
La política exterior de Kazajistán después de 2022 ¿continuidad o reajuste?
Desde su independencia de la URSS en 1991, Kazajistán ha mantenido una política exterior de equilibrio conocida como "estrategia multivectorial" (Oficina del Presidente de Kazajistán, 2020; citado en Hitch, 2023) con el objetivo de mantener sus fuertes relaciones con Rusia mientras busca establecer nuevos enlaces con China, Europa, EE.UU. y Turquía.
Sin embargo, eventos recientes han alterado potencialmente esta política de equilibrio. Las protestas masivas de enero de 2022 revelaron una profunda insatisfacción interna y requirieron intervención rusa para su pacificación, mientras que la invasión rusa de Ucrania en febrero del mismo año ha generado tensiones en la relación entre ambos Estados. A pesar de que Astaná ha procurado evitar provocar a Moscú en el contexto del conflicto en Ucrania, la significativa presencia de población rusa en Kazajistán y la creciente rivalidad entre potencias antagonistas sugieren la posibilidad de un ajuste en la política exterior del país.

POLÍTICA EXTERIOR DE KAZAJSTÁN HASTA 2022
La historia contemporánea de Kazajistán está marcada por la influencia de Rusia. Tras la conquista e incorporación del territorio al Imperio Ruso y la transformación del país durante la etapa soviética, Kazajistán sufrió un largo periodo de rusificación de una forma más acentuada que el resto de repúblicas de Asia Central.
La colectivización agrícola y el desarrollo industrial terminaron definitivamente con el tradicional estilo de vida nómada de los kazajos, a la par que la promoción de la lengua y cultura rusa y la imposición de estructuras gubernamentales soviéticas dejaron una fuerte influencia que continúa hasta nuestros días en materia lingüística, cultural y política.
Con todo, Kazajistán es uno de los grandes actores de la región dado el tamaño de su economía, con uno de los PIB más altos de todo el espacio post-soviético (Dumoulin, 2023) debido a su riqueza en recursos naturales como hidrocarburos, uranio y gas natural. La liberalización económica y la facilidad para invertir y hacer negocios en el país han atraído inversión extranjera, lo que ha llevado a la Unión Europea a ser el mayor inversor en el país (Dumoulin, 2023).
En lo relativo a Rusia, el comercio entre ambos estados es un componente fundamental en sus relaciones. Kazajistán es miembro de la Unión Económica Euroasiática (UEE), creada por Moscú para mejorar la cooperación económica y comercial entre los estados miembros, y depende en gran medida del Kremlin para exportar su crudo, con un 80% de sus remesas de petróleo transitando a través de oleoductos rusos (Dumoulin, 2023).

Asimismo, en materia de seguridad Kazajistán es miembro de otra institución liderada por Rusia, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una alianza militar compuesta por exrepúblicas soviéticas. Ambos países han colaborado militarmente en misiones de la ONU y mantienen una estrecha cooperación en armamento y educación. La influencia militar rusa en Kazajstán subraya el deseo de la primera de mantener la seguridad regional y su influencia en la región (Malashenko, 2014; citado en Hitch, 2023).
PROTESTAS EN ENERO DE 2022
Debido a la influencia del modelo de gobernanza soviético basado en la planificación centralizada y de forma similar a otras exrepúblicas soviéticas, Kazajistán es un estado autoritario. No obstante, destaca entre sus vecinos por ser la república centro-asiática donde más se avanzó en privatizaciones y liberalización económica, lo que le ha valido el adjetivo de régimen "neoliberal autoritario" (Kudaibergenova, 2022), cuyas fuentes de legitimación son las promesas de desarrollo y prosperidad económica.
Sin embargo, la corrupción centrada en torno al clan del expresidente Nursultan Nazarbayev, el autoritarismo, la desigualdad económica y lo que gran parte de la sociedad kazaja entiende como un incumplimiento de las promesas de desarrollo han provocado un creciente descontento en el país, que culminó en una oleada de protestas en enero de 2022 y la intervención de la OTSC para la pacificación de las mismas.
El precedente de las manifestaciones de 2022 se encuentra en las protestas ocurridas en diciembre de 2011 en Zhanaozen, cuando los trabajadores del sector petrolífero pidieron mejoras salariales y mayor protección laboral respecto de las multinacionales del sector que operaban en el país. La respuesta gubernamental fue la represión de las protestas (que resultó en una masacre) y, tras el calvario, el cambio de las élites cercanas a Nazarbayev como consecuencia de su "mala gestión" (Kudaibergenova, 2022).
El 2019 marcó un punto de inflexión en la historia política de Kazajistán cuando, tras casi tres décadas de liderazgo, Nursultan Nazarbayev se vio obligado a renunciar a la presidencia. Nazarbayev, quien había ocupado el cargo desde la independencia de Kazajistán en 1991, dejó un país marcado por la centralización del poder y una estructura estatal caracterizada por la concentración de funciones en torno a su figura. Su salida abrió la puerta para que Kassym-Jomart Tokayev, un veterano diplomático y político, asumiera el cargo presidencial. Esta transición generó grandes expectativas en cuanto a la posibilidad de reformas democráticas y una apertura política que muchos sectores sociales venían demandando.

Sin embargo, estas esperanzas se desvanecieron rápidamente. A pesar de las promesas iniciales de Tokayev de impulsar un modelo de gobernanza más inclusivo y participativo, las reformas democratizadoras no se concretaron. La estructura de poder, de hecho, continuó operando bajo un sistema centralizado y con limitada participación de los sectores disidentes o de la sociedad civil. La falta de cambios sustanciales en el gobierno mantuvo a Kazajistán en una trayectoria de estancamiento político, mientras que la falta de mecanismos de representación y la persistencia de prácticas autoritarias continuaron generando descontento entre la ciudadanía.
Este descontento se intensificó en 2022, cuando el país enfrentó una combinación de desafíos económicos derivados de la pandemia de COVID-19. La crisis sanitaria exacerbó las desigualdades económicas y afectó de manera desproporcionada a los sectores más vulnerables, ampliando la brecha entre ricos y pobres. A esto se sumó el alza de los precios de los hidrocarburos, un recurso esencial para la economía kazaja, pero cuya volatilidad afectó gravemente el poder adquisitivo de la población. Estas condiciones generaron un clima de descontento y frustración que culminó en una serie de protestas masivas a lo largo y ancho del país.
En dicha tesitura, Kazajistán solicitó la asistencia de la OTSC y la organización respondió enviando tropas de los países miembros para proteger edificios e infraestructuras estratégicas. La intervención resultó exitosa y consolidó la presidencia de Tokayev, si bien acabó con la imagen de estabilidad que el régimen pretendía transmitir e incrementó la influencia rusa en el país.
En esta línea, a principios de febrero de 2022, el embajador ruso en Kazajistán comentó que los ejercicios militares "Águila de la Estepa", realizados conjuntamente con los Estados Unidos, "no volarían más en Kazajistán" (Putz, 2022; citado en Hitch, 2024).

REACCIÓN A LA INVASIÓN DE UCRANIA
El pasado colonial, la presencia de una importante minoría étnica rusa y el revisionismo del Kremlin en su política exterior han sido puntos contenciosos para las relaciones entre ambos países, incluso con anterioridad a la invasión de Ucrania. Además, Kazajistán es el único estado de Asia Central que tiene frontera directa con Rusia y que cuenta con una presencia mayoritaria de rusos étnicos a lo largo de dicha frontera. Esto ha llevado a que en diversas ocasiones representantes rusos hayan cuestionado la legitimidad del estado kazajo.
Tanto es así que en agosto de 2022 el ex primer ministro Dmitry Medvedev publicó en redes sociales que Kazajistán era un "estado artificial" y aludía a un posible genocidio de los rusos étnicos en el país, si bien posteriormente eliminó la publicación y la achacó a la acción de unos hackers (Nurgaliyeva, 2016; citada en Hitch, 2023).
En esta tesitura y tras el comienzo de la guerra total entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022, Kazajistán se ha encaminado a reducir aún más su dependencia de Moscú, fortalecer sus capacidades militares y profundizar sus relaciones con otros actores. Además de esto, Kazajistán ha sido el país de Asia Central más crítico con la invasión de Ucrania, aunque se ha mantenido neutral en las votaciones, absteniéndose en las resoluciones propuestas por la ONU.
En la misma línea y durante el Foro Económico de San Petersburgo en 2022, Tokayev mencionó que el país no reconocería a las entidades "cuasi-estatales" de Donetsk y Luhansk (Askar, 2022). En la misma línea, el oficial Timur Suleimanov se refirió a la situación en Ucrania como una guerra (desechando el término "operación militar especial" utilizado por Rusia) y clarificó que Kazajistán no se iba a convertir en "una herramienta para evitar las sanciones a Rusia por parte de la Unión Europea y Estados Unidos" (Gotev, 2022; citado en Hitch, 2023).
Asimismo, Suleimanov destacó el interés de Astaná en fortalecer sus relaciones con la Unión Europea y subrayó el carácter de Kazajistán como una nación “relativamente occidentalizada” (Gotev, 2022; citado en Hitch, 2023). Como muestra de este acercamiento, cabe mencionar la visita en octubre de 2022 de la ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, quien estuvo acompañada de una delegación de expertos en los sectores de energía e infraestructuras (Strokan, 2023), así como la visita del presidente francés Emmanuel Macron en 2023.

La guerra en Ucrania también ha evidenciado la dependencia económica de Kazajistán respecto a Rusia. El tenge, la moneda kazaja, perdió un 20 % de su valor frente al dólar durante las dos primeras semanas del conflicto (Dumoulin, 2023), y a lo largo de 2022, Rusia interrumpió el tránsito de hidrocarburos a través de sus gasoductos hasta en cuatro ocasiones (Dumoulin, 2023). Como respuesta a estos acontecimientos, Kazajistán intensificó sus esfuerzos para diversificar sus rutas de exportación mediante los oleoductos Kazajistán-China y Bakú-Tiflis-Ceyhan, orientados hacia Turquía a través del mar Caspio, eludiendo así el tránsito por territorio ruso.
Paralelamente, el país ha comenzado a fortalecer su ejército y mejorar sus capacidades de defensa. Entre estas medidas, destacan el refuerzo de la frontera norte con Rusia, la inversión en su marina en el mar Caspio para proteger su capacidad de exportación de crudo a través de esta vía (Goble, citado en Hitch, 2023), y la producción de drones turcos del modelo ANKA bajo licencia (Kumenov, 2022). Además, Kazajistán firmó un acuerdo de defensa con Uzbekistán que establece el compromiso de asistencia mutua en caso de ataque por parte de un tercer Estado (KUN, 2022; citado en Hitch, 2023).
EXPECTATIVAS FUTURAS Y CONCLUSIÓN
Kazajistán continúa necesitando una política exterior equilibrada en sus relaciones con las grandes potencias, adaptándola a los desafíos actuales y a los futuros que pueda enfrentar. Debido a la influencia soviética y al carácter autoritario de su sistema político, la seguridad y supervivencia del régimen de Tokayev se mantienen como objetivos centrales del gobierno, que se enfrenta tanto a amenazas internas como externas.
Por un lado, el descontento social y las disputas entre élites pueden potencialmente debilitar o incluso desestabilizar el gobierno si no se controlan, como demostraron las protestas de 2022, que revelaron una fragilidad en el régimen kazajo no siempre evidente. Por otro lado, la dependencia económica, de seguridad y cultural respecto a Moscú, en un contexto internacional de tensiones crecientes entre las grandes potencias, supone riesgos para la seguridad, el desarrollo económico y la soberanía del país.
Aunque tras la intervención de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) en Kazajistán parecía que Astaná se inclinaba hacia la órbita de Moscú, la fallida invasión rusa de Ucrania y el desvío de recursos del Kremlin hacia esa guerra han debilitado a Rusia en otros frentes. Este debilitamiento se evidencia, por ejemplo, en el aumento de la influencia de Turquía en el Cáucaso y la reincorporación del Nagorno-Karabaj a Azerbaiyán. Este reequilibrio de fuerzas también se ha dejado sentir en Asia Central, donde Kazajistán ha aprovechado la coyuntura para adoptar una política exterior más asertiva, a pesar de las presiones de Moscú. Astaná ha asumido posturas contrarias al Kremlin en ciertos aspectos, como en su cumplimiento de las sanciones occidentales contra Rusia, y ha fortalecido su colaboración con actores como China, la Unión Europea y Turquía, con la que comparte vínculos culturales por su identidad túrquica, y con la que coopera en la Organización de Estados Túrquicos.

Además, la sociedad kazaja mantiene una percepción sobre Rusia notablemente menos favorable que la de otros países de Asia Central, lo que sugiere que el relativo apoyo a Ucrania y la colaboración con otros actores no solo responden a una estrategia de política exterior, sino también a una política interna que busca legitimar al régimen de Tokayev tras las protestas de 2022.
Sin embargo, la cooperación con Rusia sigue siendo crucial para la continuidad del régimen a través de acuerdos comerciales y energéticos en el marco de la Unión Económica Euroasiática (UEE) y de la OTSC, cuyos acuerdos de seguridad proveen una herramienta para la protección contra el terrorismo y, potencialmente, para la disuasión frente a protestas antigubernamentales.
Independientemente del desenlace de la guerra en Ucrania, Kazajistán tiene un creciente interés en mantener su política exterior multivectorial, buscando un equilibrio estratégico entre Rusia y otros actores. Esta estrategia no solo evita una dependencia excesiva de un solo país, sino que mejora la posición negociadora de Kazajistán y asegura tanto la supervivencia del régimen como la seguridad y soberanía del Estado. Los recientes y significativos ajustes en su política exterior reflejan una actualización de su enfoque sin desmarcarse de los objetivos tradicionales, orientados a preservar la estabilidad y la autonomía del país.
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