Desde hace décadas, Alemania ha sido sinónimo de estabilidad económica, eficiencia industrial y liderazgo en la Unión Europea. Sin embargo, esta imagen de solidez se ha visto erosionada en los últimos años y cada vez resulta más evidente que la locomotora de Europa enfrenta un severo declive. Esto se debe a múltiples causas, a una convergencia de factores estructurales, tecnológicos, energéticos y geopolíticos que están socavando su posición en el escenario global. Suele decirse que “cuando Alemania estornuda, Europa se resfría” y parece que en Berlín llevan cogiendo frío desde hace varios años.

El sector industrial ha sido históricamente el corazón de la economía alemana, representando más del 20% del PIB nacional y cerca de una cuarta parte de su fuerza laboral. La producción industrial alemana alcanzó máximos históricos en 2017 y desde entonces ha caído un 20%, el declive más pronunciado desde la Segunda Guerra Mundial.

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