El mercado gris de las drogas sintéticas
Si hablamos de tecnología dual para referirnos a innovaciones que pueden tener usos civiles y militares, como podría ser el caso evidente de los drones, en el crimen organizado transnacional tenemos su equivalente en los precursores químicos. Estos son utilizados para el ‘cocinado’ de drogas sintéticas ilegales destinadas al narcotráfico, como por ejemplo la metanfetamina y el fentanilo, y a la vez son químicos que también se usan en la industria farmacéutica para producir fármacos sintéticos con fines medicinales legales. Recordemos que tanto el fentanilo como otros derivados sintéticos tienen usos médicos, por ejemplo, como analgésico en enfermedades terminales dolorosas.
Los precursores químicos están regulados a nivel mundial, bajo leyes más o menos restrictivas dependiendo de cada país. En este sentido, el 19 de diciembre de 1988 se firma el Convenio de Viena, bajo el marco de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, en el cual se detalla la lista de los precursores prohibidos.

En la cadena de producción hay dos grupos de químicos esenciales para la fabricación de estupefacientes, los precursores y los aglutinantes. Estos últimos pueden ser colorantes, solventes, catalizadores o reactivos que son esenciales para que la síntesis de los precursores funcione. Son ampliamente utilizados en la industria cosmética y fáciles de conseguir, siendo muy difícil establecer la trazabilidad de su uso final.
Respecto a los precursores y, de cara a esquivar los controles, los productores ilegales recurren a los pre-precursores, elementos químicos anteriores en la cadena y que están menos regulados. Podemos distinguir dos tipos, los de diseño, creados específicamente en laboratorios para evitar la regulación, pero con características químicas similares a los precursores, y los de doble uso, que tienen aplicaciones académicas, médicas y comerciales, pero que también se pueden usar para obtener drogas ilegales. Es decir, ante la imposibilidad de obtener los precursores necesarios sin hacer saltar las alarmas, se busca conseguir los elementos que, a su vez, conforman estos químicos.

Dos de los principales cárteles mexicanos dominan la cadena global del fentanilo. Estados Unidos pone en el ojo del huracán al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y al Cártel de Sinaloa (CS). De hecho, son comunes y recurrentes las noticias de incautaciones de grandes cantidades de precursores a estos cárteles. Por ejemplo, a finales de noviembre la Fiscalía General de la República (FGR) informó que se habían decomisado y destruido en Michoacán 52 toneladas de precursores.
Sin embargo, las últimas publicaciones de los investigadores de la Fundación Insight Crime, especializados en el estudio del crimen organizado, han descubierto que los cárteles son solo una pequeña parte de la cadena de suministro. En este entramado, el papel predominante lo desempeñan las empresas intermediarias, que operan en la "zona gris" haciendo acopio de los precursores de manera lícita, ilícita o híbrida. Una vez que los precursores llegan a México, los cárteles intervienen estableciendo cuotas de producción a los ‘cocineros’ semi independientes. En este sentido, los carteles no serían más que un comprador mayorista encargado de la distribución y la venta minorista a ambos lados de la frontera de su principal mercado de consumo, Estados Unidos.
Si México es el epicentro del mercado del fentanilo, Europa enfrenta su propia guerra contra las drogas sintéticas. En julio de este año, las autoridades italianas incautaron más de 6.337 toneladas de precursores químicos de origen chino con los que se podrían haber producido 63 millones de pastillas de MDMA. Su valor equivaldría a cientos de millones de euros en el mercado minorista. Se llevaron a cabo detenciones de ciudadanos chinos en Países Bajos y un empresario de Milán encargado de la importación. En 2022 se realizó un primer decomiso, los productos se declararon en la aduana como «revestimiento en polvo de poliéster», que no coincidía con los granos de polvo blanco y copos amarillentos encontrados en la inspección. Resultaron ser PMK, un precursor del éxtasis que es utilizado en la fabricación de perfumes.

Según la Agencia Policial Europea (EUROPOL), China cuenta con una industria química muy desarrollada y es el mayor distribuidor de drogas sintéticas del mundo. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) estima que existen en el país entre 40.000 y 100.000 empresas farmacéuticas. Si las búsquedas en la red se centran en esta dirección son numerosas las plataformas llenas de anuncios publicitando cannabinoides sintéticos, precursores del MDMA y nitazenos.
Según un informe de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el Partido Comunista Chino, Pekín subvenciona empresas químicas que fabrican drogas ilícitas. Vendedores de precursores ilegales con clientes europeos han sido contactados por periodistas de la BBC. Jóvenes estudiantes y profesionales que eliminan los juicios morales de su trabajo como vendedores online para este tipo de empresas. Se ven como intermediarios y no se plantean ni quién lo produce ni cuál es su destino, ya que perciben a esta “industria química” como una muy rentable y profesionalizada que aporta calidad y seguridad a las transacciones comerciales.

El crecimiento industrial y la iniciativa criminal hace que aumente el desafío a la hora de controlar la zona gris donde se mercadean los precursores químicos. Las drogas sintéticas tienen ventajas significativas respecto a las drogas tradicionales. Estas son más compactas y con potentes efectos que facilitan el transporte. El mercado ya aporta una demanda preexistente y su elevada rentabilidad las hace muy atractivas para los traficantes. La red criminal puede desarrollarse con estructuras simplificadas, sin necesidad de cometer delitos de sangre ni emplear mucha mano de obra. Las drogas sintéticas son un reclamo como nuevo producto, tanto para las organizaciones criminales ya instaladas como para nuevos actores, lo que está produciendo una distorsión del narcotráfico tradicional.