Donald Trump ha autorizado, por sorpresa, la importación de diésel ruso en plena vigencia de las sanciones a Moscú. Detrás del anuncio no hay tanto una solución a la crisis energética global —agravada por la guerra en Irán y los ataques ucranianos a las refinerías rusas— como un cálculo electoral: aliviar los precios de cara a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

El 9 de octubre, Donald Trump anunció por sorpresa que, tras hablar con Vladímir Putin, Rusia suministraría diésel al mercado estadounidense y global, en total unos 4,8 millones de toneladas. A las pocas horas ya era oficial y el Gobierno estadounidense publicó la licencia que autoriza la venta, entrega e importación de diésel ruso hasta abril de 2027.

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