La guerra en Ucrania no solo se libra en los campos de batalla: también ha desatado una compleja red de apoyos indirectos que alimentan el conflicto desde el exterior. Uno de los actores que más atención ha generado es China. A pesar de que Pekín insiste en su papel neutral e incluso se ofrece como mediador, cada vez hay más indicios que apuntan a una implicación sutil pero significativa.

Desde semiconductores de última generación hasta maquinaria industrial y herramientas de precisión, una amplia gama de productos chinos ha contribuido a que Rusia sortee las sanciones impuestas por Occidente. Aunque oficialmente se trata de exportaciones para fines civiles, muchos de estos bienes han terminado reforzando el aparato militar ruso. Gracias a este flujo, Moscú ha podido reabastecer su arsenal, actualizar su tecnología y mantener a flote la operatividad de sus fuerzas armadas, incluso en medio de una guerra prolongada.

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