De Irak a Haití: El retorno de Erik Prince
Puerto Príncipe, junio de 2025. La goma de los neumáticos arde en forma de barricada. Las pandillas armadas controlan ya más del 80% de la capital, paralizando las frágiles instituciones de Haití. Los restos de lo que antaño fue un gobierno tratan de aferrarse al poder con uñas y dientes. En este vacío de soberanía, ha surgido un nuevo tipo de actor, no bajo una bandera ni dentro de una cadena de mando formal, sino desde la subcontratación militar. Su nombre es Erik Prince.
Para quienes han seguido las aventuras globales de Estados Unidos tras el 11-S, Erik Prince es ya un viejo conocido. Ex Navy Seal y heredero de una familia industrial de Michigan, Prince irrumpió en la escena geopolítica como fundador de Blackwater, la firma militar privada que se convirtió en emblema de la guerra estadounidense en Irak. El ascenso de Blackwater podríamos calificarlo como meteórico. Su caída, ciertamente catastrófica. La masacre de la plaza Nisour en 2007, donde operativos de la empresa mataron a 17 civiles iraquíes, proyectó una larga sombra condenatoria. Muchos os preguntaréis si esto significó el fin del juego para Prince. La realidad es que simplemente cambió de fichas.
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