El comercio, la tecnología y la influencia por las que se pugna en la región del pacífico son importantísimas, especialmente en un mundo tan globalizado, donde lo que pasa en una parte del planeta tiene un gran impacto en la otra punta del globo. Las continuas tensiones entre China y Estados Unidos son de vital importancia, especialmente porque estamos asistiendo al rearme de países que tradicionalmente estaban en contra de la militarización (como es el caso de Japón). 

Las inversiones en defensa no dejan de aumentar y el miedo a un conflicto está influenciando la toma de decisiones de los países de la zona. Por ello, este artículo utiliza de ejemplo a Corea del Sur, una nación que refleja claramente estas dinámicas.

Reunión de Joe Biden con el presidente de Corea del Sur, Yoon, en el año 2022. Fuente: Dominio Público
Reunión del presidente de EEUU Joe Biden con el presidente de Corea del Sur en el año 2022. Fuente: Dominio Público

Si algo está caracterizando la estrategia de Corea del Sur ante las tensiones entre Estados Unidos y China es su capacidad para adaptarse a los cambios de ambos países. En primer lugar, atendiendo al ámbito económico, las relaciones entre China y Corea del Sur han experimentado cambios significativos durante las últimas décadas. Su proceso de acercamiento culminó con la firma del Tratado de Libre Comercio en 2014, que pretendía eliminar las barreras arancelarias. 

Hoy en día China es el destino principal de la inversión extranjera directa de Corea del Sur, puesto que muchas empresas desean mejorar su competitividad sacando provecho de los bajos salarios y el bien formado capital humano chino en ámbitos importantísimos como la tecnología. Asimismo, desde 2004, China se ha convertido en el mayor proveedor de bienes y servicios de Corea del Sur, superando en este ámbito a Estados Unidos y provocando así una relación de dependencia en la que Corea aspira a diversificar sus exportaciones.

De esta manera, las tensiones de la región se ven reflejadas en un choque de intereses en el que no faltan amenazas armadas. Los ensayos nucleares realizados por Corea del Norte en 2016 permitieron la instalación de un sistema de defensa antimisiles THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) fabricado por Estados Unidos. 

Pese a las explicaciones coreanas, que aseguraban que estas medidas eran defensivas, la implantación de las mismas hizo saltar las alarmas en China, que consideró que esta acción representaba una amenaza para su país porque el sistema THAAD podía ser utilizado para actividades de espionaje por parte de Estados Unidos. La respuesta de Pekín se basó en la restricción de la llegada de turistas coreanos a China, lo que ocasionó pérdidas económicas (alrededor de 15 mil millones de dólares)[1] e inició una guerra comercial que afectó a importantes empresas surcoreanas como Hyundai, cuyas ventas cayeron un 64%.

Sistema THAAD en Corea del Sur en 2017. Fuente: Dominio Público
Sistema THAAD en Corea del Sur en 2017. Fuente: Dominio Público

Estos sucesos sirvieron para demostrar no sólo la interdependencia de la economía surcoreana y la china, sino también las tensas relaciones que hay entre Pekín y Washington que, de una forma u otra, terminan por influenciar y cambiar el comportamiento de los países que se ven afectados por la fricción entre estas dos potencias. 

Pese a que las relaciones entre Beijing y Seúl acabaron normalizándose, Corea del Sur decidió definir dos nuevos objetivos nacionales: diversificar sus exportaciones y reducir la dependencia del mercado chino. Esto ha derivado en su adhesión al RCEP y al IPEF, dos marcos económicos que buscan fomentar el intercambio comercial eficiente: el primero cuenta con China; el segundo es una iniciativa del presidente de los Estados Unidos Joe Biden. El objetivo de este plan es conseguir una posición neutral y beneficiosa en la región.

Por esta razón, merece la pena hacer hincapié en la importancia que tiene la RCEP.  El acuerdo más importante para la diplomacia comercial asiática nació en uno de los momentos más convulsos del siglo XXI: recesión mundial histórica, pandemia global, disputa comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China y una campaña trumpista que tenía dos objetivos: bloquear a empresas chinas como Huawei (a la cual se acusaba de espionaje) y aislar a Pekín de sus socios asiáticos. 

Así, la RCEP nace con el fin de sustituir el centro económico Atlántico por el Pacífico, reuniendo el 29% del producto mundial, el 30% de la población y un tercio de la inversión extranjera directa alrededor del mundo. En este punto, cabe destacar la forma en la que esta iniciativa puede fomentar la cooperación entre las potencias de Asia-Pacífico con el objetivo de asegurar grandes beneficios para todas las partes. Sería, en todo caso, una buena oportunidad para disminuir la escalada del dilema de seguridad haciendo prevalecer los intereses económicos de las partes. 

Fotografía grupal de líderes en la Cumbre de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) en Manila, Filipinas (14 de noviembre de 2017). Fuente: Galería de fotos de MEA
Fotografía grupal de líderes en la Cumbre de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) en Manila, Filipinas (14 de noviembre de 2017). Fuente: Galería de fotos de MEA

Algo a tener en cuenta que afecta a las relaciones entre China y Corea del Sur en el área de la seguridad y que está incluido en el plan surcoreano de Reforma de la Defensa 2.0 es el hecho de que, en 1953, se firmó un Tratado de Defensa Mutua entre Estados Unidos y Corea del Sur. Así, en caso de que alguno de ellos fuese atacado por un tercer Estado, el otro le ayudaría a protegerse, lo que permite a Estados Unidos mantener tropas en territorio surcoreano (véanse las bases de Pyeongtaek y Daegu). 

De esta manera, Corea podía seguir desarrollándose tras la guerra y Estados Unidos podía extender su influencia por Asia. Se han realizado más de 50 reuniones consultivas sobre seguridad entre ambos países, confirmando que el deseo de seguir profundizando en las relaciones surcoreanas-estadounidenses está todavía presente a día de hoy. 

En este sentido, la alianza es muy importante para Corea del Sur puesto que, a diferencia de China, Estados Unidos no es aliado de Corea del Norte y lo tendría mucho más claro a la hora de ofrecer protección a Seúl en caso de enfrentamiento. 

Al final, el resultado es que perdura un notable recelo entre Corea y China dado que, en paralelo a la alianza de Corea del Sur con Estados Unidos en materia de seguridad, China mantiene un Tratado de Cooperación y Asistencia Mutua con Corea del Norte. De hecho, según Augusto Aquiles (especialista en Integración Regional) la alianza con China es interpretada por algunos especialistas como un paraguas para el régimen de Kim Jong-un. Esto conduce a que, de escalar las tensiones entre las grandes potencias americana y asiática, se activarían una serie de alianzas que terminarían provocando mucho malestar en la península. 

El presidente chino, Xi Jinping (izq.) y el líder norcoreano, Kim Jong Un (der.)) [KCNA/Kyodo]
El presidente chino, Xi Jinping (izq.) y el líder norcoreano, Kim Jong Un (der.). Fuente: KCNA/Kyodo

No obstante, si algo aleja a China y a Corea del Sur de Estados Unidos son sus respectivas posiciones con respecto a Japón algo que, bien es cierto, viene siendo mitigado gracias al Acuerdo entre Japón, Estados Unidos y Corea del Sur para hacer frente a la amenaza china y norcoreana. Como se pone de manifiesto, en un intento de equilibrar los poderes, Corea del Sur ha preferido unirse a la potencia mundial que mejor puede proteger sus intereses, aunque esto signifique renunciar a sus prejuicios históricos contra Japón en pos de sus intereses comunes contra Corea del Norte. 

La aplicación de este complejo sistema de alianzas puede ser puesta en duda, ya que se sustenta en una política exterior pragmática orientada a la búsqueda de pactos basados en el interés nacional y que dejan de lado importantes nociones ideológicas, culturales e históricas. El dilema de seguridad es la razón principal de que se hayan empezado a conformar estas coaliciones. Desde el rearme de potencias sin saber si tienen un objetivo defensivo u ofensivo (véase el caso de China y Corea del Norte) hasta países que tratan de adaptarse a los posibles escenarios que podrían darse si hubiese un conflicto (en este caso, Corea del Sur). 

La disuasión que han tratado de construir Estados Unidos y Corea del Sur dista de ser eficaz, sobre todo porque han acrecentado las desconfianzas de China. Esto puede llegar a ser contraproducente para Corea del Sur; no hay que olvidar que China es indispensable para disuadir el programa nuclear norcoreano, es decir, que le conviene llevarse bien con China ya que puede ser clave en la mediación con su vecino del norte. 

Existe, por tanto, una clara respuesta a la creciente incertidumbre en la zona asiática. Reducir la dependencia del mercado chino (por si el suministro se viese afectado por un conflicto con terceros), preparar estrategias de defensa para adaptarse a posibles escenarios futuros convulsos derivados de la competencia entre Estados Unidos y China o simplemente diversificar la producción y las exportaciones e importaciones con aranceles bajos (puntos en los que se basa la política comercial surcoreana), siendo todos ellos signos claros del dilema de seguridad que está impulsando a los Estados asiáticos a organizarse de forma estratégica. 


[1] "La República de Corea ante el ascenso de China: entre el equilibrio y la integración" en Álvarez, M. (Comp.) (2023), "Periferia Global: Estudios coreanos contemporáneos en América Latina". Ediciones Universidad del Salvador. ISBN 978-950-592-305-2

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