La muerte de Islam Karimov, el líder que gobernó Uzbekistán desde su independencia de la Unión Soviética en 1991 hasta 2016, marcó el inicio de una nueva era para el país. Durante su mandato, Karimov aplicó una política proteccionista que frenó el crecimiento económico y dejó a Uzbekistán en una situación de aislamiento internacional. Sin embargo, la llegada a la presidencia de Shavkat Mirziyoyev supuso un giro radical en la política exterior uzbeka, con el objetivo de fortalecer el comercio transfronterizo y estrechar la cooperación con los países vecinos.

Programas como la 'Estrategia de Desarrollo de un Nuevo Uzbekistán' y 'Uzbekistán 2030' han impulsado la imagen del país en la escena internacional. En 2019, la revista británica The Economist incluso lo nombró "País del Año" por sus avances en reformas y apertura económica.

El presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev, durante la conferencia "Central and South Asia: Regional Connectivity. Challenges and Opportunities" en Taskent. Fuente: Presidencia de Uzbekistán https://president.uz/en/lists/view/4484
El presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev, durante la conferencia "Central and South Asia: Regional Connectivity. Challenges and Opportunities" en Taskent. Fuente: Presidencia de Uzbekistán 

El equilibrismo geopolítico de Mirziyoyev

La nueva estrategia exterior de Uzbekistán se basa en cuatro pilares fundamentales: seguridad regional, cooperación, soberanía y modernización.

1. Seguridad regional: Mantener la estabilidad en Asia Central es una prioridad para Mirziyoyev, quien ha reforzado la cooperación con los países vecinos y promovido la pacificación de Afganistán. Aunque nadie ha llegado a reconocer formalmente al régimen talibán, las relaciones diplomáticas se están construyendo lentamente fuera de la burbuja de influencia estadounidense. Como resultado, Uzbekistán se ha convertido en uno de los principales socios del Gobierno afgano, proporcionando asistencia humanitaria y emprendiendo proyectos conjuntos como el Ferrocarril Transafgano. 

2. Cooperación internacional: Uzbekistán ha ampliado sus alianzas más allá de Asia Central para atraer inversión extranjera y fortalecer su economía. En 2020, obtuvo el estatus de Estado Observador en la Unión Económica Euroasiática (UEE), liderada por Rusia, y en 2022 firmó un Acuerdo de Asociación y Cooperación Reforzada (EPCA) con la Unión Europea.

3. Soberanía: Mirziyoyev mantiene una política de no alineación con bloques político-militares. Uzbekistán fue miembro observador de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) hasta 2012, cuando se retiró para preservar su independencia. De igual forma, en 2005 ordenó la retirada de las tropas estadounidenses de la base militar de Karshi Khanabad, utilizada en la "guerra contra el terror" de George W. Bush.

4. Modernización: La política de reformas de Mirziyoyev también abarca el desarrollo social y económico. El programa 'Uzbekistán 2030' incluye iniciativas para incrementar la participación de las mujeres en el liderazgo, reducir la pobreza y garantizar un sistema de salud público. En el ámbito económico, se está promoviendo la diversificación industrial más allá del algodón y el petróleo, así como la negociación de un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur, uno de sus principales socios tecnológicos.

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Asia Central

Una dictadura moderna

Las reformas democráticas del nuevo Uzbekistán parecen pasar por alto un principio fundamental: la existencia de elecciones libres. Tras una dictadura de 25 años, Mirziyoyev está allanando su propio camino para permanecer en el poder. Y es que, en 2023 entró en vigor una nueva constitución, ampliando el mandato presidencial de cinco a siete años. Paralelamente, se abolió la pena de muerte, combinando así avances en derechos humanos con reformas de carácter autoritario.

Poco después de la reforma constitucional, Mirziyoyev fue reelegido con el 87% de los votos. Además, las elecciones legislativas de octubre de 2023 concluyeron con la victoria de su coalición. A pesar de la aparente modernización del sistema electoral, ahora más proporcional y representativo, la OSCE informó sobre la falta de una verdadera opción electoral para los votantes uzbekos. Como han demostrado muchos países, acudir a las urnas no garantiza la democracia. En cualquier caso, Uzbekistán ha asegurado la continuidad de Mirziyoyev hasta 2030.

Taskent debe observar con atención a sus vecinos, especialmente para no caer en los mismos errores. Kazajistán, el país más rico de la región, también inició su desarrollo a comienzos del siglo XXI y dejó de lado los derechos políticos y sociales. A día de hoy, organizaciones como Freedom House continúan negando la existencia de libertades fundamentales en el país, incluso tras la dimisión de su líder histórico, Nursultan Nazarbayev. Así pues, la transición de poder en 2022 y la llegada de Kassym-Jomart Toqayev no han terminado por abrir la puerta a una mayor democratización en Astaná.

De igual manera, el caso uzbeko sigue mostrando pocas señales de apertura democrática a pesar de la transición política. Según el informe anual de Freedom House, el país mantiene un régimen autoritario. A nivel internacional, recientes acuerdos comerciales, como el sistema GSP+ de la Unión Europea, exigen mejoras en los derechos civiles y la buena gobernanza. Falta por ver si la presión externa de los socios internacionales tendrá un impacto real.

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Los antiguos dictadores de Uzbekistán (Islam Karimov, Izq.) y Kazajistán (Nursultan Nazarbayev, Dcha.) durante una conferencia de prensa, 2012. Fuente: President of the Republic of Kazakhstan
 

Uzbekistán y la responsabilidad de unir Asia Central

El poder global ha cambiado a lo largo del tiempo. Del bipolarismo de la Guerra Fría se ha pasado a un mundo multipolar donde los organismos regionales juegan un papel clave. En este contexto, las economías emergentes han adquirido una creciente relevancia en el sistema internacional.

Uzbekistán participa activamente en organizaciones como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), además de integrarse en proyectos como el "One Belt, One Road" de China. Sin embargo, mientras debate una posible adhesión a la Unión Económica Euroasiática (UEE), Taskent debería atender a su verdadera prioridad: Asia Central. Esta región carece de una estructura de cooperación como la ASEAN en el Sudeste Asiático o la Unión Africana en África.

La creación de una organización centroasiática fortalecería el poder de la región y sus Estados miembros. Kazajistán y Uzbekistán ya han comenzado a desempeñar un papel relevante, habiendo obtenido recientemente el estatus de socios en los BRICS. En este contexto, la cooperación debe ser el siguiente paso, y Uzbekistán podría liderar el proceso.

Desde la llegada de Mirziyoyev y su estrategia de "Uzbekistán 2.0", la economía del país ha experimentado una profunda transformación. Las relaciones exteriores se han expandido, con China, Rusia y Kazajistán como sus principales socios comerciales. Este cambio podría convertir a Uzbekistán en un ejemplo internacional de crecimiento y estabilidad, respaldado por una población de casi 40 millones de habitantes en constante expansión.

El presidente uzbeko, Mirziyoyev, y su homólogo kazajo, Toqayev, en una reunión en Astaná (Kazajistán). Fuente: Presidencia de Uzbekistán https://president.uz/en/lists/view/7447
El presidente uzbeko, Mirziyoyev, y su homólogo kazajo, Toqayev, en una reunión en Astaná (Kazajistán). Fuente: Presidencia de Uzbekistán 

Históricamente, tras la caída de la Unión Soviética, Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán crearon la Comunidad Económica de Asia Central (CEAC). Sin embargo, la organización se disolvió en 2005 debido a la rivalidad entre Kazajistán y Uzbekistán, así como a la falta de interés del régimen de Islam Karimov en la cooperación regional.

Hoy, la nueva política exterior de Uzbekistán ha resucitado la idea de la cooperación. Desde 2018, los líderes regionales han celebrado cumbres periódicas para fortalecer no solo sus lazos históricos, sino también una asociación estratégica. Los recientes acuerdos bilaterales con Kazajistán evidencian un cambio de actitud, con Taskent apostando por la colaboración "en nombre de la paz", según fuentes oficiales del Gobierno. Incluso Turkmenistán, que cuenta con una histórica tendencia a la no integración, ha participado en estas reuniones.

En 2025, la región enfrenta los mismos desafíos que llevaron a la creación de la CEAC. La seguridad sigue siendo una prioridad, con el régimen talibán en Afganistán y el aumento de los conflictos nacionalistas, como el que afecta a la frontera entre Kirguistán y Tayikistán. Todo ello sin olvidar al siempre presente oso ruso.

La creación de una nueva Organización de Asia Central permitiría a los Estados aumentar su influencia geopolítica y reducir las amenazas locales. Lograr una estrategia común para Afganistán y cooperar contra la creciente polarización social llevaría a una estabilidad beneficiosa y necesaria en la región.

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La era Mirziyoyev ha cambiado el enfoque de Uzbekistán, que ahora busca un papel más activo en la globalización. Tras décadas de aislacionismo, el país podría convertirse en una potencia clave en Asia Central. Mano a mano con Kazajistán, debe compaginar su política de no alineación con la cooperación centroasiática. Este nuevo (y, con suerte, más democrático) Uzbekistán será esencial en la transformación de Asia Central y su consecuente relevancia en el sistema global.

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