Eran las 9:30 del martes 23 de septiembre en Nueva York. Tras más de una hora dando la bienvenida a líderes de todo el mundo, la sede de la ONU se preparaba para recibir a su último invitado —el más esperado y polémico—. 

Apenas había dado unas pocas decenas de pasos dentro del legendario edificio neoyorquino cuando Donald Trump se topó con su primer contratiempo del día. Las escaleras mecánicas, que habían estado recibiendo a grandes personalidades durante toda la mañana, se pararon súbitamente con la llegada del presidente estadounidense. Un mal presagio de lo que iba suceder esa mañana en la Asamblea General.

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