Por Felipe Passolas y Yago Rodríguez

El pasado martes conocimos la sorprendente noticia de que STC Group (Saudi Telecom Company) - el principal operador saudí - ha adquirido por un importe de 2.100 millones de euros una participación del 9,9% de Telefónica. Esto convertiría al fondo soberano saudí en el primer accionista de la compañía. BBVA con un 4.87% quedaría como segundo socio, el fondo estadounidense BlackRock con un 4,48% en tercera posición y Caixabank con un 3,5% sería el cuarto socio institucional.

Telefónica es considerada una empresa estratégica -y no solo debido a que represente la “marca España”- sino porque es una de las principales empresas del Ibex 35 y de ella dependen contratos y tecnologías estratégicas en materia de infraestructuras críticas, seguridad nacional y similares.

Gráfico cotización de Telefónica, 5 días. Vía PC Bolsa.

Por su parte, la vicepresidenta primera del gobierno en funciones Nadia Calviño, no ha tardado en aclarar ante los medios que el gobierno ha sido informado por la empresa adquiriente y que el análisis de la operación prioriza la salvaguarda de los "intereses estratégicos de los españoles".

La sorpresa ha sido mayúscula en medios de comunicación y -al parecer- en el gobierno. La operación se ha llevado con absoluta discreción, la prestigiosa multinacional financiera Morgan Stanley ha preparado durante meses los trámites y maniobras bursátiles, logrando que estos pasen desapercibidos incluso para algunos de los operadores profesionales más importantes.

La adquisición se forma mediante un 4,9% de acciones del capital social de Telefónica y un 5% restante en instrumentos financieros transformables, en el futuro, en acciones. La conversión de este 5% en acciones requeriría la autorización de los organismos reguladores.

El contexto

STC ha comprado barata la tecnológica, pues Telefónica cotizaba a 29 euros/acción en el año 2000 o 13 euros en 2015, mientras que hoy son sólo 3,7 euros por acción, en este sentido la operación parece estar perfectamente calculada, tanto en los plazos como en los límites de la inversión para que resulte segura, como para evitar que las normas que afectan a la compraventa de empresas estratégicas anulen la adquisición saudita.

Llamativamente, el único que no se ha enterado de esta operación parece haber sido el propio mercado. La cotización dio un pequeño salto de un cierre por 3,75 euros a una apertura que osciló entre 3,81 y 3,88 euros. Una variación minúscula habida cuenta de que estamos ante una de las noticias más importantes para Telefónica en una década.

Equipo directivo STC. Vía STC.

El resto de la semana el mercado ha permanecido inánime, sin reaccionar. ¿Cómo es posible que no hayan aparecido grandes órdenes de compra o venta?.

No podemos culpar al mercado de no percibir la noticia, ya que a este último no lo entiende nadie en los últimos meses. Salimos de un mes de agosto que es imprevisible en las bolsas, entramos en un septiembre negativo y nos adentramos en una época en la que el mercado parece interpretar las malas noticias como buenas y en la que está acostumbrado a superar quiebras bancarias típicas de principios de verano y a la espera de una crisis económica en China.

Los brokers tratan de educar a los inversores con términos como “aterrizaje controlado de deflación incipiente" y los políticos pretenden culpar a la inflación subyacente de todo, evadiendo cualquier clase de responsabilidad.

El caso saudí

En el corazón de STC se encuentra el español José D. Valle, que trabajó 17 años en Telefónica como "director de Operaciones Especiales" y quien seguramente ha recibido al propio presidente de la compañía José María Álvarez Pallete y a su CEO Ángel Vilá en su reciente viaje a Riad para informarles de la propuesta saudí.

La compra quizás no sorprenda tanto a ojos de otros países europeos, ya que España es un país atractivo para las inversiones. Analistas independientes en declaraciones a The Politcal Room, llaman la atención de las compras que Arabia, Emiratos y Catar ya habían hecho en el selectivo español.

Las subidas de precios en la industria turística ya no son tan seductoras para el turismo británico de borrachera y, en cambio, España empieza a ser vista como una potencia en materia de energías renovables con un gran mercado en materia de Hidrogeno verde o como nodo gasístico europeo, en este sentido, los sauditas parecen estar diversificando sus inversiones en Europa y en lugar de confiar tanto en Reino Unido, ahora optan también por una apuesta española.

Traducción del comunicado oficial de Telefónica remitido a The Political Room que, curiosamente, en origen estaba en inglés.

Con base en el párrafo anterior se entiende la jugada. Telefónica conseguirá capital para mejorar su presencia en el mercado iberoamericano, evitando así los saturados mercados del viejo continente, y a la vez, obtendrá acceso a la red de STC en el resto del mundo, que no es poco. Sin duda, una presencia global interesante. A cambio la tecnológica saudí obtendrá infraestructuras, acceso a mercados europeos y tecnología de telecomunicaciones y Defensa.

Las declaraciones oficiales de STC han enfatizado que no participarán en el control de la tecnológica y que se trata de una inversión alineada con los intereses de ambas partes.

Podemos encuadrar los pasos de la teleco saudí en el marco de su “Vision 2030”. La mayor economía del Golfo Pérsico lanzó una hoja de ruta abanderada por el príncipe heredero Mohamed Bin Salmán con el objetivo de reciclar su economía para evitar la dependencia de los hidrocarburos y de paso limpiar la imagen del país a nivel internacional.

Al fin y al cabo es más sencillo vender una Arabia Saudí dedicada al turismo y la inversión, si su imagen internacional no depende solo de un motor y de un país cerrado a la modernidad.

La cascada de declaraciones ha puesto el foco en la legislación ante adquisiciones empresariales no deseadas efectuadas por extranjeros. El escudo antiopas (Operaciones Públicas de Adquisición) se modificó hace dos meses, especificando que se aplica si hay un cambio de control y se adquiere un 10% del capital. Este porcentaje bajaría a un 5% si la empresa está involucrada en proyectos que afectan a la Defensa Nacional, como es el caso.

Planta de Hidrógeno verde de Iberdrola en Puertollano Huelva. Vía Iberdrola.

La operación estará pendiente de validación durante tres meses, a la espera de la decisión del consejo de ministros.

El asunto chino

En paralelo, Bruselas está considerando la prohibición total de las inversiones chinas por medio de Huawei en la red 5G europea, medida que se demora por la incapacidad de los miembros de la unión para alcanzar la unanimidad. El comisario de Mercado Interior de la UE, Thierry Breton, informó a sus homólogos nacionales que solo un tercio de los Estados Miembros ha prohibido la tecnología de Huawei en las infraestructuras críticas de sus telecomunicaciones.

Como nos explica el politólogo especializado en la Unión Europea y miembro de The Political Room, Daniel Gil, ante una circunstancia como esta el gobierno puede solicitar una opinión consultiva al mecanismo antiopa comunitario, invocando el 'Foreign Direct Investment Act', ya que se trata de un sector estratégico con la calificación de "interés especial".

Muchos de estos mecanismos a nivel comunitario se crearon para enfrentar la influencia de China en Europa, y es cierto que en los últimos años numerosos países occidentales -incluida España- han endurecido sus medidas contra inversiones foráneas como reacción al programa "Made in China 2025".

Los riesgos para la seguridad nacional

Los expertos se han lanzado al debate del liberalismo económico versus el intervencionismo del Estado centrándose en el análisis financiero. No es de sorprender ante nuestra (in)cultura de Defensa, que se soslaye la importancia estratégica, soberana, que la empresa tiene para la sociedad, sus Fuerzas Armadas o sus servicios de inteligencia.

Los análisis rápidos caen en el error de contemplar exclusivamente la operación económica sin haber respondido primero a la pregunta de si el grupo saudí ejercerá control sobre la compañía y sus contratos, por mucho que declare que no es su interés. Al fin y al cabo su control accionarial del 9,9% les daría derecho de representación y voto en el consejo de Telefónica.

La sorpresa podría desairar a los socios mayoritarios como BBVA y la Caixa, justamente debido a que la dirección del consejo puede tomar un rumbo imprevisto para sus intereses accionariales, de hecho, sumados al porcentaje de BlackRock, el 14,38% del consejo estaría en manos extranjeras, y como resultado un porcentaje importante de la seguridad estratégica de las comunicaciones españolas estaría en una posición que debe ser objeto de escrutinio público.

Mapa de la red de STC. Vía STC.

Telefónica es una multinacional con tantos proyectos en Defensa - con tantas incubadoras de I+D - que es más sencillo nombrar donde no está que donde está.

Navantia y Telefónica Tech anunciaron en el mes de junio que instalarían un sistema de ciberseguridad reforzado en los submarinos de la clase S-80. Este proyecto con la Armada española convive con la directiva de garantizar comunalidad con la que tecnología que Telefónica ya incorpora en las fragatas F-110.

Los armarios de ciberdefensa que la compañía aporta a los submarinos crean una burbuja de seguridad. Los submarinos desarrollan su labor en entornos aislados por su propia naturaleza, pero son vulnerables en superficie y puertos nacionales o extranjeros donde la ciberseguridad proporcionada por estos armarios es fundamental.

En el mes de junio el Ministerio de Defensa adjudicó 70 millones de euros a Telefónica para las telecomunicaciones vía satélite de Defensa. El importe va destinado a la implantación integral de la estructura de la red de telecomunicaciones vía satélite que debe ser gestionada por el Ministerio de Defensa. Esta red consta de antenas en las bandas de operación X y Ka MIL, equipos de radio frecuencia, frecuencia intermedia y elementos de gestión y supervisión.

Submarino S-80 en los astilleros de Navantia. Fuente Telefónica Tech.

El componente CIS del Sistema de Mando y Control Militar (SMCM) fue adjudicado a Telefónica por 9,5 millones de euros. El SMCM es una red de comunicaciones para la transmisión de voz y datos. Integra un sistema de mando, información y consultas políticas para apoyar tanto a las funciones del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) como a organismos y autoridades del Ministerio de Defensa. El componente CIS es el encargado de las tecnologías de la información que permiten dirigir, organizar y emplear las Fuerzas Armadas.

El Ejército de Tierra firmó un contrato de 5 millones de euros para crear una nube de combate 5G con Telefónica que pueda ampliar la conexión con un enjambre de drones. En este sentido, el suministro de un sistema de comunicaciones táctico con entidad de brigada que pretende ser capaz de soportar a 1.000 usuarios, 10.000 dispositivos conectados y permitir ampliar esa nube lanzando enjambres de drones es un proyecto muy ambicioso.

Centro de mando, en el campo de maniobras de San Gregorio, CENAD. Caballeros legionarios de la División Castillejos planeando las operaciones en el ejercicio europeo del Battle Group Quick Lion 2018. Vía Felipe Passolas.

Telefónica siempre ha prestado su colaboración a Defensa para el desarrollo de infraestructuras tecnológicas. La lista de proyectos y empresas de Telefónica suma y sigue. Por todo esto no es de extrañar que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y el Departamento de Seguridad Nacional tengan que intervenir en la autorización de la operación y -de paso- cerciorarse de los planes de STC.

Para concluir, el calendario de la operación tampoco parece casual, ya que durante este plazo de tres meses en el que se autorizará o rechazará la operación, Navantia tiene pendiente la entrega de diversos buques a Arabia Saudí por un monto de 2.000 millones de euros. Los detalles se cerrarán durante este mes.

En conclusión, pesan muchas incógnitas sobre los entresijos de esta operación, sobre quién está y quién no está informado sobre la misma, en particular el gobierno y las instituciones del Estado, y justo por ello no es posible emitir una opinión definitiva sobre la operación.

Si realmente se trata de una mera operación de inversión con sinergias para ambas partes, solo es necesario que se garanticen dos cosas: la españolidad de Telefónica en el fondo y la forma, y la protección de los intereses de nuestra seguridad nacional.

En todo caso, sería de agradecer una mayor transparencia para con los medios, así como mecanismos concretos con los que los saudíes puedan materializar la buena fe que dicen alegar en cuanto a ejercer sus derechos sociales sobre el consejo que administra Telefónica.

Cuando pensamos en seguridad, la sociedad piensa en policía o ejército, pero no percibimos valores intangibles como tener pantanos y depuradoras que garanticen acceso seguro a agua potable o empresas de telecomunicaciones que aseguren el "tabaco" del siglo XXI: los datos, internet...

Por todo ello, tenemos el derecho y el deber de escrutar la operación, seguirla incluso cuando se atempere el interés público, elogiar la atracción de inversiones extranjeras o criticar la deslealtad hacia España y su seguridad en función de cómo se desarrollen los acontecimientos.

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