Los grupos eran bastante reducidos, no más de un par de personas. Las visitas se producían con cierta frecuencia, semanal incluso. Entraban en Izhevsk bajo el título de ingenieros, técnicos de pruebas de vuelo y representantes comerciales. En la correspondencia interna, el trabajo aparecía descrito como “montaje”, “adaptación” o ensayos de “control de vuelo”. 

Estas visitas, registradas en más de media docena de ocasiones desde el segundo trimestre del año pasado, han puesto en el punto de mira a la Planta Electromecánica de Izhevsk y a su empresa matriz, IEMZ Kupol. ¿La razón? Un episodio más en la ya consolidada cooperación militar entre Rusia y China en materia de drones. 

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