Imagínense, por un momento, un Oriente Próximo sin fronteras ni guerras. Una región al estilo de la Zona Schengen en la que se pudiese ir en coche de Beirut a Damasco en dos horas, de Amán a Beirut en cuatro horas y de Jerusalén a Amán en tan solo una hora. Imagínense el increíble potencial que tendría dicha región en todos los sentidos.

Desafortunadamente, Oriente Próximo está a años luz de conseguir dicho escenario y las fronteras nacionales simulan altos muros de titanio reforzado.

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