En noviembre de 2024, la Unión Europea aprobó un paquete de 20 millones de euros destinado al ejército ruandés a través del Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, con el objetivo de ayudar a combatir la insurgencia yihadista en la región mozambiqueña de Cabo Delgado. Pocos meses después, el grupo insurgente M23, que cuenta con el apoyo de Ruanda, logró tomar sorpresivamente la ciudad de Goma, lo que conllevó la reactivación del conflicto civil en el este de la República Democrática del Congo (RDC). 

La secuencia de los hechos no es pura casualidad. Tampoco es nueva la injerencia de Paul Kagame en su “patio trasero” ya que, desde que llegó al poder en Ruanda en el año 2000, ha llevado a cabo una política de desestabilización de sus vecinos, en especial de la República Democrática del Congo, buscando alcanzar sus objetivos económicos e ideológicos.

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