La legislación siempre marcha por detrás de la sociedad, sus procesos y tiempos son más lentos y esto provoca que el aspecto jurídico trate de adaptarse y reaccionar a cosas que ya ocurren en la práctica y no al revés. Esto es especialmente cierto en el ámbito tecnológico dónde las innovaciones de los últimos años, como la Inteligencia Artificial, se suceden rápidamente creando nuevos retos y desafíos que hace tan solo dos años considerábamos imposibles.

La Unión Europea, como mayor poder regulatorio del mundo, tiene una responsabilidad especial a la hora de responder a estos retos. Por tanto, no es de extrañar que ya en 2021 la Comisión Europea propusiera su primera legislación respecto a Inteligencia Artificial. A partir de ahí comenzó un proceso largo y complejo plagado de cuestiones técnicas, jurídicas, económicas, sociales y hasta filosóficas. Ese proceso culminó finalmente la pasada semana cuando la UE adoptó su Ley sobre Inteligencia Artificial.

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