Pasado y presente de las relaciones entre Afganistán y Pakistán (Parte 2/2)
Pasado y presente de las relaciones entre Afganistán y Pakistán (Parte 1/2)
El estado actual de las relaciones entre Afganistán y Pakistán
En 2018, Imran Khan, del Movimiento por la Justicia de Pakistán, alcanzó el poder. Pese al cambio de gobierno, Islamabad mantuvo buenas relaciones con el ejecutivo de Ghani. Sin embargo, la llegada de los talibán dinamitó las negociaciones intra-afganas y motivó a Islamabad a imponer un control más estricto sobre los cruces transfronterizos en la Línea Durand.
Con todo, la administración de Imran Khan buscó cambiar la percepción de los talibán entre las élites occidentales. Ello se debió a que temía un escenario de desestabilización interna en caso del resurgimiento del TTP o las posibles consecuencias de la presencia de 3,5 millones de refugiados afganos dentro de las fronteras pakistaníes. Aunque Islamabad no reconoció al nuevo gobierno talibán, la postura de Imran Khan fue criticada por el gobierno afgano en el exilio.

Pese a todo, la ambigüedad de Pakistán con los talibán permitió la mediación de Kabul en el acuerdo de alto al fuego de 2022 entre el TTP y una delegación pakistaní compuesta por ancianos tribales. Este acuerdo estipulaba que Pakistán retiraría al ejército de las FATA, región que se había incorporado a la provincia de Khyber-Pakhtunkhwa en 2018, y liberaría de cargos a todos los combatientes del TTP ingresados en prisión. Por su parte, Islamabad demandó el fin de la lucha del TTP contra el estado pakistaní pues, tras la expulsión del TTP de las FATA en 2016, estos se unieron a la lucha de los talibán contra las fuerzas occidentales en Afganistán y cruzaban constantemente la Línea Durand para llevar a cabo sus ataques.
La postura adoptada por el gobierno de Khan se mantuvo tras la moción de censura que llevó a Shehbaz Sharif a ocupar el papel de primer ministro en Pakistán en 2022. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido durante el mandato de Imran Khan, Sharif trató de mejorar sus relaciones con Washington y permitir el uso estadounidense de las bases aéreas en territorio pakistaní para garantizar su seguridad y la estabilidad interna, pues el Consejo de Seguridad de la ONU determinó que el número de combatientes de grupos terroristas que empleaban el territorio afgano como campo de entrenamiento se había incrementado tras la llegada al poder del Emirato Islámico.
Ello llevó al TTP a acusar al ejército pakistaní y al ISI de sabotear las negociaciones y a romper el alto el fuego atacando al ejército, a la policía o a los civiles en el noroeste de Pakistán. Como represalia, Islamabad anunció en octubre de 2023 la expulsión de los cerca de dos millones de inmigrantes afganos indocumentados en el país, amenazando con desestabilizar Afganistán si los talibán afganos no presionaban al TTP para que estos detuviesen los ataques.
Algunos analistas señalaron también el deseo de Islamabad por evitar la simpatía de la población pastún con el TTP o con la creación de Pastunistán, así como con la adhesión de este territorio a Afganistán, en caso de conflicto. Además, la búsqueda de un enemigo externo se produjo en un contexto de descontento ante unas elecciones generales marcadas por la detención de Imran Khan o por una grave crisis de inflación de productos básicos consecuencia de la escasez de divisas.

Si bien Islamabad no cumplió las amenazas, entre 2023 y 2024 se ha producido un repunte de la violencia por parte grupos como el TTP o el Ejército de Liberación de Baluchistán que, junto con organizaciones como el ISKP, capitalizan el aislamiento y la debilidad del gobierno talibán para organizarse y fortalecerse en el territorio afgano. En este sentido, a causa de las tensiones con Islamabad y con el fin de incrementar su poder de negociación frente a un Pakistán con problemas económicos o de seguridad crecientes, Kabul ha sido reacio a cooperar para tomar medidas contundentes contra los militantes que se refugian en su territorio.
La relevancia de China e India en las relaciones entre Islamabad y Kabul
Hasta el momento, se ha destacado el papel que grandes potencias como la Unión Soviética o Washington han jugado en la región. No obstante, la influencia de India y China en las relaciones entre Islamabad y Kabul ha experimentado un gran auge en las últimas décadas.
El papel de China
China teme que la inestabilidad en Afganistán le prive de explorar y explotar los recursos minerales afganos, cuyo valor se estima en el billón de dólares estadounidenses, o permita el refuerzo del Movimiento del Turquestán Oriental, que lucha contra Pekín por lograr la independencia de la región de Xinjang. Así, para China, la estabilización de las relaciones entre Kabul e Islamabad sería de gran utilidad para contribuir al desarrollo de la economía afgana y, de esta manera, lograr sus objetivos económicos y de seguridad.
Garantizando un acercamiento entre Islamabad y Kabul, Pekín también busca incrementar las capacidades de ambos estados para reducir los ataques de grupos armados como el Ejército de Liberación de Baluchistán a la infraestructura del CPEC, el corredor económico que conecta la región de Xinjang con el puerto de Gwadar, y que permite a China diversificar las rutas de abastecimiento de hidrocarburos.

A su vez, Pekín mantiene disputas territoriales con India a causa de las diferentes interpretaciones en la demarcación de la “Línea McMahon”, en la región de Arunachal Pradesh, y la Línea de Control Actual, en Aksai Chin. Así, en un escenario en el que Nueva Delhi ha acercado su postura con Tokio, Canberra y Washington para hacer frente al auge del gigante asiático, la creciente influencia de China en Afganistán podría ayudar a mitigar la posibilidad de un acercamiento entre la India y el régimen talibán.
No obstante, si bien durante el gobierno de Imran Khan la desconfianza entre Washington e Islamabad permitió el acercamiento entre Pakistán y China en materia económica y diplomática (aparte de tener como enemigo en común a la India) el acercamiento del gobierno de Shehbaz Sharif a Washington ha mermado la capacidad de persuasión de Pekín sobre Islamabad. Además, la inestabilidad generada por las crecientes tensiones y escasa colaboración entre Islamabad y Kabul para hacer frente a amenazas comunes también podría truncar los objetivos estratégicos de Pekín en Afganistán.
El papel de India
India y Pakistán han desarrollado armas nucleares, construido su identidad nacional en oposición al otro y disputado diversas guerras a fin de hacerse con el control de la región de Cachemira. A ojos de Islamabad, el dominio indio de Cachemira podría dejar en manos de Nueva Delhi el control de sus ríos o desproteger su flanco oriental, lo que explica la urgencia de Pakistán por pacificar la Línea Durand y lograr un aliado en su frontera noroccidental.
La permisividad del gobierno de Khan con respecto al ascenso de los talibán también puede comprenderse desde este punto de vista, pues Islamabad deseaba un Afganistán regido por un régimen pastún débil y manipulable, más cercano a Pekín en lugar de a Washington o a Nueva Delhi, con el fin de evitar la concentración de sus recursos en el flanco occidental.

Sin embargo, la debilidad talibán para controlar la actividad del TTP o de grupos disidentes en su territorio, así como los intentos de secesión de los independentistas de Pastunistán o Baluchistán, han supuesto una grave amenaza para la seguridad del flanco occidental pakistaní. Dado que, por sus circunstancias económicas y sociales, Pakistán no puede afrontar el riesgo de intervenir en Afganistán si fuese necesario y desproteger su frontera con la India, el ejecutivo de Shehbaz Sharif también ha llevado a cabo gestos de buena voluntad con Nueva Delhi.
Conclusión
Tanto Pakistán como Afganistán son dos estados multiétnicos cuyas fronteras no se corresponden con el concepto de estado-nación europeo. La diversidad étnica o religiosa, combinada con el interés de las grandes potencias por lograr una ventaja estratégica en la región, ha llevado tanto a Kabul como a Islamabad a capitalizar el surgimiento de grupos armados para influir en la política de su vecino.
En el corto plazo, las relaciones entre Pakistán y el Emirato Islámico de Afganistán se verán marcadas por nuevos episodios de tensión a causa de la necesidad de Islamabad por controlar la creciente actividad de grupos armados como el Ejército de Liberación de Baluchistán y, en particular, del TTP. No obstante, Kabul e Islamabad también podrían verse forzados a cooperar si las consecuencias provocadas por los ataques de los grupos que cruzan la Línea Durand amenazasen la legitimidad de ambos gobiernos.
Por otro lado, si bien Pekín se ha caracterizado por la promoción de la buena vecindad entre Kabul e Islamabad, en los últimos años y como consecuencia de sus objetivos económicos y de seguridad, el aumento de las discrepancias entre Afganistán y Pakistán han motivado el acercamiento de Islamabad a Washington y, en menor medida, a Nueva Delhi. Por este motivo, pese al revés que supuso la llegada de los talibán al poder en 2021, Estados Unidos y la India han logrado equilibrar la balanza de poder a su favor y hacer frente a la creciente proyección de poder chino en la región.
