De Taiwán a Arizona: la odisea de TSMC en suelo estadounidense
A finales de los años 80, Estados Unidos y Japón se encontraban inmersos en una escalada de tensiones económicas y tecnológicas. La carrera por la supremacía en innovación desequilibró la balanza comercial y situó en el epicentro del conflicto a un pequeño pero decisivo componente: el semiconductor. La disputa no culminó en una ruptura total, sino en un enredo estratégico, incómodo pero inevitable.
Japón accedió a incrementar la importación de chips estadounidenses y a moderar las prácticas que alimentaban las sospechas de espionaje industrial, mientras que Washington apostó por revitalizar su propia capacidad de investigación y desarrollo mediante alianzas público-privadas. La historia reveló que, aunque Estados Unidos proclamara una victoria táctica, ya se habían sembrado las semillas para una nueva geografía del semiconductor, una transformación que pronto tomaría forma en Samsung (Corea del Sur), TSMC (Taiwán) y, más adelante, SMIC (China).
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