
El KMT visita Pekín: la apuesta de Cheng Li-wun por China que divide a Taiwán
Cheng Li-wun, presidenta del Kuomintang (KMT), visitó Pekín el pasado mes de abril protagonizando el gesto diplomático más relevante de los últimos años entre el KMT y el Partido Comunista de China. La anterior visita se había producido en 2016, cuando Hung Hsiu-chu —antigua líder del partido— se reunió con Xi Jinping. Desde entonces, el Kuomintang ha encadenado un ciclo de repliegue electoral con sendas derrotas en las presidenciales de 2016, 2020 y 2024.
Ese ciclo de derrotas explica por qué las visitas a China desaparecieron de la agenda del KMT durante casi una década: el electorado no las recibía bien y la dirección del partido optó por evitar ese tipo de imágenes. La visita de Cheng cambia ese cálculo: en un contexto más polarizado, el KMT busca posicionarse como fuerza electoral de cara a las elecciones locales de noviembre de este año.

Un país dividido y un nuevo liderazgo
Las dinámicas internas de Taiwán están marcadas por la polarización institucional entre un ejecutivo liderado por el presidente del DPP, Lai Ching-te, y un parlamento controlado por la oposición del KMT y sus aliados del TPP. Esta situación ha llevado al bloqueo de numerosas medidas del gobierno, entre ellas el aumento del presupuesto de defensa que, si bien acabó aprobándose, lo hizo con recortes significativos en programas clave como el de producción de drones.
En medio de esta batalla, el liderazgo del KMT cambió de manos. En octubre de 2025, Cheng Li-wun fue elegida presidenta del partido en unas primarias muy polémicas. Cheng tenía un pasado independentista —en su juventud había militado en el DPP— y sus discursos a favor de la independencia circularon rápidamente por las redes sociales durante la campaña.
La elección también fue controvertida por lo que representaba: un viraje hacia China. En los últimos años, el KMT había emprendido un proceso de "taiwanización", consciente de que su base electoral —la generación del exilio de Chiang Kai-shek y sus descendientes— se estaba reduciendo. Cheng frenó ese proceso y volvió la mirada hacia el gigante asiático, con una plataforma articulada en torno a tres ejes: la crítica constante al gobierno de Lai, el rechazo a cualquier colaboración con el DPP y una mayor apertura hacia Pekín.
Según Cheng, las políticas del DPP constituyen una serie de provocaciones que conducirán a una guerra entre Taiwán y China, una guerra que no se puede ganar y que, por tanto, debe evitarse a través de la mejora de las relaciones. Esta tesis es controvertida incluso dentro del propio Kuomintang, con muchas voces considerando el movimiento de su líder como un giro hacia el pasado. En este sentido, y aunque Cheng Li-wun consiguió imponerse en las primarias, lo hizo con una participación menor al 40%, por lo que su autoridad ha sido cuestionada desde el principio.

En definitiva, el choque institucional entre el Parlamento y la Presidencia, sumado a la necesidad de Cheng de consolidar su liderazgo, acallar el descontento interno y presentarse como una alternativa creíble al DPP, allanó el camino hacia esta diplomacia paralela del KMT materializada en el viaje a Pekín.
Cheng buscaba proyectar control sobre el partido y reforzar su figura como interlocutora válida ante Xi Jinping, silenciando a quienes la veían como una líder de transición sin arraigo en el Taiwán actual. La delegación que la acompañó a Pekín era ya un mensaje en sí misma: figuras como Su Chi, Lee Chien-lung o Chang Jung-kung, todas ellas con más peso histórico que proyección de futuro, más conectadas al legado del KMT como partido rector de China que a las demandas del electorado de hoy. Su presencia conjunta construía una narrativa clara: el KMT como gestor eficaz de las relaciones con Pekín, en contraposición al gobierno de Lai, al que critican por ignorar a China.
El itinerario y la lucha por el relato
La visita comenzó con una parada en el Mausoleo de Sun Yat-sen y continuó con un discurso en el que Cheng recordó el 115 aniversario de la República de China y culpó al imperialismo japonés de las heridas históricas en el Estrecho. El toque de modernidad lo puso su parada en Shanghái, donde visitó instalaciones de producción de drones y reivindicó los vínculos económicos entre ambas orillas y la integración de sus cadenas de valor como eje de estabilidad.
El encuentro con Xi no generó demasiados titulares más allá del gesto en sí: referencias al consenso de 1992 y a una identidad compartida, sin mayor contenido. Tras la visita, y como era de esperar, China anunció diez medidas entre las que destacan la reapertura del turismo, más vuelos directos y el aumento de las exportaciones agrícolas. Estas medidas, presentadas como "concesiones", forman parte de la estrategia de Pekín de reforzar al Kuomintang y demostrar que su apuesta —el acercamiento a China— produce beneficios tangibles. Que las propuestas sean más simbólicas que transformadoras revela, sin embargo, los límites de esa estrategia.
¿Qué opinan los taiwaneses?
Los taiwaneses han recibido el encuentro con incertidumbre e indiferencia. Más del 46% se opone a la visita, mientras que el 34% la valora positivamente. Un 20% responde con indiferencia sin definir su posición, y destaca que incluso entre los votantes del KMT, el 25% afirma no saber cómo evaluarla. Entre los del DPP, como era de esperar, el rechazo alcanza el 80%.
Especialmente relevante es la opinión de los independientes —ciudadanos que no se identifican ni con los verdes ni con los azules y que constituyen el grupo de mayor crecimiento en Taiwán—: entre ellos se impone una visión favorable con un 56% frente al 40% que se opone. Paradójicamente, quienes responden "no sé" son, según los datos, los ciudadanos más interesados en política, lo que ilustra bien las complejidades de la vida política taiwanesa y el carácter más simbólico que sustantivo del encuentro.
En definitiva, la visita ha sido recibida como cabía esperar: con rechazo entre los votantes del DPP y valoración positiva entre los del KMT, aunque con un nivel de incertidumbre notable en sus propias filas. Entre los independientes predomina una tendencia favorable, pero sin percepción de beneficios concretos.
¿Qué visión se impondrá dentro del Kuomintang?
El verdadero test llegará en noviembre, con las elecciones locales. En el pasado, el KMT había percibido que los gestos hacia China le dañaban electoralmente; ahora Cheng cambia de estrategia y apuesta por demostrar autoridad posicionándose como la interlocutora de Xi. No es un giro que el partido haya aceptado de forma unánime.
El alcalde de Taipéi, Chiang Wan-an —bisnieto del dictador Chiang Kai-shek y una de las figuras emergentes del partido—, ha optado por una línea más moderada, definiéndose como "taiwanés y nacional de la República de China" para preservar el impulso taiwanizador del KMT. Lu Shiow-yen, alcaldesa de Taichung y una de las favoritas para encabezar la candidatura presidencial del partido, ha sido más directa: ha criticado públicamente la estrategia de Cheng y ha pedido aumentar el presupuesto de defensa y reforzar la disuasión frente a Pekín.

A esto se suma otro flanco débil: Cheng no tiene escaño en el Yuan legislativo, lo que reduce su influencia sobre el grupo parlamentario y refuerza la figura del presidente de la Cámara, Han Kuo-yu, con gran peso en las decisiones del día a día.
Conclusión
La dinámica principal de la visita tiene más que ver con el liderazgo de Cheng que con las tensiones en el Estrecho. Ante el cuestionamiento interno, ha decidido dar un golpe de efecto: reforzar su autoridad y, si sale bien, apuntarse un tanto en las elecciones locales que acalle los rumores sobre su destitución y la posicione en la carrera por la candidatura presidencial de 2028. Sus partidarios en el KMT intentarán construir un discurso en torno a las diez propuestas de China, argumentando que traerán desarrollo económico y prosperidad, y que solo el KMT es capaz de rebajar las tensiones con Pekín y, por tanto, garantizar la seguridad de Taiwán.
Sin embargo, la estrategia conlleva varios riesgos. El primero es que expone las divisiones internas: el resto de figuras del partido debe reposicionarse ante el órdago de Cheng. El segundo es que las campañas locales suelen girar en torno a asuntos que afectan directamente a los ciudadanos —vivienda, coste de la vida, servicios—, precisamente donde el DPP muestra mayor debilidad. Introducir las relaciones con China como eje de campaña es un marco que la mayoría de candidatos del KMT querían evitar. Si termina imponiéndose, se enfrentarán a una disyuntiva incómoda: defender el acercamiento a China de su líder, con el riesgo político que eso conlleva, o desafiar su autoridad y marcar una línea propia, ahondando en la fractura interna.

El éxito o fracaso de la visita solo podrá medirse a posteriori. Las elecciones locales serán el veredicto. Una decepción electoral podría suponer el punto final a la etapa de Cheng como líder; unos buenos resultados, en cambio, consolidarían su figura y le darían margen para profundizar en su política pro-China con menos resistencia interna. Decidirán los taiwaneses.