Rusia lleva varios años ayudando en secreto a Irán a desarrollar misiles de crucero supersónicos capaces de amenazar a portaaviones y otros buques de guerra estadounidenses en Oriente Próximo. O al menos eso es lo que ha publicado en exclusiva el Financial Times, a través de una investigación construida a partir de correspondencia rusa filtrada, registros de viajes y análisis de patentes industriales. ¿El nombre en clave del programa? C430L.

Empecemos por el propio concepto. Un misil de crucero que vuela a varias veces la velocidad del sonido y, además, a muy baja altura, es extremadamente complicado de interceptar, reduciendo drásticamente el tiempo de reacción de cualquier sistema antiaéreo. Esto es especialmente importante en la región del Golfo, donde Estados Unidos y sus aliados regionales tienen desplegados algunos de los sistemas de defensa aérea más sofisticados, como las baterías Patriot. La pieza que falta para lograr estas propiedades es un motor de tipo estatorreactor o ramjet. Esta es precisamente la tecnología que Rusia habría estado transfiriendo a Irán.

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