En consonancia con su larga tradición de neutralidad diplomática, Suiza nunca se ha hecho miembro pleno de la Unión Europea, aunque eso nunca le hizo mucha falta. Nada menos que 120 acuerdos garantizan al país alpino una serie de ventajas frente al bloque, como facilidades comerciales (mitad de sus exportaciones son para la UE, de donde provienen 2/3 de sus importaciones) y libertades de desplazamiento, trabajo y estudios. Los demás países miembros también se benefician, con cerca de 1.4 millones de sus nacionales viviendo en Suiza en 2021 y otros 329 mil que se desplazan diariamente desde países como Francia, Alemania o Italia, para trabajar en ciudades fronterizas como Ginebra o Basilea.

Sin embargo, esa relación aparentemente provechosa sufrió un bache a finales de mayo de 2021, cuando el Consejo Federal suizo comunicó a la Comisión Europea que abandonaría los esfuerzos para cerrar un tratado comercial con la UE. Con un valor estimado en 227 billones de euros, el tratado se llevaba negociando desde 2014 y podría haber sustituido a los acuerdos anteriores por un marco normativo unificado que no tuviera la necesidad de modificaciones tras cada evolución del Derecho comunitario. El nuevo tratado incluía propuestas como la actualización más sencilla de los acuerdos de acceso entre mercados, bien como la creación de un mecanismo de resolución de eventuales conflictos en la aplicación o interpretación de dichos acuerdos. Con él, se esperaba consolidar un camino común en las relaciones UE-Suiza.

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