Rusia y China: alianza táctica, espionaje mutuo y poder en disputa
En una fría madrugada de 1991, la caída de la Unión Soviética otorgó a Estados Unidos el control de un orden unipolar recién inaugurado. China, mientras tanto, observaba con cautela y ajustaba silenciosamente su estrategia.
Sin embargo, la historia rara vez ofrece finales cerrados. Lo que presenciamos hoy es, más bien, el tránsito hacia una multipolaridad fragmentada, cada vez más definida por la convergencia entre Moscú y Pekín: una alianza que aparenta ser “inquebrantable”, pero cuyo trasfondo podría estar marcado por una desconfianza latente entre ambos socios.
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