Yihadismo, anfetamina y un Boeing 727: el tráfico de cocaína en África Occidental
La cocaína que se produce en Sudamérica tiene un destino favorito: Europa. Aquí es donde las leyes antidroga son más blandas (en comparación con Arabia Saudí, Egipto o China, donde el narcotráfico se castiga con pena de muerte) y donde existe una red clientelar económicamente más capacitada para su consumo. El camino que sigue la cocaína desde Sudamérica hasta Europa cruza el Atlántico para desembarcar en las costas de África Occidental y luego iniciar el largo viaje al norte. Los traficantes no escatiman en medios: coches y camiones, pero también lanchas que cruzan el mediterráneo e incluso aviones.
Aviones, que no avionetas. Especialmente mediático fue el caso del Boeing 727 que tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en el norte de Mali en 2009, cargado de cocaína, y tras el cual fueron detenidos tres individuos de nacionalidad maliense, española y francesa, respectivamente. Debe entenderse entonces que el uso de las rutas subsaharianas para introducir la droga en Europa tras “enganchar” con las rutas del hachís magrebíes no es un fenómeno puntual, ni reciente, aunque el revuelo mediático que provocó el Boeing 727 ha llevado a los traficantes a adoptar medios menos llamativos desde entonces. Y las cantidades que se requisan de manera esporádica en los países implicados (Guinea Bissau, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Mauritania, Senegal, Cabo Verde, Mali, Níger, Burkina Faso, Marruecos, Libia y Argelia) pueden ayudar a comprender los gigantescos números que se manejan. Algunos ejemplos recientes:
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