El Golfo Pérsico está experimentando una tendencia asimétrica que puede condicionar el devenir de su futuro desarrollo económico. Mientras que todos los países de la región siguen apostando por la desalinización para satisfacer una creciente demanda de agua, la mayor parte de países han experimentado en el último año temperaturas superiores a los 50 grados Celsius que, junto a la aparición de sequías cada vez más frecuentes, está conduciendo a la deforestación y al establecimiento de condiciones propicias para la aparición de incendios.

Un contexto que muchos analistas consideran que se puede ver alimentado por las externalidades negativas de la instalación en masa de plantas de tratamiento de agua salada. En los últimos 50 años, varios ríos de Oriente Medio han perdido casi la mitad de su caudal anual. Por ejemplo, el tamaño del lago Urmia en Irán se ha reducido a la mitad, de 5.400 kilómetros cuadrados en la década de 1990 a 2.500 kilómetros cuadrados. Los datos muestran que en todo Oriente Medio, la cantidad de agua per cápita cada año es cada vez menor.

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