Una historia terrible pero real

Son las dos de la mañana de una fría noche de finales de invierno en una pequeña población pastoral del noreste de Cisjordania, cuyo nombre no se especificará por la propia seguridad de los afectados. De pronto, los lugareños que hacen guardia divisan un grupo de sombras en lo alto de la colina que rodea a la población. Se trata de unos 100 colonos armados de los asentamientos ilegales de la zona que se han organizado para asaltar el pueblo.

Los colonos israelíes descienden al poblado y empiezan a intimidar a sus habitantes. Los atacantes entran en las casas y destrozan todo a su paso. Si hay algún objeto de valor se lo meten en el bolsillo. Los palestinos que se atreven a plantarles cara reciben una paliza. No tienen piedad con nadie: hasta el más anciano de la población sufre un golpe con un palo que le deja una marca en el cráneo.

Poco a poco, los colonos esposan a toda persona que ven como amenaza, incluso a dos voluntarios internacionales que habían decidido trasnochar en el pueblo para disuadir un posible ataque. Acto seguido, los colonos obligan a uno de los pastores a quitarse la ropa delante de toda la comunidad. Después, le ponen una brida en el pene y le humillan delante de su familia mientras se jactan de sus actos.

Granja palestina cercana a la población donde tuvieron lugar los hechos. Fuente: The Political Room
Granja palestina cercana a la población donde tuvieron lugar los hechos. Fuente: The Political Room

Al marcharse los criminales, los palestinos hacen inventario de los daños recibidos: los colonos han robado casi todas sus ovejas (más de 400), objetos de valor como collares, alianzas y cualquier cosa que se pueda revender, y han destrozado parte de la infraestructura necesaria para subsistir en esta parte del desierto.

Durante el ataque, los palestinos hicieron numerosas llamadas al ejército y a la policía. No recibieron respuesta. La ambulancia y la policía no llegaron hasta la mañana siguiente: no son una prioridad para ellos. Los palestinos lograron poner una denuncia y uno de los colonos fue detenido. En cuanto a las 400 ovejas, jamás las encontraron. ¿Cómo pueden desaparecer 400 ovejas en una zona tan vigilada? Solo cabe una respuesta para los afectados: complicidad de las autoridades.

Semanas más tarde, la justicia hizo todo lo posible para intentar dejar en libertad al colono. Consiguió ofrecerle un arresto domiciliario, que él rechazó, ya que no le permitían quedarse en su casa ilegal construida en terreno palestino. Como respuesta, decidió empezar una huelga de hambre. Israel Katz, ministro de Defensa israelí, pide ahora su libertad incondicional.

Pastores árabes sacando el ganado a pastar en una zona en la que los ataques de los colonos son habituales. Fuente: The Political Room
Pastores árabes sacando el ganado a pastar en una zona en la que los ataques de los colonos son habituales. Fuente: The Political Room

Este es tan solo un ejemplo de los muchos casos de violencia por parte de colonos que sufren miles de palestinos alrededor de Cisjordania. Los israelies no se conforman con colonizar ilegalmente territorio palestino con sus asentamientos, sino que están librando activamente una guerra de intimidación con el objetivo de desplazar al mayor número posible de árabes de varias zonas de la región.

El patrón de intimidación, violencia e impunidad no es nuevo, pero se ha intensificado en los últimos años, ahora arropado por la complicidad de las fuerzas de seguridad y el discurso político israelíes.

De la conquista militar a la conquista demográfica

Durante la Guerra de los Seis Días acaecida en 1967, Israel logró conquistar y ocupar (entre otras regiones) Cisjordania. El ejército hebreo controla desde entonces el «corazón» de Palestina. No obstante, su anexión se ha convertido en una tarea complicada por las implicaciones políticas que la misma conlleva.

Israel podría haber declarado Cisjordania como parte íntegra del Estado hebreo, como lo hizo con Jerusalén o los Altos del Golán. Sin embargo, esto hubiera supuesto darle la nacionalidad israelí a 660.000 palestinos, lo que no solo habría cambiado radicalmente la demografía de Israel, que por aquel entonces contaba con 2,5 millones de habitantes, sino que también habría tenido importantes implicaciones para su sistema político y económico.

Burro de una familia palestina en medio del desierto de Cisjordania. Fuente: The Political Room
Burro de una familia palestina en medio del desierto de Cisjordania. Fuente: The Political Room

Y es que, ampliar de golpe la población de Israel en un 25% con las implicaciones que hubiera tenido en terminos de gasto social y el hecho de tener que integrar en la economía a una región mucho más pobre que el resto del país no era un opción. Es más, si ya a nivel económico la anexión hubiera supuesto un reto para Israel, integrar a más de medio millón de palestinos en el sistema político hubiera sido incluso más arriesgado para la estabilidad del proyecto sionista.

Debe darse cuenta el lector que otorgar en plenos años 60 el derecho a voto a 660.000 palestinos hubiera supuesto tener al menos un 20% de la población impulsando a partidos propalestinos. Además, si se incluye a los árabes israelíes, que ya eran un porcentaje significativo de la población en aquellos años, la proporción simplemente era demasiado alta para el Estado judio. Así pues, dado que el riesgo para los sionistas era tan grande, Israel decidió no anexionar Cisjordania y simplemente ocuparla militarmente.

Pero, ¿cuál era el objetivo de la ocupación? Ganar tiempo para poder vencer la batalla demográfica por el control de Cisjordania. Israel llegó a la conclusión de que la única vía para formalizar su anexión pasaba por sustituir la población árabe por colonos judíos. Desde entonces, los árabes de Cisjordania no tienen derecho a ningún servicio estatal, quedándose en un limbo legal sin ningún tipo de defensa.

En las décadas posteriores, cientos de asentamientos aparecieron en lo alto de las colinas de lo que Israel llama «Judea y Samaria» (Cisjordania). Comenzó entonces el proceso de sustitución demográfica y colonización.

Construcción ilegal de colonos israelíes en terreno palestino en Cisjordania. Fuente: The Political Room
Construcción ilegal de colonos israelíes en territorio palestino. Fuente: The Political Room

La ingeniería de la radicalización

El arquetipo del colono suele ser el mismo: judíos muy religiosos que no valen para estudiar la Torá y que tampoco valen para llevar a cabo otro tipo de estudios. En otras palabras: las «ovejas negras» de las familias religiosas, que además suelen ser violentas y estar radicalizadas. El gobierno de Israel intenta captarles a través de la promoción de ayudas económicas para establecerse en zonas estratégicas, siempre con la intención de aislar a pueblos palestinos y maximizar la cantidad de terreno usurpado.

Una vez captados, el proceso es casi siempre idéntico. De un día para otro, un grupo de caravanas aparece en lo alto de una colina en Cisjordania, sobre un terreno que pertenece a una familia palestina. Poco puede hacer la familia ante la situación: el Estado concede a los colonos permisos para portar armas bajo el argumento de la «defensa personal». Y no solo eso: cada vez es más habitual verlos escoltados por soldados del ejército israelí (el IDF, por sus siglas en inglés). La aparición de estas caravanas es una sentencia de muerte tácita para las comunidades palestinas de la zona.

Granja recientemente conquistada por los colonos. Allá donde expulsan a comunidades palestinas, plantan la bandera israelí como signo de conquista. Fuente: The Political Room
Granja recientemente conquistada por los colonos. Allá donde expulsan a comunidades palestinas, plantan la bandera israelí como signo de conquista. Fuente: The Political Room

En las semanas siguientes, las caravanas se empiezan a expandir. Pronto llegan excavadoras y grúas que construyen nuevas casas lujosas con todo tipo de servicios. Las viviendas cuentan con electricidad, cobertura y agua que Israel obtiene de manera ilegal gracias a los recursos naturales de Cisjordania. Muchos de estos servicios son gratuitos para los colonos.

Los asentamientos ilegales necesitan estar conectados con el resto del mundo, por lo que Israel construye nuevas carreteras diseñadas para arrasar, dividir y aislar comunidades palestinas. La cantidad de asentamientos ilegales es tan grande que Cisjordania cuenta con una red vial paralela a la palestina reservada a los colonos.

Algunos asentamientos en Cisjordania son supuestamente ilegales incluso bajo el derecho israelí, ya que no cuentan con la aprobación de las autoridades hebreas. No obstante, las fuerzas de seguridad del Estado no se oponen a su establecimiento y son cómplices activos de los crímenes de los colonos radicales.

Puestos del ejército israelí en la zona C de Cisjordania. Desde ellos, los soldados a menudo son testigos de los ataques de colonos a poblaciones palestinas. Fuente: The Political Room
Puestos del ejército israelí en la zona C de Cisjordania. Desde ellos, los soldados a menudo son testigos de los ataques de colonos a poblaciones palestinas. Fuente: The Political Room

En la sociedad israelí, a través de los medios de ultraderecha, se les tilda de «valientes pioneros» que van a reclamar, en una zona hostil, la tierra que les fue prometida hace 3.000 años. Lo cierto es que, bajo el derecho internacional, es un acto completamente ilegal que viola el artículo 49 del IV Convenio de Ginebra, que prohíbe explícitamente la transferencia de población del país ocupante al ocupado.

Los asentamientos ilegales no solo violan este artículo: hay todo un apéndice de violaciones del derecho internacional que Israel está llevando a cabo en Cisjordania con total impunidad. Mientras tanto, la población local, que ya era extremadamente vulnerable de por sí, ve cómo lo poco que tiene está bajo ataque constante de los colonos.

Después de acabar con Gaza, es el turno de Cisjordania

Desde el final de la guerra en Gaza y el inicio de las hostilidades con Irán, Israel ha intensificado su ofensiva en Cisjordania aprovechando que el foco mediático está en el Golfo Pérsico.

Según Peace Now, una ONG israelí que denuncia la situación en Cisjordania, existen actualmente 146 asentamientos que han sido oficialmente establecidos por el gobierno (excluyendo a Jerusalén Este). Asimismo, se pueden contar hasta 390 asentamientos ilegales bajo el derecho israelí (igualmente ilegales bajo el derecho internacional). En total, viven unos 600.000 colonos israelíes en territorio palestino, frente a una población palestina en Cisjordania de aproximadamente tres millones.

Mapa de PeaceNow que muestra en rojo los asentamientos israelíes en tierra palestina.
Mapa de PeaceNow que muestra en rojo los asentamientos israelíes en tierra palestina, 2023.

El Ministerio de los Asentamientos y Misiones Nacionales ha redoblado sus esfuerzos en los últimos meses con el objetivo de expulsar a aquellos palestinos que todavía resisten las redadas de los colonos. Las fuerzas del orden se lavan las manos ante los brutales actos de violencia perpetrados por aquellos criminales que el propio gobierno apoya económicamente.

El modus operandi de los colonos y el gobierno de Israel para expulsar a las comunidades árabes de la zona es casi siempre el mismo. Los encontronazos empiezan con ataques esporádicos, normalmente de noche, por parte de colonos a las poblaciones palestinas. Los violentos criminales entran a las casas o tiendas destrozando parte del mobiliario.

Después, la crueldad de los ataques se intensifica y se vuelven más habituales. Los colonos llegan armados en sus vehículos a plena luz del día (a veces hasta escoltados por el ejército) y destrozan infraestructura clave como depósitos de agua o sistemas de riego. Además, suelen intentar robar el ganado de los pastores, su bien más preciado.

Depósitos de agua una granja palestina bajo orden de demolición. Estos depósitos suelen ser el objetivo principal de los ataques de los colonos. Fuente: The Political Room
Depósitos de agua de una granja palestina bajo orden de demolición. Estos depósitos suelen ser el objetivo principal de los ataques de los colonos. Fuente: The Political Room

Un pastor entrevistado que prefirió permanecer en el anonimato por su propia seguridad confesó que cada vez que intentaba salir de su granja sufría ataques de colonos, que a menudo lo esposaban, le ponían una venda en los ojos y lo dejaban en medio del desierto durante horas. Otro denunció que un grupo de colonos le metió una paliza a su hijo de once años cuando llevaba a pastar al ganado, sin motivo alguno.

Llegados a este punto, muchos palestinos deciden huir a las grandes ciudades lejos de la inseguridad del campo. Una vez desalojan sus casas, los colonos no tardan en destrozarlas con buldóceres, plantando banderas israelíes en señal de conquista. Los que deciden quedarse tienen que hacerle frente a una nueva forma de acoso: la presión legal.

Los colonos logran, con la complicidad de la justicia israelí, emitir órdenes de demolición de las casas de los palestinos, alegando que los papeles de propiedad del terreno no son válidos. Muchas de las familias de la Palestina rural todavía tienen los papeles que en su día emitieron las autoridades coloniales otomanas hace más de un siglo. Israel rara vez les deja actualizarlos, precisamente con el objetivo de deslegitimar cualquier intento de justificar su propiedad.

Carteles vandalizados por colonos radicales. Suelen borrar los nombres en árabe y pintar estrellas de David por encima. Fuente: The Political Room
Carteles vandalizados por colonos radicales. Suelen borrar los nombres en árabe y pintar estrellas de David por encima. Fuente: The Political Room

Una vez se emite la orden de demolición, los palestinos tienen los días contados. Hasta ahora prácticamente nadie ha podido apelar las órdenes en los tribunales. Los abogados que intentan defender a los pastores indefensos a veces consiguen posponer la demolición unos meses, pero es cuestión de tiempo que aparezca un buldócer para destrozar la casa donde han vivido durante varias generaciones.

Según comentan unos pastores de la zona, hace unos años, cuando denunciaban un ataque por parte de los colonos, la policía solía acudir al sitio a poner orden. Ahora la policía y el ejército no solo no responden, sino que, cuando lo hacen, normalmente acaban arrestando a los palestinos que sufren el ataque.

En un pueblo ahora completamente abandonado, diez kilómetros al este de Tubas, en Cisjordania, tan solo quedan las ruinas de una escuela que había sido construida con la ayuda de la Unión Europea para una comunidad de medio millar de personas.

Ruinas del colegio comunitario. El resto de los escombros de las casas del antiguo pueblo ya han sido retiradas. Fuente: The Political Room
Ruinas del colegio comunitario. El resto de los escombros de las casas del antiguo pueblo ya han sido retiradas. Fuente: The Political Room

Según cuentan los vecinos de poblaciones cercanas, después de intimidar y expulsar a los palestinos del pueblo y posteriormente destruir sus casas, los colonos hicieron una fiesta con comida, música techno y todo tipo de provisiones conmemorando la conquista. Acto seguido, culminaron la celebración tirando abajo el colegio.

La arquitectura política que apoya la colonización

La reciente ola de violencia no se puede entender sin tener en cuenta las elecciones generales que se celebrarán en Israel el próximo mes de octubre. El gobierno actual de Netanyahu se sostiene gracias a frágiles alianzas con partidos incluso más radicales y ultraderechistas que el suyo.

Ministros como Smotrich (economía) y Ben-Gvir (seguridad nacional) han aplaudido las acciones de los colonos violentos y sus planes de expansión en Cisjordania. Bezalel Smotrich recientemente logró aprobar un paquete de unos 33 millones de euros que tiene como objetivo tomar el control de sitios históricos en Cisjordania para «promover el desarrollo turístico de la zona». En realidad, el plan pretende ocupar por la fuerza más terreno de familias palestinas e incorporarlo al Estado —de facto— israelí.

Skyline de Tel Aviv capturado desde Jaffa. Fuente: The Political Room
Skyline de Tel Aviv capturado desde Jaffa. Fuente: The Political Room

Gran parte de la sociedad israelí apoya la construcción de estos asentamientos a pesar de las acciones de sus habitantes, por lo que la mayoría de los políticos que se presentan a las elecciones, incluso algunos más moderados que Netanyahu como Gadi Eizenkot, defienden en diferente medida la existencia de estas colonias ilegales.

Los candidatos de ultraderecha no solo las defienden, sino que apoyan las acciones violentas de los colonos y han prometido expandir los permisos para crear asentamientos por toda Cisjordania.

Poner fin a los asentamientos no es una opción realista en el panorama político israelí. No solo por temas éticos o porque imposibilita la implementación de la solución de los dos Estados, sino porque podría poner en peligro la estabilidad de Israel.

Sistema de trincheras conocido como la 'Crimson Line' en construcción en el noreste de Cisjordania. Fuente: The Political Room
Sistema de trincheras conocido como la 'Crimson Line' en construcción en el noreste de Cisjordania. Fuente: The Political Room

Los colonos, en su mayoría, son fanáticos religiosos, por lo general poco educados y armados hasta los dientes. Se estima que un tercio de los «civiles» en los asentamientos poseen licencia de armas y fusiles que no dudan en blandir cada vez que confrontan a los palestinos.

Si llegase al poder un gobierno que se comprometiese a cortar la ayuda al medio millón de colonos en Cisjordania o incluso a desalojarlos, estos podrían organizarse y llevar a cabo una resistencia armada que llevaría al país a un serio conflicto interno.

Ningún político se atreve a cuestionar seriamente el estatus de los colonos, y por ahora no existen soluciones para la expansión de los asentamientos y el aumento de la violencia. Las elecciones no cambiarán nada, y a las comunidades rurales palestinas solo les queda esperar que la comunidad internacional presione a Israel lo suficiente para que acabe su pesadilla.

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