Pasado y presente de las relaciones entre Afganistán y Pakistán (Parte 2/2)


El pasado...

La región comprendida entre la cuenca del río Indo y la cadena montañosa del Hindu Kush se compone de un mosaico de religiones, etnias o culturas que, hoy en día, se encuentran integradas en los estados modernos de Pakistán y Afganistán. Este artículo analiza la compleja relación entre estos dos estados lo largo de los siglos XX y XXI, así como el papel que han desempeñado los intereses de las grandes potencias en las dinámicas regionales. 

Un funcionario del gobierno paquistaní explica el sistema de inmigración biométrica a la administradora de la DEA, Karen P. Tandy, en el punto de cruce fronterizo de Chaman, Pakistán, con Afganistán. Fuente: US Drug Enforcement Administration
Un funcionario del gobierno paquistaní explica el sistema de inmigración biométrica a la administradora de la DEA, Karen P. Tandy, en el punto de cruce fronterizo de Chaman, Pakistán, con Afganistán. Fuente: US Drug Enforcement Administration

La Línea Durand

La Línea Durand, actual frontera entre Afganistán y Pakistán, tiene su origen en 1893, fecha en la que Henry Mortimer Durand, secretario de asuntos exteriores del gobierno de la India, fue designado como jefe de una delegación que tenía como objetivo negociar con Abdur Rahman Khan, emir de Afganistán, la repartición de las zonas habitadas por las etnias pastún o baluchi y el establecimiento de una zona de separación entre las áreas de influencia de los imperios ruso y británico. 

Si bien los errores topográficos de los mapas de la época o la presencia de tribus nómadas en la frontera dificultaron la plasmación de la Línea Durand sobre el terreno físico, esta fue reconocida indirectamente en 1901, tras respetar el Imperio Británico los límites de la misma en la creación de la provincia de la Frontera del Noroeste. Pese al establecimiento de un límite territorial, la administración inglesa llevó a cabo una política de frontera adelantada tras la tercera guerra anglo-afgana de 1919, lo que hizo comunes los ataques y disturbios en las áreas tribales durante las décadas de 1920 y 1930.

Línea Durand. Autor: Weaveravel
Línea Durand. Autor: Weaveravel

En 1947, los líderes afganos amenazaron con conceder a los pastunes la oportunidad de crear un Pastunistán independiente si Kabul era privada de participar en las negociaciones entre Londres y Delhi para decidir el proceso de transferencia de poder de la administración colonial a los nuevos estados: la Unión de la India y el Dominio de Pakistán. 

En este sentido, Lord Mountbatten, último virrey de la India británica y primer gobernante general de la Unión de la India, desestimó las pretensiones de Afganistán de hacerse con el dominio de las áreas pastunes alegando que el recién creado estado de Pakistán sería el sucesor legítimo de los territorios británicos. Por su parte, el primer ministro pakistaní, Liaquat Ali Kan, hizo referencia al referéndum de adhesión en favor de Pakistán y a los nuevos tratados del estado con las zonas tribales para desestimar las demandas afganas.

El desencanto de Afganistán con el establecimiento de la Línea Durand como frontera llevó al país a votar en contra de la membresía de Pakistán en las Naciones Unidas en 1948. Como respuesta, Pakistán impuso restricciones comerciales a las importaciones y exportaciones en la frontera, lo que fue sucedido por escaramuzas en 1949 y la petición de una “loya jirga”, esto es, una asamblea de líderes tribales pastunes, para que los habitantes de Pastunistán pudiesen celebrar un referéndum de adhesión a Afganistán.

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Lord Mountbatten (último gobernador británico de la India) posa junto a su esposa y Muhammad Ali Jinnah (fundador de Pakistán), así como la hermana de este último, Fátima Jinnah, el 14 de agosto de 1947. El fin del imperio se produjo en ceremonias cuidadosamente organizadas en Karachi y al día siguiente en Delhi. A última hora de la tarde, la Asamblea Legislativa aprobó la resolución que proclamaba la independencia e invitó a Lord Mountbatten a ser el primer gobernador general de la India. Al día siguiente, después de jurar su cargo, la ceremonia principal consistió en desplegar la bandera del nuevo dominio de la India en Princes Park.

La Guerra Fría

Tanto Kabul como Karachi acudieron a Estados Unidos tras el inicio de la Guerra Fría. No obstante, Washington priorizó las relaciones con Pakistán dado que existía la aceptación implícita de que Afganistán se encontraba en la zona sur del área de influencia soviética. Así, la adhesión de Pakistán a la SEATO y a la CENTO para recibir apoyo en sus conflictos con la India en Jammu y Kachemira motivó al gobierno afgano de Daoud Khan a acudir a la Unión Soviética para modernizar sus fuerzas armadas.

En las décadas de 1950 y 1960, Karachi cerró la frontera con Afganistán y volvió a bloquear las importaciones tras acusar a Kabul, Moscú o Nueva Delhi de fomentar las incursiones de milicias afganas en las zonas tribales pakistaníes. Así, las relaciones diplomáticas entre Afganistán y Pakistán estuvieron interrumpidas hasta los acuerdos de Teherán de 1963, fecha en la que la dinastía Mohammadzai destituyó a Daoud Khan e inició un periodo en el que el rey gobernó con el apoyo de una élite pastún minoritaria con el fin de evitar un escenario de hostilidad permanente con Pakistán.

Los esfuerzos de mediación de Irán tuvieron sus frutos, pues Kabul apoyó a Karachi en la guerra Indo-Pakistaní de 1965 y se mantuvo neutral en la de 1971, aunque se produjeron encuentros entre altos oficiales de ambos gobiernos. Además, durante este periodo, Washington logró reducir la influencia soviética en Afganistán. 

Sardar Mohammed Daoud Khan: el primer presidente de Afganistán entre 1973 y 1978, junto a Henry Kissinger.
Sardar Mohammed Daoud Khan (centro), primer presidente de Afganistán entre 1973 y 1978, junto a Henry Kissinger.

Sin embargo, la crisis económica afgana y las consiguientes migraciones a Pakistán volvieron a torcer las relaciones ya que, en 1973, Daoud Khan lideró un golpe de estado con el apoyo de oficiales militares y figuras políticas vinculadas al PDPA, partido de ideología comunista marxista-leninista. El retorno de Daoud Khan al poder generó preocupaciones en Islamabad debido a su historial de apoyo a movimientos separatistas baluchis y su apoyo a la causa del Pastunistán.

Pese a ello, Khan mantuvo su neutralidad durante la Guerra Fría, llegando a acercarse al ejecutivo pakistaní de Ali Bhutto para reconocer la Línea Durand como frontera internacional. No obstante, las relaciones se enfriaron de nuevo tras el derrocamiento de Bhutto en 1977 y la revolución de Saur en Afganistán en 1978, que fue sucedida por el asesinato del líder prosoviético Nur Muhammad Taraki y la llegada al poder de Hafizullah Amin en 1979, motivando ello la invasión soviética de Afganistán.

La Guerra Civil afgana

La invasión soviética de Afganistán coincidió con la incertidumbre postrevolucionaria en Irán y la insurgencia en Baluchistán, corriendo Pakistán el riesgo de que la Unión Soviética emplease Afganistán como un paso intermedio en su deseo por hacerse con la posesión de un puerto de aguas calientes en Gwadar. Asimismo, Islamabad temía que una posible alianza entre Moscú y Nueva Delhi motivase una lucha en dos frentes. 

Sin embargo, el estancamiento soviético en Afganistán modificó la naturaleza de las amenazas para Pakistán, pasando Islamabad a temer las consecuencias económicas y sociales del establecimiento de 3,2 millones de refugiados en las provincias fronterizas del noroeste o la posibilidad de que los movimientos secesionistas pastunes pudiesen aliarse con la URSS o alentar protestas de las etnias baluchi y siddh contra el estado pakistaní.

Estas amenazas alinearon los intereses estadounidenses y pakistaníes en la guerra. Así, en los años que duró esta, con la ayuda de la CIA y por medio de sus servicios de inteligencia (ISI), Pakistán aprovechó la porosidad de la Línea Durand para facilitar la logística y el financiamiento de los muyahidines, milicias de resistencia compuestas, en muchos casos, por combatientes extranjeros que, motivados para luchar en una guerra santa y expandir el islamismo salafista, debilitaron a las fuerzas soviéticas y sus aliados afganos.

En 1988, Afganistán y Pakistán firmaron un acuerdo de paz. Con todo, la desintegración de la URSS en 1991 llevó al colapso del régimen pro-soviético de Mohammad Najibulá en 1992 y al inicio de una guerra civil entre facciones muyahidines. Esta guerra civil finalizaría en 1996 con la llegada al poder de los talibán, un grupo fundamentalista islámico conformado, principalmente, por pastunes afganos que estudiaban en las escuelas coránicas o “Madrasas” pakistaníes.

En 1997, Islamabad reconoció al gobierno talibán, presumiendo que ello les permitiría influir en el país vecino para reducir las disputas por las áreas tribales, asegurar la profundidad estratégica en caso de un conflicto con la India, evitar nuevos influjos de refugiados, garantizar el tránsito de hidrocarburos desde Asia Central y fomentar su proyección de poder en esta región. Pese a ello, durante su gobierno entre 1996 y 2001, los talibán no llegaron a reconocer la Línea Durand. 

Pakistán enfrentó duras críticas por el reconocimiento de un régimen caracterizado por la estricta aplicación de la sharía o por proporcionar cobijo a Al-Qaeda, una organización terrorista que abogaba por la yihad contra occidente. Además, el país enfrentaba una frágil situación económica a causa de las sanciones impuestas por Washington tras las pruebas nucleares de 1998, lo que devendría en el golpe de estado del general Pervez Musharraf y, consiguientemente, en el cese de asistencia económica y venta de equipos militares por parte de Estados Unidos.

Ello, unido a la amenaza de la administración Bush por designar a Pakistán como un estado promotor del terrorismo tras emplear Islamabad la narrativa de la yihad global a fin de fomentar la insurgencia en Cachemira en 1989, puso de manifiesto que el acercamiento entre Pakistán y Estados Unidos en décadas anteriores se había dado a causa de la existencia de un enemigo común: la Unión Soviética.

La Operación Libertad Duradera y el resurgir de los talibán

La política exterior de Islamabad con respecto a los talibán dio un giro de 180 grados tras los atentados llevados a cabo por Al-Qaeda el 11 Septiembre de 2001 en Nueva York, Washington y Pensilvania. Musharraf, con el apoyo de las facciones liberales de Pakistán, trató de poner fin al aislamiento internacional, que hubiera amenazado al país en caso de haber mantenido su apoyo al régimen talibán, asegurando así el acceso a armamento de Washington, el levantamiento de las sanciones y la asistencia económica de Estados Unidos. 

De este modo, en 2001, Pakistán cesó el reconocimiento al gobierno talibán, condenó su apoyo a Al-Qaeda y apuntaló los esfuerzos de la Coalición Internacional contra el Terrorismo, que tenía entre sus objetivos la eliminación de los campos de entrenamiento de Al-Qaeda y la desintegración del gobierno talibán. No obstante, ciertos sectores del ISI, los servicios de inteligencia pakistaníes, así como ciertos grupos con vinculación al fundamentalismo islámico suní, no apoyaron este cambio de política.

Pese a que la relación entre Islamabad y el nuevo ejecutivo pro-occidental en Kabul pasó a considerarse estable, Pakistán alegó que los refugiados podían suponer una carga para la economía del país e impulsar el tráfico ilícito de armas u opio, al ser estos fácilmente reclutados por grupos del crimen organizado; o exacerbar las diferencias sectarias y contribuir al crecimiento de partidos fundamentalistas.

Desde 2003, comandantes estadounidenses acusaron al ISI de ofrecer cobijo a los talibán afganos. Kabul, por su parte, aseguró que el Mulá Omar, líder de los talibán, vivía en la ciudad de Quetta bajo la protección del ISI. Islamabad negó los cargos en todo momento, llegando a acusar a Kabul de fallos en los controles fronterizos y en la reconstrucción del estado afgano. La relación entre Kabul e Islamabad se enfrió aún más en 2007, tras proponer este último el vallado y minado de la frontera en las Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA) y en Waziristán del Sur, puesto que Afganistán no reconocía la Línea Durand como frontera interestatal.

A pesar de negar las acusaciones, simpatizantes de grupos fundamentalistas habían escapado a Pakistán, donde se dispersaron y reorganizaron en Baluchistán, Waziristán, la Provincia del Noroeste o las FATA. Islamabad comenzó así un doble juego por el que, pese a apoyar los esfuerzos de la Coalición Internacional contra el Terrorismo, consideraba que la pasividad con respecto a las relaciones entre determinados sectores del ISI y los talibán garantizaría su influencia en el país vecino en caso de debilitamiento del régimen de Karzai. 

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Hamid Karzai (izq.), Presidente de Afganistán, Pervez Musharraf (centro), Presidente de Pakistán, y Fakhruddin Ahmed (Dcha.), Primer Ministro de Bangladesh, capturados durante la sesión 'La búsqueda de la paz y la estabilidad' en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el 24 de enero de 2008. Fuente: World Economic Forum

Además, contribuyendo a la perpetuación de la Guerra Contra el Terror, Islamabad evitaba una alianza estratégica entre Estados Unidos y la India para hacer frente a la creciente influencia regional de China. De este modo, Pakistán se benefició de nuevos sistemas de armamento y equipos de inteligencia estadounidenses, así como de asistencia financiera para el desarrollo y de condonaciones parciales o reestructuraciones de deuda por parte de Washington.

Cabe también señalar que, tras las elecciones parlamentarias de 2002, Musharraf había llevado a cabo una alianza con la coalición islamista Muttahida Majlis-e-Amal, dentro de la que se encontraban partidos vinculados a Al-Qaeda, con el objetivo de frenar a las fuerzas pro-democráticas tras el encarcelamiento o exilio de opositores como Benazhir Bhutto o Nawaz Sharif. Sin embargo, a pesar de la mencionada pasividad con los talibán de Afganistán, el gobierno de Musharraf mantuvo su persecución a los integrantes de Al-Qaeda como miembro de la Coalición Internacional contra el Terrorismo.

Esta estrategia dual no evitó la formación de Tehreek-e-Taliban Pakistán (TTP) en 2007, un frente que aglutinaba a alrededor de cuarenta grupos talibán para defenderse del ejército pakistaní y luchar contra las tropas de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad y Estados Unidos. Empero, pese a que el núcleo del TTP abogaba por luchar contra el estado pakistaní, surgieron facciones, como la de Bahadur, en Waziristán del Norte, que fijaban su objetivo en la derrota de las tropas de la OTAN y el mantenimiento de relaciones relativamente estables con Islamabad.

El TTP dirigió una gran cantidad de ataques contra civiles entre 2007 y 2009, que se recrudecieron tras la muerte de Osama Bin Laden en 2011. A causa de esta desestabilización interna, unida a las repercusiones de los grupos terroristas islamistas en el exterior, Kabul mantuvo su descontento con Islamabad y Washington mostró su inconformidad con el papel de Pakistán en la Guerra Contra el Terror, llegando el presidente Bush a firmar autorizaciones secretas para llevar a cabo incursiones terrestres en territorio pakistaní por cuenta propia.

Obama, Clinton y otros miembros del Gobierno de EE. UU. siguiendo en directo la operación que acabaría en la muerte de Bin Laden. Autor:  Pete Souza, Official White House Photographer
Obama, Clinton y otros miembros del Gobierno de EE.UU. siguiendo en directo la operación que acabaría en la muerte de Bin Laden. Autor: Pete Souza, Official White House Photographer

Las negociaciones con los talibán y la retirada de las fuerzas occidentales

A pesar del incremento en el número de atentados en Afganistán, la fatiga de los talibán a causa de la guerra y del control que Islamabad y especialmente el ISI trataban de ejercer sobre ellos, llevó al grupo a entablar contacto con Washington y el ejecutivo de Karzai para negociar un pacto a espaldas de Pakistán. La falta de control de los servicios de inteligencia y el ejército pakistanés sobre los talibán, así como la desconfianza de Kabul y de Washington respecto a Islamabad, pusieron de manifiesto el fracaso de la estrategia dual de Pakistán.

La falta de control sobre los talibán llevó a Islamabad a modificar su estrategia con respecto a Afganistán. Así, Pakistán pasó de considerar un gobierno talibán en Kabul como una garantía de estabilidad en su frontera occidental, a valorar la posibilidad de obtener la simpatía de grupos étnicos ajenos a los pastunes en caso de aceptar un poder compartido entre el gobierno pro-occidental y los representantes talibán.

Aunque Kabul mantuvo la crítica al flujo de militantes a través de la Línea Durand, en un contexto de creciente insurgencia talibán, Afganistán aceptó la entrada de Pakistán en las negociaciones de paz a causa de la baja confianza de la población afgana en el gobierno de Karzai por la falta de oportunidades económicas, la impunidad ante el abuso de poder llevado a cabo por las autoridades y la elevada corrupción.

Pese al despliegue de 17 mil tropas adicionales en Afganistán por parte de la Administración Obama en 2009 para acabar con Al-Qaeda y poner fin a la Guerra contra el Terror, existía un creciente descontento entre los miembros de la OTAN con respecto al mantenimiento de tropas en el país, llegando a considerarse que, con el asesinato de Bin Laden, el objetivo principal de la invasión en Afganistán se había cumplido. Ello derivó en un plan de acción para transferir gradualmente la responsabilidad de la seguridad y de la reconstrucción de las provincias a las Fuerzas Armadas afganas entre 2011 y 2015. 

No obstante, la reducción del apoyo internacional, la separación del sistema político con la realidad local o las tensiones étnicas mermaron, aún más, la legitimidad y las capacidades del estado afgano. Para 2018, la BBC concluyó que la presencia activa de los talibán se había extendido al 66% del territorio y que estos habían nombrado gobernadores en la sombra en 32 de las 34 provincias del país. Asimismo, grupos como el Estado Islámico del Jorasán (ISKP), enemistado con los talibán, incrementaron notablemente el número de ataques durante este periodo. 

militares estadounidenses subiendo a un avión en la base aérea de Bagram , Afganistán
Militares estadounidenses subiendo a un avión C-17 en la base aérea de Bagram, Afganistán, el 28 de diciembre de 2012. Autor: (Foto de la Fuerza Aérea de los EE.UU./Aviador superior Chris Willis)

A causa de la rápida pérdida de control territorial, el Gobierno de Unidad Nacional afgano, liderado por Ashraf Ghani desde 2014, señaló la importancia de las buenas relaciones con Pakistán, lo que fue suscrito por el recién electo primer ministro pakistaní, Nawaz Sharif. En última instancia, la materialización del acercamiento diplomático entre ambas capitales se produjo puesto que, para Kabul, un Pakistán seguro y con capacidad de controlar las zonas tribales contribuiría a la estabilización del país y, consiguientemente, del gobierno afgano. 

Sin embargo, el bilateralismo y la política exterior realista de Donald Trump tras su llegada a la Casa Blanca modificaron el estado de las negociaciones. En 2018, se celebraron reuniones en Qatar de forma bilateral entre Washington y los talibán y, de forma paralela, con Islamabad, a fin de dar solución al establecimiento de organizaciones terroristas en Afganistán.

Finalmente, en febrero de 2020, se firmó el acuerdo de paz entre Estados Unidos y los talibán, a cuya firma asistieron delegados de Pakistán. Ese mismo día, Washington y Kabul emitieron una declaración conjunta por la que el gobierno afgano se comprometía a reunirse con los talibán. Por su parte, Washington anunció la retirada de todas sus fuerzas en el país en catorce meses y el levantamiento de las sanciones a los talibán a cambio de que estos negociaran un acuerdo de paz con Kabul y evitasen la presencia de grupos terroristas en el país.

Las discrepancias entre Kabul y los talibán al negociar un sistema de gobernanza para Afganistán no tardaron en llegar. El gobierno afgano enfatizaba la urgencia de un alto al fuego, mientras que los talibán priorizaban la definición de la estructura del estado y se negaban a negociar hasta que no se completase la retirada de tropas extranjeras del país, lo que mostró el escaso interés del grupo fundamentalista por compartir el poder con el ejecutivo de Ghani. En agosto de 2021, la ofensiva talibán que se produjo tras la retirada occidental concluyó en la llegada al poder del grupo.

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