Desde el cese de las hostilidades en la Segunda Guerra Mundial, la relación entre Japón y la República Popular Democrática de Corea (RPDC), comúnmente conocida como Corea del Norte, se ha caracterizado por un patrón cíclico de intentos de acercamiento y distanciamiento.  Los primeros han sido obstaculizados por una confluencia de factores y problemas extendidos en el tiempo que han afectado a las relaciones bilaterales.

Estos problemas abarcan un amplio espectro, aunque destacan principalmente cuatro de ellos. Por parte de Pyongyang, la insistencia en el reconocimiento y la reparación de las atrocidades cometidas durante la era colonial por el estado nipón, así como la hostilidad perenne hacia sus vecinos del sur, especialmente Estados Unidos y el propio Japón, considerando a este último un “subyugado” a los intereses y dictados de Washington. 

Mapa de Japón y Corea (1945), National Geographic
Mapa de Japón y Corea (1945), National Geographic. Fuente: Dominio Público

Por su parte, en Tokio, la politización de los casos de secuestro, el espectro de la proliferación nuclear, las actividades provocadoras con misiles y el legado histórico conflictivo entre las dos naciones ha precipitado en los últimos años un estancamiento desalentador de las relaciones.

A lo largo de este artículo vamos a analizar la historia conjunta de estos dos países hasta la actualidad, para así poder entender el cómo y el porqué de las relaciones actuales entre ambos actores.

IDAS Y VENIDAS EN UNA HISTORIA SIN RESOLVER

Como ya se ha introducido, la historia de las relaciones entre Japón y Corea del Norte abarca una compleja red de cambios históricos, políticos, estratégicos y sociales. Especialmente desde las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, la relación entre estas dos naciones ha estado caracterizada por una mezcla de intentos de reconciliación, tensiones sin resolver y maniobras estratégicas por parte de ambos páises.

La ocupación japonesa de la península de Corea, que duró desde 1910 hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial, se erige como un capítulo crucial en la historia del noreste de Asia. Japón buscó asimilar a Corea en su imperio (estrategia llamada en japonés “Naisen ittai”) priorizando la prosperidad japonesa a expensas de la cultura y los recursos coreanos. Este dominio imperial, que abarcó más de tres décadas, infligió un daño significativo en la identidad nacional y el bienestar de Corea y sus habitantes.

En este periodo destaca la Marcha del Primero de Marzo de 1919, un movimiento de protesta a nivel nacional contra el dominio japonés que estalló en toda Corea, simbolizando el ferviente deseo del pueblo coreano por la independencia. Un movimiento que fue reprimido con mano dura, saldándose con aproximadamente más de 7.500 muertos y casi 47.000 arrestos.

Durante la década de 1940 estalló la Guerra del Pacífico, lo que llevó a una mayor agresión japonesa en Asia, incluida la península de Corea. Los coreanos se vieron obligados a adoptar nombres japoneses y los hombres fueron reclutados para el ejército, mientras que el trabajo forzado y la explotación de civiles se intensificaron perturbando los lazos familiares, un elemento profundamente arraigado en la cultura coreana.

Vista de la playa de la isla Betio, atolón de Tarawa, islas Gilbert, después de la invasión estadounidense en noviembre de 1943.
Vista de la playa de isla Betio, atolón de Tarawa, islas Gilbert, después de la invasión estadounidense en noviembre de 1943. Fuente: Biblioteca de EEUU

La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945 con la derrota de Japón, marcando el fin de la ocupación de la península de Corea. Posteriormente, el Tratado de Paz de San Francisco de 1951 buscó normalizar las relaciones entre Japón y varios países. Este tratado no incluía a Corea del Norte, separada del sur unos años antes, en 1948.

Además, el papel de Japón como cuasi beligerante en la Guerra de Corea (1950-1953), permitiendo el uso de su territorio por parte de Estados Unidos para operaciones militares contra Corea del Norte, complicó aún más las relaciones.

Durante la era de la Guerra Fría, la seguridad de Japón permaneció estrechamente vinculada a los Estados Unidos, como se detalla en el Tratado de Seguridad entre ambos de 1951. A pesar de los intentos esporádicos de compromiso en la década de 1970, impulsados en parte por los intereses económicos de Japón, las relaciones bilaterales entre Japón y Corea del Norte continuaron fluctuando.

El fin de la Guerra Fría trajo cambios significativos al panorama de seguridad regional, lo que llevó a Japón a priorizar la normalización de las relaciones con Corea del Norte. Sin embargo, los intentos de normalización en la década de 1990 fueron obstaculizados, de nuevo, por varios problemas no resueltos, incluidas las quejas históricas y las disputas de seguridad.

Los coreanos enfrentaron discriminación, trabajo forzado y la brutal represión de su cultura e idioma. El legado de las atrocidades japonesas sigue alimentando la animosidad en ambas Coreas, donde el sentimiento antijaponés sigue siendo generalizado. En el caso del norte, las quejas históricas moldean la propaganda y la política exterior del régimen, retratando a Japón como un enemigo irreparable. Japón, por su parte, también considera a Corea del Norte como un elemento de preocupación, como se pudo ver en sus nuevos documentos de defensa publicados en el año 2022.

El tema de los secuestros, la cuestión nuclear, las pruebas de misiles y las preocupaciones sobre los derechos humanos han surgido como dificultades importantes para las relaciones entre Japón y Corea del Norte, convirtiéndose la insistencia de Japón en el regreso de los ciudadanos japoneses secuestrados por Corea del Norte en un punto central de su política hacia la RPDC.

Tripulación de un tanque M24 enfrente del río Naktong, 17 de agosto de 1950. Fuente: Dominio Público
Tripulación de un tanque M24 enfrente del río Naktong, 17 de agosto de 1950. Fuente: Dominio Público

A pesar de las señales ocasionales de progreso, como la Declaración de Pyongyang de 2002, las relaciones entre Japón y Corea del Norte han permanecido en gran medida estancadas en las últimas décadas. Esta declaración llegó en un momento en que el panorama global fue remodelado por las secuelas de los ataques del 11 de septiembre, con Corea del Norte señalada en el contexto de la 'guerra contra el terror' de EE. UU. 

La declaración reconoció la necesidad de establecer una relación política, económica y cultural positiva entre Japón y la RPDC, enfatizando la importancia de resolver las quejas del pasado. Sin embargo, fue de corta duración. Ese mismo año, Corea del Norte reveló que había secuestrado a 13 ciudadanos japoneses, lo que llevó a una indignación pública generalizada en Tokio. Si bien se permitió que cinco secuestrados regresaran temporalmente, la revelación de las muertes de ocho secuestrados tensó aún más las relaciones.

UN TEMA PRINCIPAL: LOS SECUESTRADOS JAPONESES.

El secuestro de ciudadanos japoneses por parte de Corea del Norte se erige como uno de los problemas más conmovedores y no resueltos en la geopolítica del este asiático, que se remonta a la tumultuosa década de 1970. Durante este período, numerosos incidentes involucraron, supuestamente, el secuestro de nacionales japoneses por agentes norcoreanos.

Varias teorías intentan explicar los motivos detrás de estos secuestros, con algunas sugiriendo que estaban destinados a intimidar a las autoridades de Corea del Sur y socavar su reclamo sobre la península de Corea. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón identifica otros motivos, como el robo de identidad, el reclutamiento y el entrenamiento en actividades de espionaje.

Hasta el día de hoy, Japón ha confirmado 17 ciudadanos desaparecidos, pero el número real de secuestrados sigue siendo desconocido, con estimaciones que sugieren que podría ser mucho mayor, posiblemente alrededor de 100 individuos, aunque, insistimos, son cifras sin confirmar.

La gravedad de la situación llegó al panorama global cuando el líder norcoreano Kim Jong Il admitió los secuestros de 13 personas durante una reunión con funcionarios japoneses en septiembre de 2002.

El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi (derecha), es acompañado por el líder norcoreano Kim Jong-il a una sala de conferencias para su histórica cumbre en Pyongyang en esta foto de archivo del 17 de septiembre de 2002 (Japan Pool/Cortesía Reuters).
El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi (derecha), es acompañado por el líder norcoreano Kim Jong-il a una sala de conferencias para su histórica cumbre en Pyongyang, 17 de septiembre de 2002. Fuente: Japan Pool/Cortesía Reuters

El tema de los secuestros ha trascendido sus dimensiones humanitarias para convertirse en un asunto altamente politizado dentro de Japón, con implicaciones tanto para la política doméstica como para la exterior. Las sucesivas administraciones japonesas han ido implementando una serie de medidas destinadas a ejercer presión sobre Corea del Norte, abogando por el regreso seguro de los secuestrados. Estas medidas han incluido el establecimiento de cuerpos gubernamentales especializados, campañas de concienciación para arrojar luz sobre los abusos de derechos humanos de Corea del Norte y esfuerzos diplomáticos para reunir apoyo internacional para la causa de Japón.

La confesión de la autoría de los secuestros, junto con una disculpa de Pyongyang, inicialmente aumentó las esperanzas de resolver la crisis diplomática. También en 2002, se permitió que cinco secuestrados regresaran a Japón bajo la administración de Koizumi Jun'ichirō, marcando un paso significativo, aunque parcial, hacia la conclusión del problema.

Sin embargo, a pesar de todas las promesas hechas, Corea del Norte no ha proporcionado explicaciones satisfactorias ni evidencias creíbles sobre el paradero y el bienestar de los ciudadanos secuestrados.El gobierno japonés está comprometido en traer de vuelta a todas las víctimas desaparecidas y reunirlas con sus familias. Sin embargo, Pyongyang se niega a liberar a los rehenes, alegando la participación de estas personas en actos de espionaje y terrorismo.

El problema de los secuestros sin resolver preocupa profundamente no solo a políticos, sino a la sociedad japonesa en su conjunto, lo que ha provocado campañas sociales y esfuerzos diplomáticos a nivel nacional para concienciar y buscar una solución. Ejemplos de casos recientes incluyen el mensaje de la madre de Yokota Megumi, una niña de 13 años secuestrada en 1977, pidiendo su regreso a finales de 2023, y las reuniones en mayo de 2024 del Secretario en Jefe del Gabinete, Hayashi Yoshimasa, con familiares de ciudadanos supuestamente secuestrados por Corea del Norte.

Familiares de Megumi Yokota. Fuente: 1242.com
Familiares de Megumi Yokota. Fuente: 1242.com

SITUACIÓN ACTUAL EN RELACIÓN A LA SEGURIDAD Y LA DEFENSA

A medida que persisten los sentimientos antijaponesas en Corea del Norte, profundamente arraigados en disputas históricas, el problema de las pruebas nucleares y de misiles plantea un desafío significativo para la estrategia de seguridad y defensa de Japón, amplificando las tensiones en todo el noreste de Asia. 

Las acciones “provocadoras” de Pyongyang. incluidas tres pruebas nucleares realizadas en 2006, 2009 y 2013, han aumentado la inestabilidad regional. Esto se acompañó de la reactivación del reactor nuclear en Yongbyon y el lanzamiento del misil de largo alcance Unha-3, subrayando la determinación de Pyongyang de avanzar en sus capacidades nucleares.

En los últimos años, la persistente desobediencia de Corea del Norte a las normas internacionales y su postura agresiva sobre su programa de armas han seguido siendo, junto con el tema de los secuestros, una preocupación primordial para Japón. A pesar de los repetidos llamamientos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (UNSC) para el desmantelamiento completo de armas de destrucción masiva y misiles balísticos de manera verificable e irreversible, Corea del Norte ha continuado desafiando estas directivas, aumentando aún más si cabe, las tensiones en la región.

En 2021, Corea del Norte llevó a cabo cuatro lanzamientos de misiles balísticos, una violación flagrante de las resoluciones pertinentes del UNSC. Desde el comienzo de 2022, la beligerancia de Corea del Norte se ha intensificado en la frecuencia y sofisticación de sus pruebas de misiles balísticos. El 27 de febrero, el 5 de marzo y el 24 de marzo de este mismo año, el régimen lanzó, presuntamente, misiles balísticos intercontinentales que cayeron dentro de la zona económica exclusiva de Japón, subrayando la amenaza directa que puede llegar a suponer para la seguridad japonesa.

Esta serie de acciones ha hecho sonar las alarmas en Japón, literal y metafóricamente, llevando a Tokio a reiterar su compromiso inquebrantable de implementar plenamente las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad de la ONU y perseguir la desnuclearización de Corea del Norte.

En respuesta a las provocaciones nucleares, Japón ha implementado varias medidas para salvaguardar sus intereses de seguridad nacional. Estas medidas han incluido prohibiciones comerciales y restricciones a las visitas de altos funcionarios norcoreanos a Japón. Además, las Naciones Unidas, con el apoyo de China, han impuesto sanciones económicas a Corea del Norte para disuadir una mayor proliferación nuclear.

En 2022, Corea del Norte emitió una severa advertencia en respuesta a la adopción por parte de Japón de una estrategia de seguridad nacional destinada a fortalecer sus capacidades militares. Pyongyang denunció las acciones de Japón como un intento flagrante de transformarse en una potencia militar ofensiva, aumentando las preocupaciones sobre la estabilidad regional y desencadenando temores de una carrera armamentista.

El régimen norcoreano, en su retórica, acusó a Estados Unidos de respaldar las ambiciones militaristas de Japón, complicando aún más la delicada dinámica geopolítica en la región y socavando los esfuerzos hacia una resolución pacífica de los conflictos. Mientras, Tokio ha enfatizado la necesidad imperativa de establecer una estrecha coordinación con Estados Unidos y Corea del Sur, así como una robusta cooperación con la comunidad internacional para abordar eficazmente los desafíos de seguridad que emanan de la postura “agresiva” de Corea del Norte.

Los cristianos coreanos fueron crucificados después de las protestas del Movimiento del 1 de Marzo (1919).
Los cristianos coreanos fueron crucificados después de las protestas del Movimiento de Primero de Marzo de 1919. Autor: David Hyun

Más allá de la amenaza nuclear inmediata, Japón también sospecha que Corea del Norte mantiene programas de armas químicas y biológicas, lo que plantea desafíos adicionales de seguridad. Asimismo, a Tokio no solo le preocupa la guerra tradicional, sino también las capacidades de guerra cibernética de Corea del Norte, con aproximadamente 3.000 tropas entrenadas para ataques altamente eficientes, ya que ha demostrado su capacidad para interrumpir infraestructuras críticas y causar daños económicos significativos. En respuesta, Japón, junto a otros actores como Israel, ha colaborado para establecer programas de ciberseguridad robustos destinados a frustrar posibles amenazas cibernéticas que apunten a activos militares, instalaciones estratégicas e infraestructuras del sector privado.

CONCLUSIÓN

Como hemos visto, aunque los recientes gestos diplomáticos sugieren un posible deshielo en las relaciones entre Japón y Corea del Norte, siguen existiendo obstáculos significativos para lograr una paz y estabilidad duraderas.

Eventos recientes, como las provocativas pruebas de misiles de Corea del Norte y el libro blanco de defensa de Japón, que enfatiza la necesidad imperiosa de aumentar el gasto militar, recalcan la urgencia de abordar las implicaciones de seguridad de las acciones de Pyongyang. El comportamiento impredecible de Corea del Norte y su reticencia a abandonar su programa nuclear, las aspiraciones de Japón de una mayor independencia de su aliado estadounidense y su búsqueda de un "pacifismo proactivo", y los esfuerzos para enmendar su constitución, plantean enormes desafíos para cualquier intento de acercamiento significativo entre ambas naciones.

Además de los compromisos diplomáticos, Japón ha perseguido activamente diálogos bilaterales y multilaterales con Corea del Norte para abordar todos estos problemas, sin embargo, el progreso ha sido escaso, con Pyongyang mostrando reticencia a participar de manera sustancial en estos asuntos. Además, el giro de Pyongyang hacia el fortalecimiento de lazos con China y Rusia ha complicado todavía más estos esfuerzos.

En adelante, abordar estos problemas requerirá un esfuerzo concertado de todas las partes interesadas, incluidos los poderes regionales y las organizaciones internacionales. Encontrar un terreno común y construir confianza será esencial para cualquier iniciativa diplomática futura destinada a resolver las tensiones arraigadas en la península de Corea y promover la paz y la estabilidad en la región.

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