Armenia y el camino a la occidentalización
Tras la operación militar que Azerbaiyán llevó a cabo el pasado año 2023 para recuperar la totalidad del Nagorno Karabaj varias han sido las fichas que se han movido a nivel regional en el Cáucaso, suscitando toda una serie de cambios que hubieran sido inimaginables hace unas décadas. Más en concreto, para Armenia, la desaparición de la República de Artsakh ha supuesto un punto de inflexión en su política exterior, la cual ha estado históricamente ligada a Rusia.
Desde el fin del conflicto, Nikol Pashinian, primer ministro de Armenia, ha dejado clara su posición sobre las relaciones con Rusia, afirmando que quiere reducir su dependencia de Moscú y llevar a cabo una reorientación hacia Occidente. Con todo, y a pesar de que Pashinian ha reiterado esta consigna de forma fehaciente durante los últimos meses, lo cierto es que cortar los lazos con el Kremlin no será para nada sencillo. Las afirmaciones del primer ministro se pueden desgranar entendiendo la realidad geopolítica del país caucásico, la cual se caracteriza por la convivencia con tres actores fundamentales para este cambio de paradigma: Rusia, Turquía y Azerbaiyán.

El simbólico acercamiento a Occidente
Aun entendiendo que la prioridad para Pashinyan y su equipo es reducir los lazos con Rusia, lo cierto es que antes deberá encontrar una alternativa fiable, ya que actualmente el país depende totalmente del Kremlim. Dicha dependencia parece difícil que se reduzca en el corto o el medio plazo, y también cabría analizar si en el largo plazo sería realmente posible que Armenia dejase de depender de Moscú, ya que los vínculos que unen a Ereván con la “Madre Rusia” son sumamente fuertes.
A día de hoy, Rusia cuenta con una gran base militar en Gyumri, la segunda ciudad más importante de Armenia, donde hay aproximadamente unos 3.000 soldados rusos. A este hecho cabe añadir que recientemente Armenia ha llegado a un acuerdo con el gobierno ruso para que la base permanezca abierta hasta 2044, lo cual supone un compromiso largoplacista con Moscú. A pesar de ello, cabe destacar que en los últimos meses Ereván ha alcanzado otros acuerdos con el Kremlin, que sí suponen una reducción de su influencia en la nación caucásica, como el pacto para la retirada de las tropas rusas ubicadas en el aeropuerto de Ereván.
Además, ambos países han acordado que las fronteras con Turquía e Irán serán vigiladas conjuntamente, aunque se desconoce hasta qué punto Rusia mantendrá su presencia en el largo plazo tras décadas de vigilancia exclusiva. Mediante dicho acuerdo, las tropas rusas, las cuales han vigilado Armenia durante más de 30 años, abandonarán sus posiciones.
En el plano económico también existe una gran simbiosis entre ambos países, ya que Armenia es miembro de la Unión Económica Euroasiática, liderada por Rusia. Igualmente, Armenia es uno de los países del espacio post-soviético que sirven de puente para que Moscú evite las sanciones de Occidente, habiendo aumentado exponencialmente el comercio bilateral en los últimos años. De hecho, en el año 2022 Armenia triplicó sus exportaciones a Rusia, pasando de exportar productos por un valor de $789 millones en 2021 a realizar exportaciones por un valor de $2,3 billones en 2022, suponiendo un incremento del 300% en apenas un año.

Según los últimos reportes, en 2023 Armenia habría exportado productos a Rusia por un valor de $3,4 billones, una cifra que supera en un 403% las exportaciones realizadas en el año 2021. En este sentido, cabe destacar que la mayor parte de este crecimiento corresponde a la cuota de artículos industriales que los países occidentales dejaron formalmente de vender a Rusia, así como a los bienes de doble uso demandados por los militares rusos, como equipos para aviones no tripulados, suministros ópticos y maquinaria pesada. A estos hechos cabe añadir que Armenia se negó a firmar una declaración conjunta del Consejo de Europa en la que se respaldaba la orden de arresto contra Vladimir Putin emitida por la Corte Penal Internacional.
Con todo, Armenia parece estar dispuesta a buscar en Occidente a su nuevo gran aliado. En particular, París ha asumido el papel de principal proveedor de armas y material militar de Ereván, mientras que las frecuentes reuniones entre los dirigentes y altos funcionarios de ambas naciones tienen como finalidad establecer una estrecha comunicación entre ellas. Hasta la fecha, Armenia ha adquirido tres radares Ground Master 200, 36 obuses autopropulsados Caesar y también ha iniciado conversaciones para comprar misiles de corto alcance Mistral.
Además, Sébastien Lecornu, el exministro de Defensa francés, visitó Armenia junto con contratistas de las empresas francesas MBDA, Nexter, Arquus, Safran, Thales y PMG. Sin embargo, hasta ahora, el compromiso francés no parece capaz de sustituir al suministro ruso, siendo un movimiento simbólico que ejemplifica el cambio de prioridades geopolíticas del gobierno armenio.
Asimismo, otros actores relevantes como los Estados Unidos y la Unión Europea han mostrado su predisposición para ayudar a Ereván a desvincularse de Moscú, siendo ejemplo de ello el paquete de 270 millones de euros que Bruselas y Washington anunciaron en abril de 2024.

Por parte de la Unión Europea se están dando los primeros pasos para acercar a Armenia a la órbita de Bruselas, aprobando un paquete de ayuda de 10 millones de euros para Armenia provenientes del Fondo Europeo para la Paz (EPF por sus siglas en inglés). Además, también se anunció la intención de Bruselas de iniciar conversaciones con Armenia sobre la liberalización de visados. En este sentido, el Parlamento de Armenia también aprobó un proyecto de ley para iniciar el proceso de adhesión a la Unión Europea.
También cabe destacar el acuerdo estratégico Armenia-Estados Unidos, firmado recientemente en Washington, que pretende estrechar los lazos económicos y de seguridad y defensa entre ambos países. A pesar de estos gestos, Occidente aún no puede ni quiere ubicarse como la alternativa a Rusia para Armenia.
Turquía y su papel como puente
Turquía se presenta como una pieza necesaria para Armenia si ésta quiere llevar a cabo el proceso completo de occidentalización. La relación entre ambos países es inexistente, tanto por motivos históricos, como por la disputa sobre el genocidio armenio en tiempos del Imperio Otomano, así como por el apoyo político y militar que Ankara ha proporcionado a Bakú durante las guerras del Karabaj.
Es innegable la importancia de Turquía en el proceso de occidentalización armenio, ya que se requiere de la colaboración de Ankara para conectar Armenia con las principales capitales europeas. Actualmente, ambos países están acercando sus posturas, aún de forma paulatina, siendo un claro ejemplo de ello la quinta reunión de normalización de las relaciones, la cual tuvo lugar el pasado 30 de julio en la frontera entre ambos Estados.

Fruto de los avances, el punto fronterizo de Margara, entre Armenia y Turquía, se abrió del 21 al 31 de marzo para transportar cargamentos de ayuda humanitaria armenia a Siria. A pesar de ello, aún queda un camino sumamente largo por recorrer en las relaciones turco-armenias, las cuáles son fundamentales para que Armenia conecte, ya sea de forma parcial o de forma completa, con Occidente. Sin embargo, la mejoría de las relaciones entre Ankara y Ereván no tan solo pasa por la voluntad de ambos gobiernos, ya que para Turquía es un requisito básico que Armenia normalice sus relaciones con Azerbaiyán.
Una nación, dos estados
Como ya se ha dicho anteriormente, para Turquía es un requisito indispensable que Armenia normalice sus relaciones con Azerbaiyán antes de tenderles la mano, ya que las dos naciones están fuertemente unidas tanto de forma política, como cultural y social. De hecho, la extendida expresión “una nación, dos estados” sirve para entender la conexión que existe entre ambos países.
Este hecho evidencia la importancia de las relaciones Azerbaiyán-Turquía a nivel regional, habiéndose establecido como dos actores fundamentales en el Cáucaso, como ya se ha demostrado con el Corredor de Gas Meridional, proyecto del que también Georgia forma parte. A ello, cabe sumar que Turquía, dada su posición geográfica, está centrando sus esfuerzos en Oriente Medio, África y el Mediterráneo Oriental, por lo que Ankara delega en Bakú su política exterior en el Cáucaso.
En el caso de que Armenia normalizase sus relaciones con Ankara y Bakú, Ereván podría participar en diversos proyectos regionales de conectividad y transporte de hidrocarburos, como ya hace Georgia. De hecho, Ereván no sólo se conectaría con Ankara y Bakú, sino que también ayudaría a conectar Turquía con los países túrquicos de Asia Central, los cuales ya tienen una conexión a través del Corredor Medio, que transita por Georgia.

Esta posible situación también representa una gran oportunidad para Turquía a nivel regional, ya que adquiriría un mayor peso en el Cáucaso en detrimento de Rusia. En este sentido, parece difícil que Moscú, a pesar de estar en contra de la occidentalización de Armenia, tome cartas en el asunto debido a que en este momento está focalizado en el escenario ucraniano.
En conclusión, el proceso de occidentalización de Armenia debe ser paulatino, largoplacista y decidido, ya que el mismo debe realizarse desde abajo, tratando de normalizar sus relaciones con Azerbaiyán, para poder acceder a restablecer relaciones con Turquía, lo cual, a su vez, es la llave para una integración completa con Occidente y, por tanto, un consecuente cambio en las relaciones con Rusia.