
España debe prepararse ante un posible ataque marroquí durante las elecciones de 2027
La Marcha Verde de 1975 y el ataque híbrido del 31 de julio de 2026 revelan un mismo riesgo: Rabat puede convertir la crisis política española y las próximas elecciones en una oportunidad estratégica para -ahora sí- lanzar una verdadera Marcha Verde. Debemos prepararnos para el ataque definitivo en 2027. Como explicaremos, en ese periodo se abrirá una ventana de oportunidad real para Marruecos.
Prevenir antes que curar
Si bien es cierto que no podemos afirmar contundentemente que Marruecos atacará en 2027, es evidente que debemos prepararnos para una intentona de ese tipo. Este matiz separa la previsión del alarmismo. El escenario no es el más probable, pero ya ha dejado de ser inconcebible y el coste de ignorarlo sería muy superior al de incorporarlo y obrar conforme a él.
La irrupción de decenas de miles de personas en Ceuta el 30 y 31 de julio ha sido una advertencia de escala histórica. El Gobierno contabilizó cerca de 50.000 entradas y calificó lo sucedido como un «ataque» y una «violación de la integridad territorial» española. La inhibición inicial de las autoridades marroquíes, seguida posteriormente por controles y cooperación para facilitar los retornos, permitió que una ciudad de unos 85.000 habitantes quedara desbordada en cuestión de horas. Los metrajes de camiones viajando a Ceuta cargados de varones mientras la Gendarmería Real incluso les saluda a su paso explicita a las claras esa situación.
Las personas que cruzaron no son armas ni deben ser tratadas como tales. Las profundas raíces morales de nuestros sistemas políticos y económicos son las que nos distinguen como primer mundo de ellos. Si su rey arroja a miles de súbditos como si fueran carnaza mientras festeja su Fiesta del Trono sobre los cadáveres de cientos de sus compatriotas, nosotros debemos ser mejores, vencerles y descarrilar sus aventuras imperialistas, pero hacerlo limpiamente, no necesitamos bajar al nivel de Marruecos para vencer a Marruecos.
Un precedente claro
La táctica híbrida consiste precisamente en explotar la desesperación para colocar al Estado atacado ante un dilema moral, jurídico y operativo. La referencia histórica es la Marcha Verde. En octubre de 1975, la Corte Internacional de Justicia reconoció ciertos vínculos históricos entre el Sáhara Occidental y Marruecos, pero no una soberanía marroquí capaz de anular el derecho de autodeterminación. Hassan II presentó el dictamen como una victoria y movilizó a unos 350.000 civiles. Franco transfirió sus poderes al príncipe Juan Carlos el 30 de octubre; la marcha comenzó el 6 de noviembre; España firmó los Acuerdos de Madrid el día 14 y Franco murió el 20.
Marruecos no derrotó militarmente a España. Explotó una sucesión de poder, utilizó una masa civil para dificultar cualquier respuesta armada y combinó presión sobre el terreno con negociación diplomática hasta provocar una retirada política. La documentación estadounidense desclasificada muestra que la transferencia del territorio y la Marcha formaban parte de una misma negociación coercitiva.
Ceuta y Melilla no son el Sáhara de 1975. Son ciudades españolas y territorio de la Unión Europea; su estatuto jurídico no admite comparación. Pero la analogía estratégica sí es válida: Rabat sabe actuar por debajo del umbral de la guerra, fabricar hechos consumados y escoger momentos en los que la capacidad militar española se puede anular importando menos que la posible parálisis de su dirección política.
Los condicionantes necesarios
La primera condición peligrosa aparecerá en 2027. Si se agotan los plazos legales, las próximas elecciones generales deberán celebrarse como máximo el 22 de agosto. La precampaña, la campaña y una eventual negociación de investidura pueden fragmentar la atención del Estado, intensificar la polarización y convertir cualquier respuesta en materia partidista y carnaza narrativa. Para un actor revisionista, una transición gubernamental caótica como la que promete 2027 ofrece algo más valioso que una ventaja militar: incertidumbre sobre quién decide, con qué respaldo y durante cuánto tiempo.
La segunda condición es el agotamiento de la política de apaciguamiento iniciada en 2022. Madrid modificó su posición sobre el Sáhara para abrir una nueva etapa con Rabat, aceptó su participación en el Mundial, obvio el ciberataque mediante Pegasus y cedió en las aduanas de Ceuta y Melilla, incluso asumió una foto indigna con la bandera española bocabajo, y todo para obtener estabilidad, cooperación migratoria y previsibilidad.
Sin embargo, el 31 de julio Marruecos vapuleó al ejecutivo español: demostró que no lo respeta, que no lo teme y que lo da por liquidado. El mismo día del ataque los redactores de la prensa marroquí -todos ellos adeptos al régimen- firmaron artículos llamando abiertamente a la cesión española de las ciudades, preguntándose incluso "cuántas vidas humanas" debía costar la rendición española. Así lo afirmó Tarik Qattab en Le360.
Marruecos puede considerar amortizado al Ejecutivo de Pedro Sánchez y José Manuel Albares: ya obtuvo su principal concesión y puede calcular que el coste marginal de volver a presionarles es reducido pues no tienen tiempo ni voluntad. No hace falta atribuir intenciones personales. Basta con observar los incentivos y las señales transmitidas durante los últimos años o la inexistente respuesta del Gobierno al ataque híbrido de Marruecos.
La tercera condición es Washington. Estados Unidos mantiene con Marruecos una relación estratégica estrecha y reconoce su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Eso no equivale a un cheque en blanco contra España, también aliada de Washington, pero puede alimentar en Rabat la expectativa de que un ataque híbrido civil -y mucho menos probablemente uno militar y rápido- le permita una suerte de Crimea 2.0 sobre las ciudades españolas sin una respuesta estadounidense.
Si Marruecos teme que de las urnas españolas salga un Gobierno más firme, menos condicionado por la política de 2022 y mejor conectado con Washington, su incentivo racional sería actuar antes de su investidura, no después.
La cuarta condición es la fatiga del poder español. Incendios, escándalos de corrupción, accidentes ferroviarios, el apagón eléctrico, desgaste parlamentario y crisis sucesivas proyectan la imagen de un ejecutivo absorbido por su supervivencia diaria; están tan agotados que tardaron en reaccionar y han querido irse de vacaciones antes que atender el mayor ataque sufrido por España desde el 11-M. La cuestión relevante no es si esa imagen resulta completamente justa, sino si Rabat puede interpretarla como falta de voluntad o reflejos para asumir costes o tomar decisiones críticas en cuestión de horas.
Un ataque en 2027 no tendría por qué parecerse a una invasión o a lo sucedido hace unos días. Podría combinar una operación militar rápida con una marcha civil, sabotajes, ciberataques, campañas de desinformación y una provocación limitada, diseñada para crear un hecho consumado antes de que Madrid, Bruselas y Washington acuerden cómo responder. El objetivo sería ocupar las ciudades de tal forma que España tenga que elegir entre asumir una guerra larga para recuperarlas o aceptar una cosoberanía.
Prepararse para lo peor
Prepararse exige aprobar antes de la campaña un plan nacional con un mando inequívoco, inteligencia y alerta temprana, refuerzo escalable de Guardia Civil, Policía y Fuerzas Armadas, protección de puertos, aeropuertos, energía, agua y telecomunicaciones, capacidad humanitaria para gestionar grandes concentraciones sin perder el control y ejercicios específicos con las autoridades locales.
En el plano exterior, España debe obtener de la UE, la OTAN, Estados Unidos y Francia compromisos previos de consulta, apoyo y costes diplomáticos ante cualquier acción coercitiva. En el interno, los principales partidos deberían acordar que una crisis de soberanía no paralizará al Estado durante la campaña o la investidura.
La prevención no consiste en anunciar una guerra inevitable, sino en cerrar la ventana de oportunidad. La lección de 1975 no es que la historia vaya a repetirse literalmente, sino que Marruecos ha sabido convertir la debilidad política española en ventaja operativa durante sus ataques híbridos. El 31 de julio demostró que pueden y quieren conquistar nuestras ciudades. Tenemos un año y debemos prepararnos para un posible ataque que aspire a ser definitivo.
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