En un día fatídico a finales de agosto, la región de Tver fue testigo de un evento siniestro cuando un jet en el que viajaban Yevgeny Prigozhin, jefe del grupo paramilitar Wagner, y otras nueve personas se estrellaba después de que un dispositivo explosivo fuera colocado bajo su ala. 

Aunque la narrativa oficial sugería una detonación accidental de una granada, una nueva investigación del Wall Street Journal revela un complot más profundo y calculado, presuntamente orquestado por el confidente del presidente ruso Vladimir Putin, Nikolai Patrushev, según información facilitada por funcionarios de inteligencia occidentales y un exoficial de inteligencia ruso.

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Nikolai Patrushev junto a Vladimir Putin. Créditos: AFP

El Kremlin, rápido en negar cualquier participación en la muerte de Prigozhin, pintó una historia diferente. La afirmación de Putin de que una granada causó el accidente fue desacreditada por una fuente de inteligencia europea con un canal de comunicación con el Kremlin, revelando que Prigozhin "tenía que ser eliminado", un motivo completamente diferente a la versión oficial.

Las raíces de la presunta orquestación de Patrushev yacen en el ascenso y creciente influencia de Prigozhin, especialmente en Ucrania, donde sus enfrentamientos con el liderazgo militar ruso culminaron en un levantamiento armado de las fuerzas de Wagner. Patrushev había advertido persistentemente a Putin sobre el peligro que Prigozhin representaba para la autoridad del Kremlin.

Yevgeny Prigozhin durante el motín contra la cúpula militar rusa. Créditos: AFP
Yevgeny Prigozhin durante el motín contra la cúpula militar rusa. Créditos: AFP

Las confrontaciones públicas de Prigozhin con los líderes militares sobre suministros y armas proporcionaron a Patrushev la oportunidad ideal para consolidar la autoridad de Putin.

Después del motín, la estrategia de Patrushev se volvió aún más meticulosa. Inicialmente, se embarcó en una ofensiva diplomática, organizando conversaciones aparentemente conciliatorias con Prigozhin para persuadirlo de retirarse. Pero detrás de esta fachada de negociación, Patrushev estaba tejiendo una red más oscura.

Simultáneamente,  buscó apoyo externo, contactando con los gobiernos de Kazajistán y Bielorrusia como intermediarios potenciales. Con una habilidad maestra, Patrushev convenció al presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, para que respaldara públicamente las conversaciones, convirtiéndolo en un peón esencial en su intrincado plan.

La oferta presentada a Prigozhin por Lukashenko, elaborada cuidadosamente por Patrushev, garantizaba que, si abandonaba su campaña militar y dirigía sus fuerzas hacia Bielorrusia, podría mantener el control de sus operaciones en el extranjero, especialmente en África. Este acuerdo, lleno de promesas y amenazas veladas, también ofrecía seguridad para los hombres de Prigozhin, quienes podrían trasladarse a Bielorrusia sin temor a represalias.

En una táctica de desinformación, Putin, desde su retiro en una villa lejana, denunció públicamente a Prigozhin y al liderazgo de Wagner como traidores, un acto destinado a aislar al señor de la guerra y forzarlo a aceptar la oferta de Patrushev. Prigozhin, sin el respaldo activo de los militares y sin la lealtad de sus unidades cedió a regañadientes poniendo fin a su motín.

Después de la tregua, una calma incómoda se posó sobre Moscú, pero la vigilancia sobre Prigozhin continuó. La influencia de Patrushev creció, presionando por una agenda más autoritaria y militarista. Finalmente, Patrushev presentó el plan para acabar con Prigozhin a Putin, quien no opuso objeción alguna.

Patrushev, el arquitecto silencioso del gobierno de Putin, ascendió a través de las filas del aparato de seguridad ruso, dando forma a las políticas y ejecutando órdenes con precisión para mantener la supremacía del Kremlin. El supuesto papel en la eliminación de Prigozhin no solo sirvió a los intereses de Putin, sino que también consolidó el control de Patrushev antes de las próximas elecciones presidenciales.

La intrincada red tejida por Patrushev se extiende más allá de las fronteras de Rusia. Su participación en la gestión de relaciones exteriores y operaciones de inteligencia, incluida la fallida interferencia en Montenegro y la facilitación de la alianza de Rusia con China, muestra su importancia en la formación de la estrategia global de Moscú.

Patrushev junto al ministro de asuntos exteriores chino, Wang Yi. Créditos: Sputnik
Patrushev junto al ministro de asuntos exteriores chino, Wang Yi. Créditos: Sputnik

La muerte de Prigozhin, disfrazada como un accidente desafortunado, refleja el modus operandi histórico de Patrushev. El exagente del KGB convertido en zar de la seguridad tiene un historial de eliminación de amenazas, evidente en los asesinatos extrajudiciales legalizados de rusos en el extranjero y las muertes misteriosas de emigrantes rusos en Europa y el Medio Oriente.

El período posterior al asesinato de Prigozhin marcó una época de inquietud en Moscú, poniendo al descubierto fracturas internas dentro del régimen de Putin. El enfoque calculado de Patrushev para mantener a Prigozhin bajo control después del fallido levantamiento mostró su maestría para navegar las dinámicas de poder del Kremlin.

Como la mano derecha de Putin, la influencia de Patrushev sigue creciendo, superando la del ministro de Relaciones Exteriores. Sus entrevistas recientes, cargadas de retórica agresiva y llamados a una mayor militarización, reflejan un giro hacia el autoritarismo. En esta figura sombría Putin encuentra un consejero leal y Rusia se prepara para las implicaciones de la influencia ominosa de Patrushev en su trayectoria.

La sombra del legado de Patrushev se extiende más allá de la saga de Prigozhin, llegando a las complejidades de la geopolítica rusa. Su papel como un conducto clave entre Moscú y Pekín, revelado por exfuncionarios de alto rango de la Casa Blanca, subraya su importancia en equilibrar las alianzas de Rusia.

El silencioso burócrata que, al igual que Putin, desprecia a los medios, es más que un estratega: es el cerebro que teje los hilos del poder, manteniendo la estabilidad del gobierno de Putin.

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