El territorio de ultramar francés de Nueva Caledonia lleva desde la noche del 12 de mayo viviendo una serie de disturbios significativos que han llevado a París a tomar medidas drásticas para sofocar las violentas protestas. 

Durante las últimas tres noches, grupos de isleños independentistas han saqueado tiendas, destruido viviendas y bloqueado carreteras en una ola de violencia sin precedentes en los últimos años.

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Barricada en una carretera de Nueva Caledonia. Fuente: AFP via Twitter

Hasta cuatro personas han muerto fruto de los disturbios y más de cien implicados han sido ya arrestados por las autoridades francesas. 

Las protestas surgieron a raíz de la aprobación de un decreto en la Asamblea General de París, que permite a los franceses que llevan más de 10 años viviendo en la isla votar en las elecciones locales.

De esta forma, los kanak (habitantes indígenas de Nueva Caledonia) verán su representación en la política local más diluída y será más difícil alcanzar la mayoría a favor de la independencia en un futuro referéndum. 

En este sentido, la cuestión de la independencia en Nueva Caledonia ha sido el tema más relevante en la historia moderna de la isla. Tras la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de las colonias francesas lograron su tan ansiada independencia. 

En Nueva Caledonia, al contrario que en otros territorios, la población francesa era bastante significativa y, a pesar de que los kanaks eran el grupo étnico mayoritario, la isla jamás logró la independencia.

A partir de 1976 y tras el descubrimiento de grandes reservas de minerales (especialmente níquel), los grupos independentistas kanaks comenzaron a movilizarse de forma violenta para intentar presionar al gobierno francés. 

El grupo independentista socialista FLNKS llegó a controlar tres de las cuatro provincias de la isla y, de manera similar a lo que se está viviendo actualmente, bloquearon numerosas carreteras, saquearon comercios y destruyeron propiedades, especialmente aquellas que pertenecían a los colonos blancos. 

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Despliegue de policía antidisturbios en Nueva Caledonia. Fuente: CNBC

Algunas facciones más radicales llegaron a tomar rehenes y el conflicto se resolvió con amplias concesiones por parte de Francia, especialmente en lo que respecta a su autonomía. La decisión tomada por la Asamblea General esta semana se interpreta por los kanaks como un retroceso (o una amenaza) a esa autonomía que les fue concedida en las últimas décadas. 

Por ese motivo los kanaks han decidido empezar ahora una serie de protestas violentas al estilo de aquellas de los 80’ que finalizaron con el cumplimiento de muchas de sus demandas. 

En los últimos años han tenido lugar tres referéndums en los que los habitantes de la isla han decidido permanecer en la república francesa, a pesar de que los resultados han sido muy ajustados. El de 2018 se saldó con un 56,7% de la población a favor de permanecer en Francia. El de 2020 redujo el porcentaje al 53,4%. El tercer referéndum ocurrió en diciembre de 2021 y fue boicoteado por los independentistas, llevando a un 96% la tasa de apobración a favor de París.

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Otra barricada en una carretera. Fuente: Lilou Garrido via Reuters

Lo cierto es que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las tensiones raciales en Nueva Caledonia han sido importantes. El grupo étnico más grande siguen siendo los kanaks, con aproximadamente un 39% de la población total. A estos, le siguen de cerca los europeos con un 27%. 

La brecha social entre ambos grupos es grande y las tensiones en el día a día son habituales. Según un neocaledonio de origen europeo anónimo vivir en Nueva Caledonia siendo “blanco” cada vez se vuelve más difícil: los kanaks tratan a los europeos (incluso a los que llevan varias generaciones en la isla) como “invasores” e ilegítimos habitantes de Nueva Caledonia y la sociedad cada vez se radicaliza más.

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Distribución de la población indígena y europea en Nueva Caledonia e islas cercanas.

Tras el estallido de los disturbios el gobierno francés ha establecido el estado de emergencia el pasado miércoles y ha desplegado al ejército para luchar contra los manifestantes. Las tropas francesas han tomado aeropuertos y puertos de gran relevancia y ha llegado a haber disparos por ambos bandos. 

Asimismo, se han desplegado 500 policías adicionales para ayudar a los 1.800 agentes que se encuentran de forma permanente en la isla, según indica Reuters. El grupo independentista FLNKS no ha tardado en condenar la violencia usada por los grupos que han organizado los disturbios como el CCAT y ha llamado al diálogo.

Otra de las medidas del Elíseo ha sido vetar el uso de TikTok durante los doce días que durará el estado de alarma. Esta medida se ha tomado para prevenir la difusión de contenido audiovisual que pueda incitar a la rebelión o pueda ayudar a difundir información acerca de las tropas francesas que suponga ponerlas en peligro. 

La prohibición de la red social china es común en zonas de conflicto y en países cuyos gobiernos viven en un constante miedo a movilizaciones populares e insurgencias terroristas. 

Por ejemplo, durante las tensiones fronterizas entre Azerbaiyán y Armenia en 2022, ambos gobiernos prohibieron la utilización de la red social para prevenir la difusión de contenido sensible para las operaciones de ambos países.

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Mapa de Nueva Caledonia donde se indica dónde han tenido lugar los incidentes. Fuente: RYBAR via Twitter

Francia es, precisamente, uno de los actores más activos en el conflicto entre las dos naciones del Cáucaso. París ha apoyado a Ereván a lo largo de su conflicto con Bakú dados los fuertes vínculos entre el país galo y Armenia. 

Francia, durante el principio del siglo XX se mostraba como la “gran protectora” de los cristianos de Oriente Próximo. A lo largo de dicho siglo, las relaciones entre ambas naciones (con un hiato durante la ocupación soviética) han sido excelentes. 

Desde el fin del conflicto del Nagorno Karabaj y con la amenaza constante de Aliyev de invadir territorio armenio, Francia ha dado un paso al frente y se ha comprometido a dotar de armamento a Ereván para que se pueda defender en un futuro conflicto, algo que no ha sentado muy bien en Azerbaiyán, país con el que París mantiene unas relaciones diplomáticas tensas desde hace años.

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Coche calcinado y dos disidentes, uno de ellos con la bandera de Nueva Caledonia. Fuente: The Guardian

La tensión en el Cáucaso parece haberse trasladado al Pacífico. Este jueves el Ministerio del Interior de Francia ha declarado que Azerbaiyán ha estado apoyando activamente a grupos de separatistas y que “se han llegado a acuerdos” entre el país del Cáucaso y los grupos rebeldes. 

Según el Ministerio, Bakú lleva meses alimentando la retórica “anticolonial” en la isla y podría haber formado o financiado a los grupos detrás de los saqueos y otros tipos de disturbios.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán ha rechazado las acusaciones de Francia tildándolas de “inaceptables”. El portavoz del ministerio ha negado cualquier vínculo entre Bakú y los líderes independentistas y ha llamado a “acabar con la campaña de calumnias y acusaciones falsas”. 

Además, el portavoz ha aprovechado para “recordar” al país galo su historial de crímenes contra la humanidad hacia la población local y ha instado a Francia a “revisar sus políticas fallidas con respecto a sus territorios de ultramar”.

La posible injerencia de Azerbaiyán en el territorio de ultramar francés en Oceanía es un buen ejemplo de los tiempos en los que vivimos. Sería un craso error confinar la “lucha geopolítica” a un territorio concreto. 

La globalización de los conflictos internacionales fuerza a desmarcarse de su concepción tradicional y tener en cuenta a cualquier actor, internacional o nacional, sea donde sea. No obstante, la cuestión del estatus y convivencia interétnica de Nueva Caledonia no se acabará con el apoyo de Bakú a los grupos independentistas. 

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Macron en una visita a Nueva Caledonia. Fuente: AFP

El dilema del territorio de ultramar lleva siendo un rompecabezas para sus habitantes y para París y no parece haber una solución en el horizonte. El componente violento de las protestas de estos últimos tres días tiene el potencial de abrir un nuevo capítulo en la historia contemporánea de la isla. La forma en la que Macron lidie con los disturbios en las próximas semanas será clave para el devenir de la isla.

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