¿Por qué China quiere evitar el estallido de la burbuja inmobiliaria? (Parte 1/2)


2. El interés de China a largo plazo

En primer lugar, es crucial entender cuál es el interés de China a largo plazo para comprender las políticas implementadas con respecto al mercado de la vivienda. En este sentido, la prioridad de Pekín es crear una economía cuya expansión se base en el crecimiento del consumo interno, pues ello implicaría una mejora del nivel de ingresos y de la calidad de vida de la población; una diversificación de las fuentes de ingresos; mayor estabilidad al reducir la dependencia del exterior; o reducir la necesidad de crédito para sostener el crecimiento. 

No obstante, China se encuentra actualmente en un escenario caracterizado por la disminución en el precio de la vivienda, un activo que supone el 75% del patrimonio de la población. Por esta razón, y a fin de emplear sus ingresos para cubrir el pago de sus hipotecas por no vender su propiedad a pérdidas, las familias han priorizado el ahorro frente al consumo o la inversión, tal y como determinó el Banco Popular de China en una encuesta realizada a 20.000 personas. Así, las políticas de Pekín han ido dirigidas, especialmente, a evitar un pinchazo súbito de la burbuja inmobiliaria para evitar la caída en el patrimonio de la clase media y, de esta forma, impulsar el consumo interno.

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El crecimiento de la clase media china se ha sustentado en el acceso a la vivienda, siendo esta una inversión segura y de gran valor. En España pasó algo muy parecido.

3. Las políticas implementadas por Pekín

Por los motivos previamente mencionados, desde 2022, las autoridades han reducido los depósitos necesarios para hipotecas del 20% al 15% y el coeficiente de caja dos puntos, situando este en el 10.5% para los grandes bancos y en el 7.5% para las entidades medianas y pequeñas. Los estímulos fiscales también han incluido limitaciones a la caída de precios en algunas ciudades o un paquete de 42 mil millones de dólares para comprar el exceso de inventario de las promotoras, otorgarles a estas la liquidez necesaria con la que pagar a los prestamistas y evitar episodios de pánico bancario, pues cerca de un tercio de los 30 trillones de dólares del sistema bancario chino están invertidos en hipotecas y en créditos a promotoras. 

A los paquetes de estímulo fiscal se les ha sumado la política monetaria expansiva llevada a cabo por el Banco Popular de China. Así, tan solo en julio de 2024, el Banco Central ha reducido la “reverse repo rate”, empleada para cotizar los préstamos a corto plazo, del 1.8% al 1.7%; la tasa preferencial a un año, empleada como referencia en los préstamos a clientes corporativos, del 3.45% al 3.35%; o la tasa preferencial a cinco años, que influye en el precio de las hipotecas, del 3.95% al 3.85%. 

Pekín también ha promulgado medidas en beneficio de sus bancos y gobiernos locales, ordenando la cancelación de proyectos en fases tempranas de construcción y anunciando emisiones de 140 mil millones de dólares en bonos a largo plazo con el fin de poder financiar a sus bancos y otorgarles a estos la capacidad de reestructurar las deudas con las provincias o de realizar rescates parciales en favor de estas. El vice-premier chino, He Lifeng, también anunció que se permitiría a los gobiernos locales comprar y proporcionar vivienda a precios reducidos para no erosionar el poder adquisitivo de las familias. 

Sin embargo, el carácter especulativo de las compras de vivienda en los años previos a 2021 ha provocado que, hasta el momento, las medidas anunciadas no hayan sido suficientes. Las inversiones en vivienda cayeron entre enero y mayo de 2024 un 10% con respecto al mismo periodo del año pasado y la construcción de nueva vivienda ha caído un 60% en relación con los niveles pre-pandemia. Además, en mayo de 2024, los precios de la vivienda cayeron un 7,5% interanual y un 1% con respecto a abril, registrando Bloomberg caídas de precios en 67 de las 70 ciudades registradas, unos niveles no observados desde abril de 2015. 

Sede del banco central de República Popular China.
Sede del banco central de República Popular China.

La desconfianza generada por la reducción de precios es una de las principales causas por las que, en junio de 2024, la inflación se situase en el 0.2%. En un intento por reforzar su solvencia ante un contexto global caracterizado por los elevados tipos de interés en Estados Unidos o la Eurozona y tipos decrecientes en China, Pekín ha incentivado la absorción de pequeños bancos con activos de baja calidad por entidades creadas por los reguladores. Un ejemplo de esto es el Banco Comercial Rural de Liaoning, integrado por 36 bancos de la misma provincia. Sin embargo, Pekín habrá de garantizar que la concentración bancaria no desaliente la concesión de créditos a clientes individuales, pues ello podría desincentivar el consumo interno y acelerar la caída de precios en la economía.

Por otro lado, en aras de estimular la demanda interna, especialmente entre la población de las zonas más desfavorecidas del país, y de fomentar la creación de una clase media de creciente cualificación, un gran número de gobiernos locales y bancos estatales han canalizado subvenciones y créditos preferenciales a sectores como los vehículos eléctricos, los semiconductores, las baterías o la generación de energía eólica o solar. A modo de ejemplo, los subsidios a BYD, fabricante de vehículos eléctricos, han crecido desde los 220 millones de euros hasta los 2.1 mil millones en los últimos dos años. 

No obstante, al no haber sido absorbida la sobrecapacidad industrial por la población local, las exportaciones chinas han crecido un 7.6% interanual en mayo de 2024. Siguiendo esta línea, destaca el caso de los paneles solares, las baterías de ion-litio o los vehículos eléctricos, cuyas ventas en el extranjero han alcanzado los 36 mil millones de dólares, un incremento del 66.9% interanual. Por esta razón, en mayo de 2024, Washington impuso aranceles del 100% a los vehículos eléctricos chinos y, en noviembre, la Comisión Europea determinará si, a raíz de la investigación anti-dumping que está llevando a cabo, ajustará los aranceles a las compañías chinas en proporción a los subsidios recibidos.

4. Conclusión

Tras haber crecido por medio de las exportaciones y del sobreendeudamiento de los agentes económicos públicos y privados, Pekín ha optado por llevar a cabo reformas estructurales para incrementar la importancia del consumo interno en la expansión del PIB. El primer paso para lograr esta transformación implica fomentar la confianza de los consumidores y, para ello, es fundamental garantizar el valor de su patrimonio que, en gran parte, se encuentra invertido en el sobrevalorado sector inmobiliario.

Por fortuna para Pekín, las políticas fiscales y monetarias expansivas, así como la relajación de regulaciones en el mercado inmobiliario, han sido de utilidad para mitigar la caída del precio de la vivienda en un escenario de fuerte contracción en las ventas de nuevas propiedades. Ello, a su vez, ha permitido mantener el valor de los activos bancarios y mitigar el efecto contagio que la quiebra de compañías como Evergrande o Country Garden podrían haber tenido sobre la economía china. 

No obstante, si bien el consumo interno contribuyó en un 82% al crecimiento del PIB chino y, en mayo de 2024, las ventas minoristas de bienes de consumo superaron las expectativas de crecimiento del 3%, la confianza de los consumidores se mantiene baja, habiéndose reducido un 29% desde 2021. Por este motivo, el FMI sostiene que, a fin de fomentar la demanda de vivienda en el futuro y evitar la formación de nuevas burbujas, China habrá de promulgar medidas estructurales adicionales, tales como reformas fiscales para reducir la necesidad de los gobiernos locales de vender tierras a las promotoras o ampliar las opciones de instrumentos de inversión para evitar una concentración del ahorro en el sector inmobiliario.

Además, indicadores como un crecimiento del PIB del 4.7% interanual, por debajo de las expectativas, y una caída de la inversión extranjera directa en un 28.2% interanual a causa de la desaceleración económica, la amenaza de la deflación o el “nearshoring”, incrementan la dependencia de China de su sector exportador. Esto ocurre en un contexto en el que Estados Unidos y la Comisión Europea han anunciado la imposición de aranceles a productos chinos de mayor valor añadido, tales como los vehículos eléctricos o los paneles solares. 

A modo de breve conclusión, Pekín tratará, a contrarreloj, de aplicar las medidas necesarias para mantener la burbuja de precios en el sector inmobiliario, pues ello le permitirá evitar incurrir en un escenario de desconfianza generalizada y, de este modo, poder llevar a cabo reformas estructurales que estimulen el consumo interno y garanticen un crecimiento económico sostenido en largo plazo, disipando así toda duda sobre la legitimidad del Partido Comunista chino.

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