El abismo occidental: un ensayo sobre el pacifismo (Parte 1/2)
El abismo occidental: un ensayo sobre el pacifismo (Parte 2/2)
Introducción
“Soy joven, tengo veinte años, pero no conozco de la vida más que la desesperación, el miedo, la muerte y el tránsito de una existencia llena de la más absurda superficialidad a un abismo de dolor. Veo a los pueblos lanzarse unos contra otros y matarse sin rechistar, ignorantes, enloquecidos, dóciles, inocentes. Veo a los más ilustres cerebros del mundo inventar armas y tanques para hacer posible todo eso durante más tiempo y con más refinamiento (…) El desasosiego se convertía en irremediable herida y la masacre de las trincheras se transformaba en masacre de las conciencias." (Remarque, 1929)
Así es como la novela Sin novedad en el frente retrata la Gran Guerra: un relato que, lejos de ensalzar una visión épica o heroica del combate, expone la crudeza y el horror desgarrador de la batalla. La obra presenta la guerra como una expresión del odio hacia la esperanza, una experiencia devastadora que dejó una huella imborrable en la conciencia de aquellos supervivientes que lograron regresar a su patria en 1918.

La impronta social que dejó la primera guerra mundial contribuyó a la creación de un movimiento que esencialmente huía del militarismo más exacerbado, con el objetivo de evitar repetir aquellas masacres que dejaron a Europa desolada, fundando de este modo los primeros movimientos que podríamos denominar como pacifistas. No obstante, con la llegada de la década de los años 30 los tambores de la guerra resonaron de nuevo por toda Europa, marcando la Guerra Civil española el preludio de otra gran guerra que comenzaría en el año 1939 debido a la inacción de aquellos que abogaron por evitar la vía militar cuando ésta era necesaria.
En la actualidad, las guerras siguen sucediendo y los dramas que parecían olvidados se repiten a lo largo y ancho del mundo, aunque occidente parece haber olvidado qué es la guerra. La pax americana ha envuelto a Europa en un abismo de inoperancia, caracterizado por el rechazo a la violencia y la negación de una realidad que sucede más allá de sus fronteras.
Con la guerra de Ucrania, los ciudadanos europeos han comenzado a tomar mayor conciencia sobre la realidad de los conflictos bélicos. Los medios de comunicación han recuperado el testimonio de aquellos que mueren en el frente, otorgándoles una posición prioritaria en los noticieros. Sin embargo, el discurso político sigue alejándose de los hechos y refugiándose en doctrinas idealistas, lo que no hace sino agravar el problema.
Sin ir más lejos, el actual presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ya en 2014 abogaba por la eliminación del Ministerio de Defensa, con el objetivo de destinar su presupuesto a otros servicios considerados más "esenciales" para los ciudadanos, como la sanidad y la educación (LaSexta.com, 2014). Esta declaración se produjo en un contexto en el que la invasión de Crimea ya se había consumado, evidenciando una falta de previsión ante los desafíos geopolíticos que se estaban gestando en Europa.
El caso español no es muy distinto de otros europeos, aunque cabe decir que, si bien es cierto que la vía militar, en principio, no debe de ser la respuesta, también es cierto que gracias a la existencia de las lógicas de disuasión la paz puede persistir en el tiempo. Pensemos en el periodo de la Guerra fría pues, aunque surgieron conflictos regionales como los de Afganistán o Vietnam, la existencia de un arsenal nuclear evitó el enfrentamiento a gran escala entre las potencias del momento, lo cual, puede llevar a que nos preguntemos si son esas doctrinas que podríamos denominar como pacifistas las mayores precursoras de los conflictos armados.
Será objetivo de este trabajo, por tanto, responder a la pregunta de si es el pacifismo una de las principales causas para la generación de conflictos y en su caso establecer las razones de ello y sus consecuencias.
1. El pacifismo como filosofía alternativa.
Podríamos decir que el pacifismo es una respuesta contraria a la guerra, un antagónico que se ha fundamentado en múltiples convicciones que van desde lo ideológico hasta lo religioso, asumiendo la posición de movimiento referente para el rechazo de la guerra y el camino hacia la paz.
Según algunos autores, lo que caracteriza al pacifismo es su condena absoluta, sin excepciones, de cualquier forma de guerra. Sin embargo, no en todos los casos suele ser así, pues existen diversas circunstancias o conflictos en los que el pacifismo puede llegar a justificar la intervención (López, 2006, pág. 110). Asimismo, los argumentos a los que recurre suelen ser humanistas, religiosos o utilitaristas.
En cuanto a los argumentos humanistas, suelen centrarse en la creencia de que el género humano es una unidad y, por tanto, debe dar lugar a la fraternidad entre sexos, etnias, razas, pueblos y demás condiciones, teniendo como eje central la vida como el valor más preciado. En consecuencia, arrebatarla de forma violenta o no natural es un crimen contra la propia esencia del ser humano. No obstante, también se desprende un cierto optimismo antropológico que concede a la voluntad de la especie el triunfo sobre la violencia.

Más allá del humanismo, existen diversos argumentos religiosos que basan su razonamiento en el valor inestimable de la vida y de la dignidad humana por el mero hecho de ser creaciones divinas. También cabe mencionar el amor como un hilo conductor de todas las acciones humanas, en un sentido similar al principio ético del ahimsa, entendido como inocencia, pureza y disfrute de la vida (López, 2006, pág. 112).
En cuanto a los fundamentos utilitaristas, se argumenta que, a la luz de la experiencia histórica, las guerras no son rentables en tanto que los sacrificios humanos, económicos y políticos no compensan los resultados poco exitosos que suelen obtenerse. Aun más, se sostiene que la guerra no es un instrumento eficaz para mantener unas condiciones que conduzcan a una paz segura y duradera, pues resulta contradictorio intentar preservar la paz mediante el uso de la violencia, lo que genera nuevos problemas tras el conflicto y dificulta la reconciliación entre los bandos enfrentados.
Cabe señalar que el pacifismo, en gran medida, se convierte en un movimiento utópico, ya que la violencia y la agresión forman parte de la naturaleza humana, lo que hace imposible la eliminación total de los conflictos y las guerras. En este sentido, el pacifismo peca de cierta ingenuidad al evitar analizar las complejas causas que envuelven a los conflictos, así como la existencia del mal y la ambición de algunos líderes que utilizan la guerra para alcanzar sus propios intereses.
Por estos motivos, el pacifismo ha tenido una gran repercusión en distintas élites, abarcando ámbitos que van desde la historia hasta la política. Esto ha condicionado el relato, sobre todo en Europa, donde la guerra es percibida como un fenómeno foráneo, rechazable e indeseable. Sin embargo, este discurso ha generado desconcierto en la sociedad ante los acontecimientos actuales, como el conflicto en Ucrania, el distanciamiento de Estados Unidos respecto a la Unión Europea y el renovado interés europeo en la autonomía estratégica.

2. Europa y el pacifismo
Según Douglas Murray, “la civilización que conocemos como Europa se encuentra camino del suicidio”, haciendo referencia a Stefan Zweig, quien en El mundo del ayer advertía: “Nuestro sagrado europeo, cuna y Partenón de la civilización occidental, ha firmado su propia sentencia con su actual estado de descomposición”. Aunque las causas que alegan ambos autores son distintas, convergen en una misma idea: la decadencia de Europa como potencia.
Si bien es cierto que las causas de la decadencia europea son multifactoriales, el relato implantado en la conciencia colectiva, influenciado por la historia reciente y la creación de una ficción jurídica denominada Estado del bienestar, ha ocultado una realidad que ahora nos afecta plenamente.
Según los datos recopilados desde 1960 por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el gasto en defensa en Europa alcanzó un 4 % del PIB medio en 1963. No obstante, a partir de entonces, dicho gasto fue descendiendo hasta llegar a un mínimo del 1,3 % en 2016, iniciando un leve ascenso a partir de 2020, motivado por la creciente inestabilidad en la región (SIPRI, 2023).
Los factores que han influido en esta reducción del gasto militar están relacionados, en primer lugar, con el final de la Guerra Fría, que generó una visión optimista del mundo gracias al triunfo de la democracia en las antiguas repúblicas soviéticas. Desde una perspectiva liberal, se creyó que este fenómeno traería consigo la paz en Europa y en el mundo, lo que llevó a Francis Fukuyama a defender su conocida tesis del “fin de la historia”, posteriormente desacreditada por los acontecimientos.
Asimismo, la integración de los Estados europeos, culminada con la creación de la Unión Europea, el establecimiento de un mercado único y la adopción de una moneda común fomentaron la cooperación y la interdependencia económica entre los países, reduciendo la necesidad de mantener grandes ejércitos nacionales. Sin embargo, la crisis económica de 2008 y la posterior recesión obligaron a muchos gobiernos a recortar sus presupuestos, incluyendo los destinados a defensa. A esto se suma que la opinión pública europea ha priorizado la inversión en áreas como educación, sanidad o protección social en detrimento del gasto militar, lo que ha influido en las decisiones políticas.

Con la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 y el conflicto en el este de Ucrania, ha quedado en evidencia que Rusia está dispuesta a utilizar la fuerza militar para alcanzar sus objetivos políticos. Esto ha generado preocupación en muchos países europeos, especialmente aquellos que comparten frontera con Rusia, aumentando la tensión geopolítica global, en especial entre Estados Unidos y China.
Ante esta situación, muchos países europeos han comenzado a replantearse su política de defensa y a incrementar sus presupuestos militares para hacer frente a nuevas amenazas, como el terrorismo, las guerras híbridas o los conflictos convencionales. Empero, esta nueva tendencia parece haber sido impulsada, en gran medida, por la presión de Estados Unidos para que los países europeos aumenten sus inversiones en defensa y cumplan con los compromisos adquiridos en el marco de la OTAN.
A la luz de lo anterior, cabe preguntarse si el pacifismo podría ser, paradójicamente, un factor que favorece la aparición de conflictos armados. Más concretamente, si la inacción basada en la confianza en una supuesta fraternidad generada por la cooperación y la interdependencia económica puede ser un éxito social pero un fracaso estratégico.
3. Influencia del pacifismo en las políticas de defensa
Después de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, muchos países europeos, influidos por movimientos pacifistas, comenzaron a abogar por la limitación y eventual eliminación de las armas nucleares. Estas demandas se tradujeron en pactos como el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y los acuerdos de reducción de armamento estratégico entre Estados Unidos y la URSS, como el START (Strategic Arms Reduction Treaty).

Los movimientos pacifistas han sido clave en la concienciación pública sobre los peligros de las armas nucleares, aunque sus esfuerzos han tenido un impacto limitado en términos de desarme real. Paralelamente, han influido en la adopción de estrategias de defensa basadas en la no violencia y la cooperación internacional.
El pacifismo también ha condicionado el enfoque de seguridad en la Unión Europea, dando lugar a iniciativas como la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) y la Estrategia Europea de Seguridad (Parlamento Europeo, 2024).
Continuará...