El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha hecho saltar por los aires la alianza transatlántica. Su falta de compromiso con la OTAN, sus constantes críticas a la UE, sus intentos de injerencia en procesos electorales, su acercamiento hacia Rusia y la imposición arbitraria de aranceles han provocado que muchos en Europa no vean a EE.UU. como un aliado, sino como un actor hostil.

Teniendo en cuenta que, hasta hace bien poco, Estados Unidos era el mayor aliado para Europa y existe una dependencia de Washington en algunos sectores (como la defensa o la energía), desde la UE se está tratando de buscar alternativas para redefinir su estrategia exterior. Algunos países, como España o Hungría, han propuesto una especie de pivote hacia Asia, buscando un acercamiento con China. Sin embargo, tal acercamiento, de producirse, enfrentaría importantes obstáculos que hacen que las relaciones entre Pekín y Bruselas tengan unos límites más claros de lo que parecería a priori.

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