La muerte de Charlie Kirk es la última muestra del problema que Estados Unidos tiene con la violencia política. Durante las décadas de 1960 y 1970, el país vivió una espiral de violencia que se cobró la vida del presidente John F. Kennedy, su hermano Robert, Malcolm X y Martin Luther King, entre otros. La polarización política, los profundos cambios sociales que atravesaba la nación y el fácil acceso a las armas conformaron un cóctel explosivo que acabó con numerosas personalidades públicas.

Tras aquellos años de plomo, la situación pareció encauzarse. Líderes de ambos partidos afrontaron la polarización, se rebajó la tensión del debate y, junto con otras medidas —como el refuerzo de la seguridad—, se llegó a pensar que la violencia política era ahora parte del pasado.

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