El conflicto entre Irán e Israel dista mucho de ser un asunto bilateral. La reciente escalada e intercambio de misiles tiene amplias ramificaciones estratégicas que afectan no solo a Oriente Próximo, sino también al equilibrio global.

En la región, la mayoría de los países árabes han condenado públicamente el ataque israelí. Arabia Saudí fue una de las primeras en hacerlo, seguida por otros actores clave. Aunque estos países comparten la preocupación por el programa nuclear iraní y en muchos casos desean su desmantelamiento, su vía preferida sigue siendo la diplomática. Temen que una confrontación directa provoque una desestabilización regional o arrastre a Estados Unidos a una intervención, lo que podría convertir sus propios territorios —como Irak o Arabia Saudí— en objetivos de la represalia iraní.

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