán o reducirán los aranceles aplicables a las importaciones europeas de materias primas críticas y de sus productos procesados. Asimismo, el texto impide a los países del Mercosur imponer impuestos a la exportación de estos minerales. Brasil se ha asegurado una excepción a esta disposición; no obstante, en caso de introducir nuevas tasas, estas serán para la Unión Europea un 50% inferiores a las aplicadas a terceros Estados.

Mapa TPR 27 Reservas mundiales de tierras raras (2022) FORMATO WEB.avif

Para el Mercosur, el acuerdo representa una oportunidad no solo para diversificar sus exportaciones, sino también para modernizar sus economías. El sector agrícola, que continúa siendo el pilar de las economías de los países del bloque, ve garantizado el acceso al mercado de la Unión Europea mediante aranceles reducidos y un aumento de las cuotas. 

Además, el acuerdo establece la posibilidad de obtener un acceso preferencial adicional para productos ecológicos o vinculados a la conservación de ecosistemas. Esto actúa como incentivo para que los productores del Mercosur inviertan en prácticas más sostenibles y mejoren su competitividad en estos productos.

Mapa TPR 15 Etnias en Siria FORMATO WEB.avif

¿Ya se terminó todo?

Con la conclusión de las negociaciones, el acuerdo debe ahora ser aprobado por el Parlamento Europeo y ratificado por los Estados miembros. Salvo sorpresa de última hora —nada descartable en este caso—, el acuerdo se aprobará sin mayores dificultades en el Parlamento, pero es en la fase de ratificación por los parlamentos nacionales donde pueden surgir los principales obstáculos. Lo ocurrido con Canadá ilustra el destino probable del pacto entre la UE y el Mercosur.

El acuerdo con Canadá se firmó en 2016, pero su entrada en vigor sólo se ha producido de manera parcial. Al principio, la región belga de Valonia bloqueó la ratificación por parte de Bélgica, lo que obligó a añadir algunas declaraciones extra. Desde entonces, dado que los Estados miembros no están obligados a ratificar el acuerdo en un plazo concreto, muchos siguen sin hacerlo. 

Hasta el momento, solo 17 de los 27 Estados miembros han ratificado el acuerdo con Canadá. Es más que probable que se reproduzca una situación similar con el acuerdo UE–Mercosur. Para evitarlo parcialmente, la Unión Europea suscribió en ambos casos un acuerdo provisional centrado en sus competencias exclusivas, que entra en vigor automáticamente una vez recibe la aprobación del Parlamento Europeo, lo que permite que el tratado acabe aplicándose, aunque sea de forma parcial.

Jean-Claude Juncker junto a Justin Trudeau y las delegaciones de la Unión Europea y Canadá durante la cumbre bilateral de 20219.
Jean-Claude Juncker junto a Justin Trudeau y las delegaciones de la Unión Europea y Canadá durante la cumbre bilateral de 20219. Fuente: Reuters

En definitiva, el acuerdo Unión Europea-Mercosur, a pesar de la polémica generada en el sector agrario, es una buena noticia para ambas partes. Bruselas da un paso importante de cara a sus ambiciones geopolíticas y en su búsqueda de la tan manida autonomía estratégica. El acceso garantizado a materias primas críticas en un entorno donde la competencia por estas materias está marcando las dinámicas internacionales, supone un acierto estratégico difícil de subestimar. 

Además, el actual contexto de competencia creciente con China refuerza la necesidad de diversificación de las empresas europeas, que han comprobado cómo, con el paso del tiempo, su apuesta por el mercado chino ha terminado convirtiéndose en una vulnerabilidad.

En este sentido, la apertura de un nuevo mercado de más de 250 millones de personas supone un balón de oxígeno relevante para la industria europea. A partir de ahora, desde Bruselas se continuará avanzando hacia la joya de la corona: un acuerdo de libre comercio con India. Pero esa será otra historia.

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