En las costas del sudeste asiático, la bahía de Bengala ha sido testigo de uno de los fenómenos naturales más imponentes de la región: el monzón. Este poderoso viento, que durante siglos ha traído consigo lluvias e inundaciones devastadoras, es más que un simple fenómeno meteorológico para las poblaciones locales. Aunque catastrófico, el monzón también es una fuente de vida, proporcionando agua a los cultivos y llenando las reservas que garantizan la supervivencia en épocas secas. En Bangladesh, el monzón es casi una deidad, venerado y temido a partes iguales.

Sin embargo, en julio de 2024, la esperada temporada de lluvias no llegó. Lo que históricamente había sido un fenómeno crucial para la supervivencia, se convirtió en el símbolo de la desesperación y el levantamiento de toda una generación. Las calles de Bangladesh se llenaron de manifestantes clamando por un futuro mejor. De ahí nació la "Revolución del Monzón", un movimiento social que derivó en una de las etapas más sangrientas en la historia reciente de la nación[1]. 

Activistas del movimiento estudiantil en la Universidad de Dhaka. Fuente: Reuters
Activistas del movimiento estudiantil en la Universidad de Dhaka. Fuente: Reuters

Origen del descontento

El origen de las protestas se remonta a una decisión judicial. El 5 de junio, el Tribunal Supremo de Bangladesh restableció el sistema de cupos, otorgando así un 30% de los empleos públicos a las familias de quienes participaron en la guerra por la independencia de 1971. Este sistema, que en su momento fue considerado un acto de justicia para recompensar a aquellos que lucharon contra Pakistán, suponía para los jóvenes un grave inconveniente. 

Con más de 400.000 graduados cada año, las oportunidades laborales en Bangladesh son extremadamente limitadas. Apenas unos pocos miles de puestos de trabajo del sector público están disponibles anualmente, lo que deja a la mayoría de los jóvenes sin opciones claras de empleo. En este contexto, la reintroducción del sistema de cupos fue percibida como un ataque directo contra el futuro de la juventud, avivando así una ola de manifestaciones pacíficas que pronto se transformaría en una revuelta nacional.

El estallido de las protestas

La reacción inicial a la reinstauración del sistema de cupos fue pacífica. El 15 de julio, los estudiantes de la Universidad de Dacca se reunieron con carteles para exigir igualdad de oportunidades en el mercado laboral. Sin embargo, la represión no tardó en llegar. A medida que las protestas ganaban fuerza, el gobierno de la primera ministra Sheikh Hasina, conocida como la "Dama de Hierro" por su firme control del poder durante 15 años, respondía con mano dura. 

Las fuerzas de seguridad, incluyendo la Liga Chhatra - la milicia paramilitar leal a la Liga Awami (partido de izquierdas liderado por Hasina) -, la policía y la Guardia Fronteriza atacaron a los manifestantes con una violencia desmedida. Lo que comenzó como una protesta estudiantil pronto se extendió a todos los rincones del país. Alrededor de 400 personas murieron en enfrentamientos con la policía y la Liga Chhatra. Asimismo, las redadas nocturnas, en las que los líderes de las protestas eran capturados y detenidos, aumentaron el pánico y la tensión en todo el país.

Manifestantes en las calles de Bangladesh. Fuente: Europa Press
Manifestantes en las calles de Bangladesh. Fuente: Europa Press

La brusquedad de la represión no frenó a los manifestantes, que se mantenían firmes en su lucha. El gobierno intentó desprestigiar al movimiento, tildando a los participantes de razakars, un término peyorativo utilizado para referirse a los migrantes de habla urdú que llegaron a Pakistán Oriental (hoy conocido como Bangladesh), para colaborar con el ejército paquistaní durante la guerra de liberación[2]. Pero lejos de silenciar las protestas, estas provocaciones intensificaron aún más la ira popular. 

Entrenamiento de los razakars durante la guerra de liberación en 1971. Fuente: Genocide Bangladesh Archive
Entrenamiento de los razakars durante la guerra de liberación en 1971. Fuente: Genocide Bangladesh Archive

En este contexto, las mujeres jugaron un papel crucial. A pesar de sufrir ataques brutales por parte de la Liga Chhatra no se rindieron. Sus voces, a menudo silenciadas, se alzaron con fuerza en las calles exigiendo justicia y equidad[3].

El gobierno, en un intento desesperado por controlar la situación, implementó medidas drásticas. El acceso a internet fue bloqueado durante varios días y se impusieron toques de queda en las principales ciudades. A pesar de estas medidas, las manifestaciones no solo continuaron, sino que se intensificaron. Con el objetivo de apaciguar el clima de tensión, el Tribunal Supremo revocó nuevamente el sistema de cupos, lo que parecía un paso atrás en su implementación. Esta medida logró reducir temporalmente la presión y restaurar las comunicaciones en el país[4]. Pero para entonces, ya era demasiado tarde. Los manifestantes ya habían elevado sus demandas, pidiendo no sólo la abolición de los cupos, sino también justicia por las vidas perdidas durante las protestas.

Abu Sayed

Uno de los episodios más sobrecogedores durante las protestas fue el caso de Abu Sayed. El estudiante bangladeshí participaba en una protesta pacífica frente a la Universidad Begum Royeka junto a otros manifestantes. La policía irrumpió en la escena lanzando gases lacrimógenos y golpeando con porras. Cuando los agentes se aproximaron, Sayed se levantó y extendió los brazos en un claro acto de resistencia. De forma presuntamente deliberada y sin justificación, la policía le disparó al pecho, a pesar de que no representaba una amenaza real para ellos. Con solo 25 años, su muerte fue capturada en video y las imágenes de su asesinato desataron una ola de indignación entre los manifestantes[5]

Abu Sayed, activista y estudiante del departamento de Inglés de la Universidad Begum Royeka asesinado por la policía Bangladeshí la tarde del 16 de julio. Fuente: Amnistía Internacional
Abu Sayed, activista y estudiante del departamento de Inglés de la Universidad Begum Royeka asesinado por la policía Bangladeshí la tarde del 16 de julio. Fuente: Amnistía Internacional

La Caída de Sheikh Hasina

Lo que comenzó como una protesta contra una política específica había evolucionado hacia un movimiento antigubernamental más amplio. Los manifestantes exigían justicia para los muertos en las protestas y la renuncia de los responsables de la represión. Entre las demandas destacaba una consigna: la dimisión de Hasina[6]. Durante su mandato, la pobreza y la falta de oportunidades habían empujado a miles de ciudadanos al borde de la desesperación y la violencia de las protestas dejaba al descubierto las profundas divisiones sociales y económicas del país. 

El 4 de agosto, uno de los días más sangrientos de la revolución, 91 manifestantes murieron a manos de la policía[7]. Como consecuencia, el movimiento estudiantil decidió anticipar la “Marcha a Dhaka”, un desplazamiento masivo hacía la capital con el fin de presionar la dimisión de Hasina. El 5 de agosto, el día de la marcha, marcó un punto de inflexión. Después de semanas de violencia, Sheikh Hasina se vio obligada a abandonar el poder. En una escena que pocos podrían haber imaginado, la primera ministra huyó en helicóptero hacia la India, poniendo fin a un gobierno de una década y media. 

El papel de los trabajadores textiles fue fundamental en este desenlace. La industria textil es el corazón de la economía de Bangladesh y, cuando sus trabajadores empezaron a unirse a las protestas, la presión sobre el gobierno se volvió insostenible. Con el apoyo de varios sectores, el movimiento logró consolidar una coalición que resultó imparable. La caída de Hasina fue vista como una victoria para el movimiento, pero dejó un vacío de poder que generó nuevas incertidumbres.

Un futuro incierto

Con la huida de Hasina, el jefe del ejército, Waker-Uz-Zaman, asumió el control temporal del país y convocó a un amplio espectro de actores políticos y sociales a un diálogo nacional. Entre los posibles líderes para guiar el gobierno provisional, se destacó Muhammad Yunus, economista galardonado con el Premio Nobel en 2006. Hoy por hoy, Yunus se enfrenta a la difícil tarea de restaurar el orden y trazar el camino hacía una transición estructurada. El reto de Yunus no es menor. Con un país fracturado por la violencia y la represión, el camino hacia la estabilidad parece largo y lleno de obstáculos. Sin embargo, la participación de líderes estudiantiles en el nuevo gobierno de transición podría ofrecer una oportunidad única para que las demandas de justicia y equidad sean finalmente escuchadas. 

Muhammad Yunus rodeado de líderes estudiantiles. Fuente: El Mundo
Muhammad Yunus rodeado de líderes estudiantiles. Fuente: El Mundo

Mientras tanto, Hasina, que enfrenta múltiples acusaciones referentes a la represión violenta durante las manifestaciones, sigue refugiada en la India. No obstante, su hijo, Wazed Joy, ha declarado que la ex primera ministra tiene la intención de regresar para la próxima convocatoria de elecciones generales. Además, ha subrayado que un proceso democrático auténtico no sería posible sin la participación de la Liga Awami. 

Por otro lado, el jefe del ejército bangladeshí ha garantizado su respaldo al gobierno de transición. No obstante, ha acordado un período límite de 18 meses para convocar elecciones, lo que permitiría implementar una transformación integral del sistema político y poner fin a la actual crisis.


[1] https://nuso.org/articulo/estudiantes-protestas-bangladesh/ 

[2]https://www.aljazeera.com/news/2024/7/22/who-were-the-razakars-and-why-are-they-central-to-bangladesh-protests

[3]https://en.prothomalo.com/bangladesh/4lcdbjzq18 

[4]https://www.aljazeera.com/news/2024/7/21/bangladesh-court-scraps-most-job-quotas-that-caused-deadly-unrest-reports

[5]https://www.amnesty.org/es/latest/news/2024/07/what-is-happening-at-the-quota-reform-protests-in-bangladesh/

[6]https://www.thedailystar.net/news/bangladesh/news/quit-now-protesters-govt-3668751

[7]https://www.france24.com/es/asia-pac%C3%ADfico/20240804-bangladesh-est%C3%A1-en-toque-de-queda-luego-de-73-muertos-en-la-jornada-de-protestas-antigubernamentales

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