El abismo occidental: un ensayo sobre el pacifismo (Parte 1/2)


4. Influencia en las Políticas de Defensa de España

Tras la muerte de Francisco Franco en 1975, España inició un proceso de transición hacia la democracia. En este contexto, surgieron movimientos pacifistas que abogaban por la no violencia y la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio, al considerarlo una prolongación de la cultura militarista heredada del régimen franquista.

La objeción de conciencia cobró una gran relevancia dentro del movimiento pacifista y encontró un amplio respaldo en la sociedad civil, especialmente entre los jóvenes que, por razones éticas, religiosas o ideológicas, rechazaban participar en el servicio militar. Organizaciones como el Movimiento de Objeción de Conciencia desempeñaron un papel clave en la promoción de este derecho y en la sensibilización sobre la necesidad de alternativas al servicio militar. Para ello, recurrieron a la desobediencia civil y a la resistencia no violenta como estrategias de visibilización y presión sobre el gobierno.

La pintura de Vereshchagin La apoteosis de la guerra (1871) llegó a ser admirada como una de las primeras expresiones artísticas del pacifismo.
La pintura de Vereshchagin "La apoteosis de la guerra" (1871) llegó a ser admirada como una de las primeras expresiones artísticas del pacifismo.

El impacto de estos movimientos se reflejó en la Ley de 1984, que reconoció el derecho a la objeción de conciencia y estableció el servicio civil como alternativa al servicio militar. No obstante, la insumisión —una forma de desobediencia civil en la que los jóvenes se negaban a realizar tanto el servicio militar como el servicio civil sustitutivo— continuó siendo una práctica extendida hasta la abolición definitiva del servicio militar obligatorio en 2001.

La actitud del pacifismo en España evidenció la radicalidad de ciertos sectores y su rechazo absoluto a cualquier forma de militarización. Asimismo, la entrada de España en la OTAN en el año 1982 intensificó esta oposición, ya que muchos percibían la adhesión a la Alianza Atlántica como una amenaza a la soberanía nacional y una vinculación con políticas militares que contradecían los principios pacifistas.

La oposición a la OTAN culminó en el referéndum de 1986, donde se decidió la permanencia en la alianza bajo ciertas condiciones, como la no incorporación de España a la estructura militar integrada de la OTAN y la reducción de la presencia militar estadounidense en el país. La campaña del "No a la OTAN" movilizó a un amplio sector de la sociedad y demostró la capacidad de los movimientos pacifistas para influir en la opinión pública y en las decisiones políticas. Aunque el resultado del referéndum fue a favor de la permanencia en la OTAN, las condiciones impuestas reflejaron la influencia del pacifismo en la política de defensa española. Esta campaña también destacó el papel de la movilización ciudadana y la importancia de los movimientos sociales en la configuración de las políticas públicas (Olmo, 2011). 

En el año 2003 la sociedad española fue testigo de una de las mayores movilizaciones pacifistas de su historia. La participación de España en la guerra de Irak, bajo el gobierno de José María Aznar, generó un fuerte rechazo social, lo que llevó a millones de personas a salir a las calles en diversas ciudades del país para protestar contra la intervención militar. El lema "No a la guerra" se convirtió en un símbolo de esta oposición y en una manifestación del deseo de paz de la sociedad española.

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Grafiti en el edificio Duque de Lerma en Valladolid, España, realizado en 1986 con motivo del Referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN en el año 1986. Fotografiado desde la playa de Las Moreras en la ribera este del río Pisuerga. Autor: Gallowolf

Las protestas fueron impulsadas por una amplia coalición de organizaciones pacifistas, grupos de derechos humanos y partidos políticos de izquierda. La magnitud de estas movilizaciones y el rechazo popular a la guerra influyeron en el cambio de gobierno en las elecciones de 2004, cuando el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, ganó las elecciones y retiró las tropas españolas de Irak. 

Este episodio evidenció cómo el descontento de amplios sectores de la ciudadanía con las decisiones gubernamentales puede condicionar la política exterior, como ocurrió con el respaldo inicial de España a la invasión de Irak. Asimismo, puso de relieve la importancia del pacifismo en la cultura política española y la sensibilidad de la población ante cuestiones de guerra y paz.

Por último, la formación y capacitación de las Fuerzas Armadas españolas también se ha visto influida por estas demandas sociales. En respuesta, los militares han recibido instrucción en derechos humanos, mediación y resolución de conflictos, así como entrenamiento específico para actuar en entornos complejos donde la protección de civiles y la promoción de la paz son prioritarias.

Por otro lado, en el ámbito civil, las políticas públicas han incorporado programas educativos orientados a fomentar una cultura de seguridad, no violencia y tolerancia. A través de la educación, se han impulsado iniciativas para promover la resolución pacífica de conflictos y la construcción de una cultura de paz desde una edad temprana, integrando estos valores en asignaturas como ética o religión (Ministerio de Defensa, 2011).

Vista del Paseo del Prado de Madrid donde decenas de miles de personas participaron en la manifestación convocada en rechazo a una posible guerra contra Irak en 2023. JUANJO MARTIN (EFE)
Vista del Paseo del Prado de Madrid donde decenas de miles de personas participaron en la manifestación convocada en rechazo a una posible guerra contra Irak en 2023. Autor: JUANJO MARTIN (EFE)

5. Las estrategias de defensa en el marco del pacifismo: ¿Una alternativa?

Algunos sectores argumentan que el pacifismo puede ser percibido como una señal de debilidad en un mundo donde las amenazas a la seguridad son complejas y variadas. La necesidad de una defensa eficaz y la protección de la soberanía nacional a veces entran en conflicto con los principios pacifistas. Además, la participación en misiones internacionales de paz y la cooperación en el ámbito de la seguridad colectiva han planteado dilemas sobre el equilibrio entre la promoción de la paz y la necesidad de intervención militar en ciertos contextos.

Con este panorama general del movimiento pacifista, es importante señalar que, a nivel de defensa estratégica, la disuasión sigue siendo el pilar fundamental en la mayoría de los Estados. En palabras de Barry Buzan, la disuasión constituye una declaración de intenciones con un fin estratégico, ya que garantiza la estabilidad defensiva al generar una serie de desincentivos que desalientan a otros actores a la hora de adoptar una política ofensiva, estableciendo de facto una tensa paz armada.

Aunque esta lógica pueda parecer adecuada para muchos contextos, presenta diversos inconvenientes. Uno de los principales es que puede crear un entorno propicio para la formación de espirales defensivas a través de la acumulación de armamento, lo que podría derivar en una espiral ofensiva y dar lugar a una carrera armamentística. En caso de que estalle un conflicto, este escenario podría asemejarse al de la Primera Guerra Mundial, cuando el poder industrial y la guerra total destruyeron gran parte de Europa. Sin embargo, con la introducción de los arsenales nucleares, existe un mayor margen de escalada, lo que, en cierto modo, propicia una estabilidad a largo plazo gracias al temor a que se desencadene un escenario hipotético de destrucción mutua asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) (Buzan, 1991).

Paralelamente, existen lógicas alternativas que rechazan esta tensa paz, abogando por enfoques más centrados en la paz y la estabilidad que promueve el pacifismo. Una de estas alternativas es el desarme, que plantea que un mundo sin armas no tendría guerras, con la esperanza de hacer de la guerra una opción imposible. Sin embargo, esta alternativa presenta un defecto esencial: solo sería viable si todos los Estados adoptan la misma postura. Si solo uno o unos pocos deciden desarmarse, se crearía una situación en la que la lógica de "Easy Conquest" podría actuar en su contra, alentando una probable agresión por parte de aquellos que no se han desarmado. Además, si el desarme implica eliminar también las fuerzas y cuerpos de seguridad estatales, surgiría el problema de cómo enfrentar amenazas como el terrorismo, donde cualquier objeto, desde un cuchillo de cocina hasta una furgoneta, podría convertirse en un arma mortal.

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Desde una perspectiva económica y técnico-científica, el desmantelamiento de los complejos industriales de defensa provocaría un grave daño al tejido laboral y productivo, además de frenar ciertos avances tecnológicos que, inicialmente impulsados por la vertiente militar, pasan posteriormente a la esfera civil.

Otra alternativa es la disuasión reducida o mínima, que busca alcanzar una situación de cooperación donde las partes acuerden un empate artificial que impida cualquier agresión debido a la ausencia de una ventaja clara. Esto entra en el ámbito del control de armamentos, respaldado por acuerdos internacionales como el SAR, STAR, entre otros. Sin embargo, al igual que la alternativa del desarme, presenta inconvenientes, ya que las diferencias cualitativas en los arsenales de los Estados pueden dificultar la creación de un empate justo.

Finalmente, está la llamada defensa no provocativa, que sostiene que el arsenal de un Estado debe ser exclusivamente defensivo, con altas capacidades para evitar ser atacado y para impedir cualquier deriva ofensiva. No obstante, en la práctica, muchos sistemas de armamento defensivo pueden tener un uso ofensivo dependiendo de su modo de utilización. Además, el Estado que adopte esta postura perdería la capacidad de represalia, ya que, en caso de conflicto, su territorio se convertiría en el teatro de operaciones, recibiendo la mayor parte del castigo (Anabitarte, 2015).

6. Conclusiones

Europa, cuna de la civilización y, históricamente, una potencia global, enfrenta actualmente un peligroso declive que pone en entredicho los valores que la habían definido. Aunque las causas de esta situación son multifactoriales, el cambio hacia un sistema de valores que adopta una postura pacifista en la vida política, como un noble intento de evitar conflictos armados y promover la diplomacia, ha tenido repercusiones significativas en la capacidad de Europa para proyectar poder y mantener su estatus como potencia de primer nivel.

Día de la Fuerzas Armadas de España. Zaragoza. Autor: Mario Antonio Pena Zapatería
Día de la Fuerzas Armadas de España. Zaragoza. Autor: Mario Antonio Pena Zapatería

La reducción del gasto militar es una de las consecuencias más directas de este pacifismo, una decisión adoptada por muchos países europeos, que han optado por crear una atmósfera ficticia de bienestar social, destinando recursos a áreas como la educación y la sanidad, y priorizando el bienestar social sobre la defensa. Sin embargo, esta postura es contradictoria, pues es la seguridad la que garantiza, en primer lugar, el propio estado de bienestar.

La erosión de la capacidad militar europea ha dado lugar a una drástica reducción en el tamaño de las fuerzas armadas, presentándose como un aumento de la eficiencia a menor coste. No obstante, la realidad es que esta reducción ha resultado en una merma de las capacidades. Ejemplos claros de esto son la desaparición de la rama submarina de la Armada española a lo largo de diez años o la desactivación de los sistemas de lanzadores de cohetes Teruel en las brigadas de artillería, que esperan un nuevo sistema que, por ahora, solo existe sobre el papel. El resultado ha sido un ejército menos preparado y menos equipado para enfrentar un escenario futuro que, lamentablemente, parece cada vez más inestable para Europa, que se encuentra en medio de la competencia geopolítica entre Estados Unidos, Rusia y China.

Este pacifismo también ha propiciado una dependencia poco saludable de alianzas, especialmente de la OTAN, donde Europa ha confiado en gran medida en la protección proporcionada por Estados Unidos dentro de la alianza atlántica. Esta dependencia ha mermado la autonomía de Europa en la política de defensa, socavando su capacidad para actuar de manera independiente ante crisis internacionales.

La influencia limitada de Europa en conflictos internacionales es otra consecuencia del pacifismo. Mientras que otras potencias, como Estados Unidos y Rusia, han mantenido una presencia activa en conflictos globales, Europa ha adoptado un enfoque más pasivo y diplomático. Si bien la diplomacia es fundamental, la falta de intervención militar decisiva en algunos conflictos ha reducido la capacidad de Europa para influir de manera significativa. Un claro ejemplo de esto es el conflicto en Ucrania, en el cual, al momento de escribir estas líneas, Europa ha quedado al margen de las negociaciones de paz promovidas por el presidente Donald Trump, a pesar de que dicho conflicto representa una amenaza existencial para el futuro de la Unión Europea y para los países que la conforman.

Por otro lado, la innovación militar también se ha visto afectada. La escasa inversión, junto con la deficiente planificación en los clústeres europeos, ha ralentizado el avance tecnológico en el ámbito militar, dando lugar a una brecha tecnológica con otras potencias, lo que afecta a la capacidad de Europa para mantener unas fuerzas armadas competitivas y modernas.

Por último, cabe señalar que, aunque la postura pacifista ha promovido una imagen positiva de Europa como defensora de los derechos humanos y la paz, también ha llevado a una percepción de debilidad en términos de poderío militar. Esta percepción ha afectado a la capacidad de Europa para ser vista como una potencia global, en un mundo donde las regiones adquieren mayor relevancia que los antiguos bloques que, en la práctica, ya no existen.


Bibliografía