El final de Starmer: ¿Nuevo comienzo para Reino Unido?
Keir Starmer ha dimitido. Como se esperaba, no ha podido superar la presión de su propio partido. Su gobierno fue impopular desde el primer momento y, con cada nueva elección, quienes le cuestionaban salían reforzados. Finalmente abandonó su cargo, abriendo el camino a Andy Burnham para convertirse en el séptimo primer ministro en diez años. Desde David Cameron en 2015, ningún primer ministro ha conseguido agotar la legislatura. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La era Starmer: un quiero pero no puedo
En julio de 2024 se celebraron elecciones generales en el Reino Unido y los laboristas obtuvieron una clara victoria: 411 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes, una mayoría absoluta de 174 diputados y el tercer mejor resultado de su historia, a solo siete escaños del récord de Tony Blair en 1997. El desgaste de los conservadores —con el escándalo de las fiestas navideñas de Boris Johnson, el desastroso gobierno de Liz Truss y la impopularidad de Rishi Sunak— dejó al partido en una posición muy vulnerable que los laboristas de Starmer supieron aprovechar.
Sin embargo, lo que parecía una victoria abultada ocultaba unas bases electorales débiles. Los laboristas obtuvieron el 33,7% del voto, la cifra más baja jamás registrada por un partido gobernante desde 1830. En términos absolutos, consiguieron medio millón de votos menos que Jeremy Corbyn en 2019. Estos resultados ya reflejaban la falta de entusiasmo hacia el laborismo en general y hacia Starmer en particular.
Los problemas comenzaron casi de inmediato. Los disturbios provocados por las tensiones migratorias en Southport le granjearon ataques tanto desde su izquierda como desde su derecha. Además, la delicada situación fiscal del Reino Unido obligaba a hacer recortes. Apenas un mes después de tomar posesión, se retiró a unos diez millones de pensionistas una ayuda anual de entre 200 y 300 libras para calefacción. La medida fue especialmente impopular en la izquierda, que acusaba al laborismo de Starmer de ser un partido tecnocrático alejado de la vida cotidiana. Poco después, en octubre, se presentó el primer presupuesto de la legislatura, que incluía la mayor subida de impuestos de la historia británica. Al final, las críticas obligaron a Starmer a dar marcha atrás con la retirada de las ayudas y a matizar el presupuesto.

Estos episodios resumen bien el patrón de su legislatura: proponer medidas impopulares y, ante la reacción, retroceder. De este modo, el primer ministro asumía todo el desgaste por las medidas que finalmente no llegaba a aplicar. En ese contexto, comenzó a perder popularidad muy pronto y muy rápido. Si a esto se suman escándalos como el nombramiento de Peter Mandelson —con vínculos conocidos con Jeffrey Epstein— como embajador en Washington, el resultado es una caída de popularidad difícil de revertir.
Más difícil aún cuando el rendimiento económico del país no acompaña y la sensación generalizada entre la población es de estancamiento, si no de decadencia. Así se sucedieron los fracasos electorales. Tras la debacle laborista en las elecciones locales de mayo, Starmer ya era un cadáver político. Solo faltaba esperar a la alternativa.
¿Quién es Andy Burnham?
El diputado por Makerfield, Josh Simons, anunció su dimisión para abrir paso a esa alternativa. Al dimitir, debían celebrarse elecciones para decidir quién ocuparía su escaño. A ellas se presentó Andy Burnham, el candidato que dentro del partido se consideraba idóneo para reemplazar a Starmer. Burnham no podía disputar el liderazgo sin más, ya que uno de los requisitos es ser miembro del Parlamento, condición que no cumplía. La dimisión de Simons le abrió la puerta tanto al Parlamento como, en última instancia, al cargo de primer ministro.
![El candidato del Partido Laborista, Andy Burnham, se dirige a sus simpatizantes frente a la oficina de campaña del partido en Ashton in Makerfield, al noroeste de Inglaterra, el 18 de junio de 2026 [Oli Scarff/AFP].](https://strapi-aws-s3-tpr.s3.eu-west-1.amazonaws.com/AFP_20260618_B7_HW_7_V3_v1_Mid_Res_Britain_Politics_Vote_1781823914_69494245fc.avif)
El 18 de junio Burnham ganó las elecciones a pesar de que Reform UK llevaba un año liderando las encuestas, acelerando la caída definitiva de Starmer. Tras la victoria, los laboristas amenazaron al primer ministro con dimisiones masivas en el gobierno si no abandonaba su cargo. Finalmente, el día 22, Starmer anunció su dimisión.
Burnham es hoy el político más popular del Reino Unido, con un índice de aprobación del 35%. Ha construido su identidad política en torno al norte de Inglaterra, con un discurso más cercano a la clase trabajadora que el que ha caracterizado al laborismo hasta ahora.
Aunque trabajó como asesor de Tony Blair y formó parte del gobierno de Gordon Brown, su popularidad despegó realmente durante la pandemia, cuando se convirtió en uno de los principales críticos de Boris Johnson al reclamar más ayudas para el norte de Inglaterra. Alcalde del Gran Mánchester desde 2017, ha construido una plataforma centrada en la crítica a la concentración de poder en Londres y un discurso socialdemócrata de raíz obrera: critica la privatización masiva del Reino Unido y defiende el control público de los servicios esenciales —como alcalde, remunicipalizó el servicio de autobuses—. A pesar de este discurso, Burnham no es un candidato especialmente radical ni populista; dentro del partido se le percibe más bien como alguien capaz de tender puentes entre sus distintas corrientes.
De Burnham como primer ministro cabe esperar un mayor énfasis en la descentralización que ha defendido durante los últimos años, más intervención estatal en la economía con foco en la reindustrialización y una política migratoria más dura que la de Starmer. En cuanto a la UE, se ha mostrado muy crítico con el Brexit, por lo que no sería descabellado que llevara más lejos el acercamiento que ya había iniciado su predecesor.

La dimisión de Starmer abre ahora un proceso de sucesión que podría resolverse con rapidez. El 9 de julio, los candidatos laboristas que quieran disputar el liderazgo deben presentarse y empezar a recabar apoyos entre sus compañeros. El proceso debería concluir el 16 de julio, justo un día antes de que el Parlamento entre en su periodo vacacional. Si más de un candidato logra las nominaciones necesarias, deberá celebrarse una votación que tendría lugar con la Cámara ya de vacaciones, lo que mantendría a Starmer en el cargo hasta el 1 de septiembre, fecha en que se reanuda la actividad parlamentaria. Sin embargo, lo más probable es que ese escenario se evite y Burnham se convierta en el único candidato, lo que le permitiría asumir el liderazgo laborista desde el 17 de julio.
El Reino Unido, un reino ingobernable
La caída de Starmer es la de un político que no logró satisfacer a nadie, pero no solo eso. Es también la historia de un país estancado económicamente, incapaz de encontrar herramientas para lidiar con un contexto geopolítico adverso y de implementar las reformas necesarias frente al envejecimiento de la población, las tensiones migratorias, la crisis de vivienda o la pérdida de poder adquisitivo. Una historia que resulta familiar porque no es exclusiva del Reino Unido: buena parte de Occidente afronta las mismas dinámicas con respuestas igualmente escasas.
La singularidad británica radica en un sistema de partidos especialmente sensible a este tipo de crisis de popularidad, hasta el punto de que ni siquiera las mayorías absolutas garantizan ya la estabilidad de una legislatura. Los límites políticos en Londres siguen marcados por la situación económica y el contexto geopolítico, y Burnham tendrá que enfrentarse a las mismas restricciones que Starmer no logró superar, mientras la sombra de un partido siempre dispuesto a apretar el gatillo permanece presente.